Mientras hacía su disco 'Melodrama' en su casa, en Nueva Zelanda, Lorde descubrió que una separación no podía destruirla. Ahora que compite para Disco del Año, está planificando su futuro –una “vida silenciosa” en Auckland– y haciendo referencia a una nómina históricamente diversa para los grandes: “Es un gran momento para los Grammy”.

Por un minuto, es fácil olvidarse de que Lorde está a 13.480 kilómetros de distancia, en su casa de Nueva Zelanda; una nación de islas tan remota que la relación de humanos por ovejas es de siete a uno. Antes de que nuestra conexión por Skype comience a tener fallas, Lorde me da la bienvenida a su pequeña porción de universo: un elegante living de mitad de siglo con un piano de estante negro a su izquierda y un árbol de Navidad a su derecha.

“Hay mucho verde alrededor de nosotros”, dice apuntando a un empapelado de Gournay pintado a mano sobre una placa de poliéster y luego a unas puertas ventana que dan a un jardín donde el hinojo crece “alto como para liderar un ejército”.  

Unos días antes de Navidad, la joven de 21 años nacida como Ella Yelich-O’Connor está refugiada en este lugar, en una pausa de la gira mundial que la llevó por 65 ciudades para presentar Melodrama, su brillante segundo LP que debutó en el Nº 1 del Billboard 200 en 2017 y que le valió una nominación a los Grammy como Álbum del Año. Lorde compitió en esa categoría contra Kendrick Lamar, Jay-Z, Bruno Mars y Childish Gambino. Vestida con una blusa color crema que deja sus hombros al descubierto, admite que gran parte de su tiempo lo dedicó a hornear –“Estuve trabajando mi técnica con un libro de recetas de postres de Ottolenghi”, dice– y estudiando para obtener su licencia de conducir, un rito de iniciación que extrañó a los 16 años cuando su disco debut, Pure Heroine, vendió 1,7 millones de copias en los Estados Unidos, según cifras de Nielsen Music. Dos días más tarde, me comunicará que ya obtuvo su licencia de conducir (y que hizo una torta de banana y crema).

Para el momento en que se llevó dos Grammy por aquel álbum, Lorde estaba en la agonía del tipo de estrellato que parodiaba en su primer single, Royals (“Todos son como Cristal, Maybach, los diamantes de tu reloj. / Aviones privados, islas y tigres en una cadena de oro”). Los críticos comenzaron a calificarla como prodigio al mismo tiempo que encontraba una amiga cercana en Taylor Swift y un fan en Kanye West. David Bowie le dijo que su música era como “escuchar el mañana”. El asunto, obviamente, era hacia dónde iba a ir a partir de ahí.

La respuesta está al final del mundo. Ella regresó a su casa en Auckland, dando un giro de 180 grados respecto de la fama normalmente imposible en las celebridades. “Tomé una decisión consciente sobre llevar mi vida aquí como algo puro –dice–. Nadie conoce nada de este mundo o de la gente sobre la cual escribo”.

La intimidad de esas experiencias se desenvuelve en Melodrama, que fue mayormente grabado en el estudio casero del productor Jack Antonoff, en Brooklyn. Basado levemente en la idea de narrar una fiesta en una casa, el álbum va desde la desazón amorosa hasta la felicidad absoluta con una producción que se alimenta de pianos solitarios y teclados industriales. De la misma forma que Pure Heroine, su sucesor, utiliza los espacios vacíos para generar un gran efecto. Quizás, de todas las cosas, cumple su objetivo en afirmar el talento de Lorde para destilar emociones complejas en letras luminosamente simples.

Ella es como un Jedi”, dice Tavi Gevinson, su amiga personal y editora de la revista Rookie, y hace hincapié en el poder de Lorde como escritora. “Sabe cuándo tiene que estar adentro de un momento, dejarse llevar, y cuándo volver a la superficie para observar y tomar notas. Con algunas experiencias, inclusive, tiene la capacidad de hacerlas en simultáneo”.

Lectora voraz que alguna vez estimó haber leído unos mil libros a sus 15 años, Lorde desarrolló un oído para el lenguaje como si se tratara de alguien externo a él. “Muchas veces –dice–, cuando vivís adentro de un libro y tu vida no es tan excitante, te quedás esperando por esos bocados excitantes de las vidas de otras personas”.

Antes de que cortemos, mientras Lorde se ubica 18 horas en el futuro, le pregunto por la fila de libros ubicada encima de ella. Hay tomos de Lucia Berlin, Ray Bradbury y Renata Adler. “Me acuerdo de cuando me encontré con esto. Era de segunda mano”, cuenta girando su cámara para mostrarme la tapa de Un mundo modelo, de Michael Chabon. “Lectura esencial”, dice mientras da vuelta algunas páginas antes de frenar en unas palabras tan perfectas que podían salir de su música. Estampada en negrita, aparece la frase “Imperfecto, no apto para reventa”.

Leí que los ricos de Silicon Valley están comprando propiedades en Nueva Zelanda bajo la excusa de “Cuando el mundo colapse, ahí es donde quiero estar”.

−Oh, claro, eso está ocurriendo. Creo que [el cofundador de PayPal] Peter Thiel estuvo acá. Ese lugar de escape natural que tenemos es real. Siempre me desenamoro de los Estados Unidos cada vez que llego acá. Recibo un e-mail por trabajo y empiezo a reírme de lo absurdo que se siente eso. Es como si hubiese viajado de forma submarina o algo así. Mi mayor preocupación ahora es cómo está la marea. Organizo mi día en torno a eso. Si subirá en breve, voy a nadar. Puedo ir en bicicleta hacia la playa.

¿Dónde estabas cuando te enteraste de la nominación de los Grammy?

−Fiel al ADN del disco, estaba bastante ebria en una fiesta gigante en Australia. Era justo medianoche y sabía que estaban por salir las nominaciones, pero hice ese típico ejercicio de convencerme a mí misma de que no iba a ser para mí. Lo estaba superando en mi cabeza, diciéndome “Aun así, hiciste un disco increíble”. Y justo un amigo me encontró y me lo contó, y éramos los únicos dos en el salón que lo sabían. Fue un momento superespecial. Es muy loco ser la única mujer en la categoría, y me siento muy orgullosa por eso. Lo estoy representando, obviamente, pero también es genial estar ahí junto a cuatro artistas de color increíbles. Es un gran momento para los Grammy. Es excitante que este tipo de instituciones vayan hacia el lugar correcto. Para mí eso es una gran victoria.

¿Hubo algún artista particular que te haya deslumbrado por estar nominado?

−Estoy muy entusiasmada con Childish Gambino [nominado en cuatro categorías, incluido Álbum y Canción del Año]. Creo que fue una grata sorpresa para todos. Compartimos el mismo director musical, y es hermoso ver cuando reconocen a los amigos de tus amigos.

¿Hubo algún artista que haya quedado afuera y que te hubiese gustado que esté?

−No me acuerdo mucho. Estoy literalmente googleando “Los bochados de los Grammy” a ver si doy con algo. ¡Oh, carajo! Cardi B definitivamente tendría que haber sido nominada en alguna de esas categorías grandes. [Bodak Yellow (Money Moves) está nominada como Mejor Canción de Rap y Mejor Performance de Rap]. Creo que ella definió de alguna forma 2017. Me hubiese gustado que a Jack lo nominaran como Productor del Año, pero creo que está bien representado de alguna manera. [Antonoff se encuentra nominado por Mejor Canción Escrita para Proyectos Audiovisuales].

¿Cuál fue tu momento favorito de la ceremonia de 2014?

−Fue una de esas noches en las que no paran de ocurrir cosas. Jay-Z saludándome, Beyoncé reconociendo mi existencia… fue de lo mejor. Ser mencionada por Beyoncé te da como un elixir de confianza en tu propia fuerza y belleza. Fue como un sueño tan extraño el estar ahí arriba aceptando los premios. Ni siquiera había escrito algo para decir, me sentía obnubilada. De repente te ubican debajo del escenario en un hueco chiquito y después te sacan el Grammy de la mano y te dicen “OK, vení por este lado”. Y vos estás pensando “¡Esperá! ¡Mi vida acaba de cambiar en este momento!”.

Melodrama examina lo que pasa cuando una relación termina. ¿Qué aprendiste sobre el corazón humano en el proceso de armado del disco?

−Es realmente un músculo que tenés que tonificar [risas]. Es como gimnasia para el corazón. Yo estaba sorprendida de mí misma y de lo que tengo dentro de mí, de lo que no es capaz de destruirme. Y tuve un año increíble para redescubrir quién era yo en ese momento que estaba haciendo el disco. Siento muchísimo cariño y aprecio por todo ese período y por mí misma siendo capaz de atravesarlo.

¿Te sentís distante de quien eras cuando hiciste el álbum?

−Se siente distante porque yo estaba mucho más frágil. Cuando estás recientemente sola, atravesás esos momentos muy reales del tipo “¿Me estoy volviendo loca? ¿Cuál es mi realidad fuera de todo esto?”. Ahí te das cuenta de que no estás loca, sino que algo te duele de verdad. Darte cuenta de tu realidad por fuera de otra persona es especial. Me siento más tranquila ahora.

¿Qué hacés para dar con ese lugar de apertura?

−En cierta forma, mis discos son siempre sobre mí en el presente, tratando de tenderme una mano a mí en el pasado, de ofrecerme el poco conocimiento que ahora tengo. Siempre hay algunas versiones sobre mí, sentada en un cuarto metafóricamente cuando trabajo.

Las mujeres jóvenes que hacen pop generalmente son sometidas al juicio y después empujadas a la controversia, tanto en la realidad como en la imaginación. ¿Alguna vez te preocupa cómo alguien en tu órbita puede reaccionar a tu trabajo?

−Tavi me dijo algo un año antes de terminar Melodrama que creo me ayudó bastante: “No es un hecho, no es un documental, no es un antecedente policial. Simplemente estás escribiendo esto”. Pienso que si me estuviera censurando a mí misma, me sentiría mucho más como una mierda que si en lugar de eso dijera algo revelador sobre otra persona. Esa era mi idea detrás de Writer in the Dark. Era mi forma de decir “Cuando querés apuntarle a alguien como yo, probablemente me robe tus oraciones de tu boca y les cambie el contexto”. Pero creo que eso puede ser hermoso al mismo tiempo. Soy una fanática de Joni Mitchell y ella lo hace muy bien. Ella saca detalles de su memoria y los ubica en un solo lugar. Era muy famosa cuando escribió A Case of You, pero vos no pensás en esta persona famosa diciendo “Si me querés, voy a estar en el bar”. En realidad, estás pensando sobre esta mujer que en ese momento estaba totalmente perdida.

Cerca del momento en que estabas trabajando con Jack en Melodrama, él también estaba detrás de los discos de Taylor Swift y St. Vincent.

−Y tiene esa virtud de hacerte sentir que solo está trabajando con vos en lo tuyo. El disco de The Bleachers era lo que más lo tenía ocupado y lo hacía en simultáneo con lo mío. Es como cuando la gente tiene hijos y terminan siendo amigos desde bebés. Seguimos hablando por FaceTime casi todos los días. Cuando trabajás con alguien, a veces pensás “Bueno, quizás es solo por esta vez y decimos que vamos a seguir en contacto, pero probablemente no”. Pero nosotros… Somos algo así como “Ey, boludo, ¿qué me vas a regalar para Navidad?” [risas].

¿Hay algún momento que, para vos, cristalice de alguna manera quién es Jack en verdad?

−Cuando vine a Nueva York, solo nos habíamos juntado a escribir un par de veces y estábamos muy obsesionados con el otro a un nivel creativo y también como amigos. Yo estaba sin hacer nada en Nueva York, y arreglamos esto de ir a cenar cinco días seguidos solo para conocernos. Una noche, de alguna forma, surgió el hecho de que nunca había probado los cereales Cap’n Crunch, los Cinnamon Toast Crunch o los Lucky Charms. Entonces él reaccionó inmediatamente como “¡Tenemos que hacer esto!”. Así que fuimos a un supermercado, compramos todos los cereales y volvimos a su casa en Brooklyn a armar una fila de boles. Probamos algo así como veinte tipos de cereal [risas]. Sigo pensando en los Cinnamon Toast Crunch todo el tiempo.

Es un sabor totalmente nuevo para la boca.

−Hubo también otro… creo que eran las Reese’s Pieces. Deliciosas.

A principio del año pasado tuiteaste “Los hombres viejos y poderosos tienen una tormenta por delante que no pueden comprender”. ¿Tenés esperanzas por el futuro?

−¡Mi tuit profético! [Risas]. Lo que es realmente interesante sobre este momento es que cada hombre que conozco está haciendo una revisión de sí mismo, y se encuentra al tanto de que hay un contexto muy misógino que empuja a que se reexamine y entienda desde dónde dice lo que dice. Creo que eso estuvo mucho tiempo postergado y es vital. Son de esas cosas que ocurren cuando las personas son suficientemente valientes para compartir y derribar a estos gigantes. Creo que cada mujer ahora está diciendo algo como “Mi Dios… esto está ocurriendo”. Una cosa muy importante, que Gabrielle Union afirmó tan elocuentemente, es que no podemos olvidarnos de que las personas blancas tuvieron mucho más espacio que aquellas de color. Es fundamental darnos cuenta de que los segundos no tuvieron el lujo de ser siempre escuchados. Pero para mí, se siente como una de esas cosas que se abren y nunca van a cerrarse. Esto es para siempre, y la forma en la que se filtra a la vida de cada uno de nosotros es algo permanente.

Hay una línea en Ribs, de Pure Heroin, donde cantás “Crecer se siente tan peligroso”. ¿Te seguís sintiendo de esa manera?

−A medida que voy creciendo, me entusiasmo con la perspectiva. Estoy mejorando como compositora, pero también en mi forma de digerir cosas emocionalmente. Pienso en todos los artistas más grandes a los que admiro, y hay un cierto nivel de composición y visión que yo hoy no tengo pero ojalá tenga cuando llegue a mis 40.

¿Dónde querés estar en tu vida personal en diez o veinte años?

−Amo a los chicos. Seguramente termine siendo madre. Mi plan a corto plazo: ¡quiero tener un perro! Horneo mucho. Ayer hice un cheesecake de lima con merengue suizo y tardé varias horas en dar con la forma justa. Mi vida es bastante silenciosa ahora, aunque obviamente fue un año bastante intenso. Está bueno tener un año ocupado, pero también soy consciente de que gran parte de mi vida quiero que sea bastante calma, sobre hacer este trabajo donde tenga algo para decir. O también mejorar algún talento especial, ya sea en la música o algo visual. Estoy muy entusiasmada con la perspectiva de una vida silenciosa con mucho por escuchar. Además, creo que cuando empezás a trabajar desde muy chica, es fácil imaginar que harás eso por siempre y estarás en un talk show cada año por el resto de tu vida, lo cual no es seductor. Está bueno trabajar mucho desde que sos chica, pero también tener una linda vida.

¿Creciste en un hogar religioso?

−No, nada que ver. Soy atea, pero al mismo tiempo soy una de las personas más místicas y espirituales que conozco. Así que me balanceo entre eso.

¿Creés en la vida después de la muerte? ¿Qué crees que ocurre?

−Es interesante. Esta es una de las cosas en las que nunca me detuve a pensar. Una de las otras cosas es mi boda, nunca me la imaginé. No sé por qué, no tengo una fijación con los casamientos. Y el tema de la vida después de la muerte es de esos temas de los que no tengo una opinión formada, pero estoy abierta a entretenerme pensando en eso.