Después de su paso por nuestro país, la banda británica tocó por primera vez en Uruguay ante un estadio repleto. Crónica y fotos.

 

“¡Por fin en Uruguay!”, aulló Mick Jagger el martes por la noche en el mítico estadio Centenario de Montevideo. Cuando en noviembre del 2014 se empezaron a escuchar los rumores sobre la América Latina Olé Tour, los hermanos charrúas jamás imaginaron que formarían parte de la gira. Gracias a Daniel Grinbank, T4F y los organizadores locales, esa deuda fue finalmente saldada, incluso con más de 3000 argentinos cruzando el charco. Se calcula que más de 60 mil personas fueron testigos del show más esperado en tierra oriental.

A diferencia de lo sucedido con las tres fechas que dieron en Buenos Aires, los Stones vivieron una jornada más pacífica y tranquila. Encuentros con Rubén Rada, los locales Boomerang como único grupo soporte y algunos cambios en el setlist –como la inclusión de She’s So Cold, elegida por el público–, fueron las contracaras más notorias con respecto a lo vivido frente a los mejores pogo-ers del mundo, como ellos mismos bautizaron al público argentino.

“Ronnie comió un chivito” en vez del “chori con chimi”, “caminando por la rambla” en vez del dos ambientes que compró Jagger en Chacarita; “bailamos candombe” en vez “tangouu” y saludos a Luis Suárez (“Yo sufrí a Suarez”) en vez de referencias al papa Francisco, fueron sutiles diferencias de esta maquinaria Stone que seguirá ahora en tierra carioca y en otro mítico estadio mundialista. “Se viene otro maracanazo”, disparó Jagger haciendo otra clara referencia futbolera que hizo estallar el caluroso aplauso uruguayo recordando su segunda –y última– conquista mundialista en 1950.

Después de su paso por Brasil, la serie de conciertos continuará en Perú, Colombia y Méjico, donde finalmente desplegarán la batería de fuegos artificiales posteriores a (I Can´t Get No) Satisfaction, el riff que soñó Richards hace 50 años y que se convirtió en el más famoso de la historia. Es el himno perfecto para cerrar los shows de esta gira inolvidable, que demuestra cómo, a veces, las canciones dejan de tener una fecha de vencimiento.