En su disco debut mezclan la madera acústica y la electrónica más delicada. Y Los días, el álbum homónimo editado en noviembre de 2016, es su opuesto complementario, más cerca del postpunk, la oscuridad del midtempo y la obsesión por la guitarra chiquita y danzarina.

Dijo uno alguna vez que del aburrimiento surgen las mejores ideas, que los niños deben tener algún tiempo sin actividad para que fomenten su imaginación. Que por ahí, en uno de esos momentos de ocio, se te cae una manzana en la cabeza y descubrís la gravedad. Los Días, sin embargo, y según han dicho alguna vez en sus redes sociales, están embarcados en una cruzada antiaburrimiento. O mejor, en una mutación constante, siempre tras la búsqueda de escapar de la repetición y del tedio. Ellos no son el hombre que descubre, ellos son la manzana que cae, propone y moviliza.

La historia comenzó en 2011 con Sin una raíz, el disco debut de la banda. Aunque en ese caso, el título de “banda” funciona nada más como un instrumento de modestia de Pablo Acosta, mente, corazón y cuerpo del proyecto. Ya lo dijo la descripción de Bandcamp en ese momento: “Los Días es Pablo Acosta en casiotones, guitarra, percusiones, walkman intervenido, bajo y voz”. Allí, en esos datos, quedan pintados los días: hay algo de la electrónica más suave, el romance acústico de tipos como Nick Drake, siempre entre la mugre de Sonic Youth y la gracia de Foals. Lo recomendado en su Facebook oficial, lo versionado en vivo, también funciona como una marca de estilo. Radiohead, Portishead, Kraftwerk y Stereolab son algunos ejemplos.

Los Días conquistaron su forma más perfecta pero obviamente no definitiva”, sentencia su información en Facebook. Y esa conquista tuvo la propuesta constante de cualquier banda modelo del siglo de las descargas y el streaming, esa compulsión por proponer y hacer. Por eso, desde 2012 para acá han editado siete trabajos discográficos, ya sean EP o LP. Y ese recorrido, desde lo posible hasta la perfección transitoria, tuvo como tónica el cambio.

En cualquiera de los casos, la fórmula parece repetirse, aunque con ciertas variantes: la canción encuentra un patrón instrumental y pelea por lograr la mínima expresión melódica. A partir de allí, se exploran todas las variables posibles. Con cuatro años y decenas de canciones, sin embargo, resulta difícil encontrar una rutina en Los Días, que en cada escucha resultan tan imprevisibles como en el primer play. Como los días mismos.