Pico, pala, grandes melodías y prejuicios a un costado. De eso se nutren los sanjuaninos para dar forma al disco que los apuntala como un polo creativo en la región de cuyo.

La de Manager Capitalista es una estela de crecimiento típica en la escena federal del nuevo rock y pop argentino. Una banda que con el correr de los discos y las grabaciones empieza a encontrar un sello cada vez más marcado, una firma con peso propio que se impone incluso sobre el rejunte de referencias de turno. Infinito punto rojo es su tercer trabajo (luego de un EP homónimo en 2014 y un álbum debut en 2016, Menos es más) y es, también, el primero que se siente como algo íntimamente ligado al pulso interno de la banda, a su lenguaje y a sus propios códigos como grupo humano. No es casual que al pensar en nombres clave de la escena cuyana, los sanjuaninos sean una de las opciones más obvias. 

Mi Amigo Invencible, Las Ligas Menores, Él Mató a un Policía Motorizado. Las influencias de la primera hora persisten a lo largo y a lo ancho de los nueve tracks del flamante disco. No obstante, acompañando esa ética y estética ligada al rock alternativo y las guitarras espaciales, Infinito punto rojo muestra el crecimiento del caudal creativo del grupo. “Nada que hacer” y “Un desastre”, segundo y tercer track respectivamente, podrían ser la continuidad lógica de la escena platense de los primeros 2000.

Sin embargo, el hastío, el aburrimiento y la contemplación encuentran nuevos detalles en sintetizadores, programaciones y decisiones artísticas varias. Ambas canciones tienen espíritu y sentimiento indie, pero eso no impide que busquen más allá del lugar común de la guitarra de herencia punk.“Pausa”, “Río” o “Ingrid” profundizan aún más esa sensación. Aunque hay varias escenas que podrían ser sacadas de un baúl de clásicos recientes, el cruce entre vocación pop y cosmovisión rockera sintetiza una época con peso propio en la escena emergente nacional. “Soy un astronauta en el espacio, todo a mi alrededor se mueve despacio”, desliza Juan Pablo Moya en “Micropunto”, quizás el momento más álgido del disco. “Klapaucius” y “TB” retoman el efecto sedante e introspectivo del comienzo, algo que podría linkearlos con Perras On The Beach pero también con el canadiense Homeshake o los chilenos de Planeta No. En esa indefinición permanente entre querer bailar, hacer-pogo-y-cantar-a-los-gritos o contemplar una ventana “mirando la gente pasar”, la música de Manager Capitalista emerge como un compuesto de sensibilidades afines.

Lejos de cualquier “grieta” estilística, los sanjuaninos condensan su amor por los climas y los estribillos más allá de cualquier diferencia analítica. Y lo mejor es que lo hacen con el que, sin dudas -y solo por ahora-, es su disco definitivo. ¿Qué es Manager Capitalista? Infinito punto rojo lo responde en forma de canciones.