El artífice mendocino conectó con su generación y se transformó en una de las revelaciones de la música nacional en 2017 a partir de un puñado de canciones que versan sobre la carencia y la superación. “Desde hace rato que soy un pendejo de mierda”.

Mientras Perú decide su suerte en el partido de vuelta del repechaje para ir a Rusia, los alrededores de la Plaza General San Martín parecieran ignorarlo. Se trata de la primera posibilidad que tiene el equipo latinoamericano de acceder a la fase final de un Mundial de fútbol en 35 años. Pero qué importa: “Si total la Argentina ya está adentro”, habrá pensado la mayoría. Incluyendo a los que están viendo ahora mismo a Luca Bocci en un departamento ostentoso que apunta de forma perpendicular al monumento antiguamente conocido como “Torre de los Ingleses”. De hecho, lo único que se atreve a amotinarse contra la dictadura del silencio que gobierna en el barrio de Retiro son las canciones del músico mendocino, quien, aprovechando la invitación del grupo Amalia Amapola para compartir esa fecha, celebra su reencuentro con el público argentino.  

Bocci, tras padecer la agonía de las cancelaciones de los vuelos, llegó hace apenas algunas horas a Ezeiza, a donde arribó luego de ofrecer su primera gira internacional. Si bien en México actuó en algunos de los aforos representativos de esa nación, la ficha sobre el fenómeno que el cantautor postmilénico genera también fuera del país terminó de caer cuando se viralizó en las redes sociales un video en el que el público ecuatoriano cantaba sobresaltado el comienzo de su tema Bahía. “Eso fue espectacular. Una locura”, recuerda sorprendido el músico de 22 años, figura del manso indie (nombre que acuñó la escena de pop independiente de su terruño). “No tenía expectativas con Ecuador. Pensé que iba a ser grande, pero fue más grande de lo que esperaba. Giré sin mi banda, los Golden Papets. Por lo que estaba yo solo con mi guitarra. El plan era tantear territorios, y esto me abrió el mundo. Sabía que había gente que me escuchaba, aunque no me imaginaba el impacto que generaba mi música. Tenía muchos fans de los que se ponen nerviosos cuando te saludan”.  

La odisea surgió a partir de una invitación que el artista recibió por Instagram para participar en el Wird Festival, realizado en la ciudad mexicana de San Luis Potosí. “Solo tenía esa fecha cerrada y la de Ecuador. Decidí quedarme un mes en México y ver qué pasaba. Era una aventura”, explica Bocci, que en Ciudad de México se presentó en el Teatro Metropolitan como invitado de la banda argentina Surfistas del Sistema. Al tiempo que en el país sudamericano, más específicamente en Cuenca, el cantante, compositor y guitarrista recibió elogios de Alan Palomo, mandamás del proyecto estadounidense Neon Indian, icono de la subescena indie del chillwave y quien también fue parte del festival El Descanso. “A nivel de producción es mejor lo que pasa afuera, pero en cuanto a artistas, la Argentina está increíble –dice Bocci–. No hay un Louta o un Perras on the Beach. Pese a que existe una imagen anticuada de la escena, esta nueva ola de pibes, que somos nosotros, es lo que está volviendo a llegar luego de 30 años. Aunque en una escala menos, porque formamos parte del indie”.  

El 28 de marzo de este año, Luca Bocci lanzó Ahora. Se trata de uno de los mejores álbumes que legó el 2017 a la cosmogonía del rock argentino. Al tiempo que muestra el lado pop de su autor. “Parte de vestirme de esas canciones fue poder entender su raíz, origen y motivo”, detalla su genio y creador, cuyo debut en solitario fue elogiado hasta por la crítica musical italiana, que lo consideró un “hallazgo”. “A mí, ese trabajo me provoca lo que le genera a todo el mundo. Por eso lo hice. Quise reconciliarme con la música argentina del pasado. Fue una especie de mensaje de que todo el tiempo me voy a estar renovando. Pero continuando el legado. Las referencias son puntos de partida hacia otras cosas. Son esos eslabones los que te conectan con la música de todo el mundo. Por lo que mi disco no es netamente de rock nacional. También tiene muchas influencias internacionales: chillwave, trap y hip hop. Aunque el próximo, seguramente, será muy diferente. Quiero explotar la imagen de pop idol nostálgico”.   

No obstante, durante el segundo show de la presentación del álbum en la sede de San Telmo de la sala Caras y Caretas, el pasado 11 de agosto, Bocci sorprendió a todos al tomar distancia de las analogías que le suelen hacer. “Es una burla a mí mismo, porque generé que la gente diga que me parezco a eso o a lo otro. Y es que me quería parecer a eso –afirma el artista–. Mientras hacía el yeite de Bahía, lo primero que pensé era que se trataba de una canción de Fito Páez. Pero tomé el coraje y me dije que por eso mismo sería exitosa. Recodará a algo, aunque nadie sabrá qué. Y fue lo que pasó. Como el mundo está tan globalizado, cuando hay algo con raíz se destaca debido a que todo lo demás suena igual. Si bien en México me decían que mi música era universal, de lo que habla el disco es bastante simple y fácil. Trata sobre ser joven y tener inquietudes y sueños. A la gente por donde más le entra es por ahí. La historia de Ahora es conocida. Los que lo escucharon saben que lo grabé en mi casa, y eso se volvió una motivación”.  

Bocci emergió como nueva figura al hablarle a su generación a través de canciones que tratan temáticas de superación. “Esas cosas generan empatía. Es lo auténtico y más particular de mi vida. Cuando grabé el disco vivía en una causa austera que no tenía agua caliente, Internet ni una cama cómoda –describe Bocci–. A veces la incomodidad le da al artista una nueva misión”. Pero su éxito no solo se debió a eso. “Tampoco me habría ido bien si no me hubiese venido de gira con Simón [Poxyran], porque era mucho más famoso que yo antes. Es otra puerta que se me abrió, y lo agradezco. Al ver que hacía temas con el celular y le iba mejor que a mí, me dije: ‘Ya está’. En él vi la frescura y el desinterés. No hay que dejar que te gane el ego. Es un demonio contra el que lucho todos los días. Ya existieron Lennon y Spinetta. Así que no vamos a ser esa clase de ídolos. Lo importante es proponer un verdadero cambio. Por como viene la mano, en todos lados está pasando algo raro. Hay que aprovechar el momento”.  

Después de tocar en los bondis de su ciudad, Bocci, quien cerrará el año en Caras y Caretas de San Telmo el 30 de diciembre, será uno de los actos nacionales del próximo Lollapalooza local. “Este año fue muy rápido y me tomó por sorpresa –reconoce el también líder de los grupos Hojarasca y Alicia, cuyo primer álbum aparecerá en 2018–. Me falta perfeccionar muchas cosas porque soy desprolijo e irresponsable. Aunque tengo buen piso sobre el cual trabajar. Solo necesito encontrar el balance y la disciplina que requiere ahora mi carrera. Mi nuevo estandarte es tratar de romper con la imagen del rockstar. Si bien admiro a Charly García, siento que es una persona supertriste y solitaria. No lo juzgo. Pero quiero tener gente cerca”, dice Bocci, ofreciendo postales sobre la pérdida de la inocencia. “Desde hace rato que soy un pendejo de mierda. Todos sabemos lo que queremos, cómo conseguirlo y a qué estamos dispuestos para ello. El humano tiene esa ambigüedad: somos luz y oscuridad. Lo que sí me preocupa es perder la capacidad de asombro y volverme una persona aburrida”.