Cada género musical fue asignado a distintos colaboradores especializados de Billboard, que eligieron los discos más importantes del año. ¿Qué pasó en el 2018 en la movida independiente? Escribe Luciano Lahiteau.

Mientras las industria se renueva con su semillero, el indie argentino revisita su legado y explora sus puntos de contacto con el pop, el rap y la electrónica. El regreso al estudio de Rosario Bléfari y Julián Perla, la saga del manso indie cuyano, la cuota platense y la explosión de Nahuel Briones en una temporada marcada por el cambio de perspectiva que impone el feminismo.

El nene minado, de Nahuel Briones

Con una continuidad de buenos discos −el año pasado editó el muy recomendable Guerrera/Soldado−, Briones es el perfecto espécimen de un nuevo modelo de estrellato: compositor y ejecutante de canciones que se amontonan en su celular; productor e ingeniero de proyectos que orbitan su casa de Parque Patricios; intérprete histriónico e inquieto hacedor de bandas mutantes; también es músico de Diego Frenkel. Briones crea personajes híbridos para ponerle voz a las tensiones personales y políticas que vibran en la ciudad. Los cracks sociales, la incomunicación y el morbo de las relaciones humanas derraman en canciones pop que dialogan con el legado mayor del rock argentino.

Afuera el sol estalla, de María Pien

A medio siglo del Álbum Blanco de los Beatles, María Pien construye su propia catedral de canciones de Esher. Es un disco hogareño hecho con composiciones de autores y autoras contemporáneos −Botis, Flor Ruiz, Jeannine Martin−, que Pien va reacondicionando a su sensibilidad ensoñada. La fragilidad y espesura de Afuera el sol estalla lo convierte en una gloria doméstica de casi una hora, una caja de Pandora en la estirpe de Kamikaze, de Spinetta (busquen el outtake de “Canción para los días de la vida”), o el mencionado álbum de 1968. Con la sola ayuda de Agustín Guli Bucich −que además de ejecutar varios instrumentos, grabó y mezcló el material−, Pien manufactura un disco conmovedor, fuera de tiempo e imperecedero.

Guacalart, de Los Reyes del Falsete

Necesariamente renovado, el trío de Adrogué retorna al minimalismo de su génesis. Tras su sociedad artística con Litto Nebbia −primero fue una colaboración, más tarde Los Reyes fueron el grupo de apoyo del rosarino, que editó con su sello Melopea Lo que nos junta (2016)−, Juanchy Manchy, Nica y Tifa Rex se concentran en refundar la emotividad psicodélica de sus canciones, y lo logran. La búsqueda está explícita en “La verdat”, el track de apertura, donde el trío hace un viaje al centro de la Tierra con sintetizadores y programaciones para encontrar el núcleo cancionero que yace en “El principio”. Hay voces invitadas, electrónica retro y la supervisión acostumbrada de la cuarta pata de la mesa, Pablo Barros.

Destellos del futuro, PELS

Acá sí aparece Nebbia, surtiendo de la calidez ribereña de su voz a “Cortina para un programa de televisión”. Y también se trata de un retorno. Las canciones de Agustín Zucal se deshacen del barroquismo pop que las apañó en Gospels (2015) y el vacío soviético del EP Funkhaus (2017); planean sus melodías dulces sobre un sexteto de country rock sensible, tamizado por las lecturas británicas de Belle & Sebastian y Alex Turner. “Si tuviera que encontrar algún parecido, sería Honeycomb de Frank Black (Pixies), en donde nuestro héroe, despechado por una dolida separación, armó una banda con músicos expertos en folk norteamericano y se despachó con un disco hermoso, vestido de música sureña, pero con el típico rebusque de sus armonías y estructuras”, comparó Zucal en una entrevista con Julia González.

Asia menor, de Los Valses

Los Valses nació como un vehículo para las obras de Pablo Matías Vidal, un hacedor de canciones admirado unánimemente en esa pequeña comarca rockera llamada La Plata. Cursadas sus experiencias como maestro de ceremonias en el colectivo de trovadores urbanos de Uf Caruf y luego como puntal de Orquesta de Perros, Vidal discurrió como solista por un tiempo hasta encontrar el sustento consistente del guitarrista Santiago Peri, el baterista y compositor Oscar Trani y el bajista e ingeniero de sonido Gabriel Ricci. En su segundo disco, el cuarteto realza su poder eléctrico grabando directo de la sala, y ofrece su punto de fuga para la canción rock. 

Arte holandés, de Indiana

La especialidad de Pablo Siciliano es la captura del drama íntimo, la pequeña tragedia cotidiana. De aquel material está hecho el bellísimo 3 (2014), su segunda película como realizador, Compañía (2012), y su guión para El lechón (Germán Greco y Conrado Taina, 2015): entuertos ordinarios que despiertan asuntos profundos e indagaciones existenciales. En la misma línea, Arte holandés es una deriva de Muchacha leyendo una carta (1657), obra barroca de Johannes Vermeer. Siciliano pensó que podría hacer un disco con el contenido hipotético de esa carta. Mientras tanto, se corrió de su lugar de guitarrista y se enfocó en el sentido rítmico de Pharrell Williams, Kanye West, ASAP Rocky y Kendrick Lamar para buscar la molécula del groove y transformar, por ejemplo, el recorrido errático de “El 68” en un pequeño episodio dance.

Pintura de guerra, de Los Mundos Posibles

Implicado en Arte holandés como productor, Julián Perla también estuvo del otro lado de la sala este año. Volvió a grabar con Mi pequeña muerte (el quinteto editó Alimentan Los Lobos) y se unió a Rosario Bléfari, que también anduvo en muchos asuntos: reunión de Suárez, shows solistas y la publicación de los cuentos que integran Las reuniones (Rosa Iceberg). Pintura de guerra es un universo pequeño y autosuficiente, donde las voces del dúo se combinan perfecto y erigen una conversación sobre los desatinos y esperanzas del amor. Javier Diz (ex baterista y tecladista de Jaime Sin Tierra y Jackson Souvenirs, además de crítico musical) fue el cuerpo equidistante que balanceó este melodrama en siete capítulos.

Copia viva, de Los Besos

Helados verdes fue uno de los mejores discos de 2017. Las canciones eran poderosas y conseguían algo que muchos han intentado pero pocos logran: la complexión de un lírica actual donde la inclusión de vocablos nuevos no suene a implante a fuerza de remaches. Ballotage, candy crush, offline. Esa llamativa capacidad poética de Paula Trama no obtura una aún mayor: revelar la filigrana de sus composiciones en tiempo real, como si estuviera haciendo y corrigiendo la canción mientras la interpreta. Oigan la canción que da título al disco: esa situación persiste aunque “Copia viva” ya fue grabada para un EP en 2012. O “Albañil”, donde parece ir ensayando los versos a medida que la canción avanza en su consistente delicadeza. También es profusa en imágenes: la urbe à la Ventana indiscreta de “Las melodías” o los fuegos de “Amazonas”, una minicrónica de las mujeres de pañuelo verde.

Forestal tape, de Las Luces Primeras

No nos habíamos dado cuenta hasta ahora: a nuestra psicodelia del desierto hay que buscarla en Mendoza. Unas semanas antes que saliera el esperado segundo opus de Perras On The Beach, Mariano Peccinetti hacía su propia invitación al acid test. Si en Flow de Cuyo el grupo de Simón Saieg imprime la desfachatez del porro sobre tracks que revisan el gangsta rap y las revelaciones efímeras, este sucesor del encantador Sensualista (2015) abre las puertas de la percepción con efecto sostenido. A los sabores del acid rock de la Costa Oeste, Peccinetti suma un rocío de efectos y un pequeño arsenal de teclados para despertar a las criaturas de este bosque en tecnicolor. “Está inspirado en un sueño con rasgos surrealistas, con animales que empiezan a aparecer. El bosque es el escenario de las canciones. Cuando estás ahí, entrás en otra dimensión”, explicó Peccinetti a Página 12.

Trayectoria, de La Gran Pérdida de Energía

La Gran Pérdida de Energía nació como un ejercicio de verano frente a los lagos del sur. Más precisamente en el bosque patagónico de Villa La Angostura, José Delgado, Salvador Barcellandi, Pablo Delgado y Lisandro Marquez construyeron un cuadrilátero que para su primer EP dijo Volvemos en diez años (2009): los destinos universitarios ponían en stand by el artefacto de post-rock que volvió a ensamblarse en La Plata en torno a José Delgado y Barcellandi. En 2011, un disco homónimo con tapa de cine noir llamó la atención de Fluttery Records y abrió un espacio propio en la escena indie de la capital bonaerense. Trayectoria es un nuevo regreso, esta vez de la mano de Fuego Amigo, del probado sentido espacial de la música del grupo y su capacidad para concentrar y liberar tensión entre sus guitarras.