Wade Robson y James Safechuck hablan sobre su experiencia junto a Michael Jackson y la filmación del documental.

No se esperaba que fuera tan grande. Cuando el documentalista británico Dan Reed leyó sobre los cargos de abuso sexual que Wade Robson y James Safechuck iniciaron contra los herederos de Michael Jackson, en 2013 y 2014, pensó que ahí había una historia. Pero nunca pensó en generar una expectativa global con una de las más brillantes, sino la más enceguecedora estrella de la galaxia pop –ni con la terrible realidad del abuso infantil.

Las cuatro horas del documental de Reed, Leaving Neverland, que se centran en los testimonios de abuso de Robson y Safechuck perpetrados por Jackson en su niñez, se estrenaron en dos entregas a inicios de marzo por HBO, y consiguieron ocho millones y medio de espectadores en las plataformas de la cadena, al tiempo que fueron vendidas a 130 países. Para algunos espectadores –incluyendo a los herederos de Jackson, que demandaron a HBO por ruptura contractual (en referencia a un acuerdo de no agresión entre Jackson y la cadena de 1992)- el foco casi exclusivo en Robson y Safechuck lo convierte en un desbalanceado esfuerzo por maldecir al difunto. Pero para otros, es una dolorosa y convincente exposición sobre el daño emocional perpetrado por el Rey del Pop.

Oprah Winfrey, por ejemplo, cree a los acusadores de Jackson. En After Neverland, un especial que HBO emitió inmediatamente después del documental, ella entrevistó a Robson, de 36, y Safechuck, de 41, ante una larga audiencia compuesta mayormente por sobrevivientes de abuso sexual. Winfrey les preguntó a ambos cómo Jackson convenció a ellos (y a sus familias) para invitarlos a dormir en el Neverland Ranch. Robson y Safechuck también describieron la mezcla de vergüenza, culpa, miedo y amor que los llevó a negar el abuso durante años –Robson incluso testificó a favor de Jackson en un juicio por abuso en 2015. Y ellos insistieron en que su objetivo respecto al film fue menos la incriminación de Jackson que la necesidad de contactarse con otros sobrevivientes tras contar su verdad.

Era algo abstracto. “Vamos a dominar el mundo, vamos a cambiar la industria del cine”. El discurso que me daba cuando tenía siete era: “Vas a ser un realizador igual o más grande que (Steven) Spielberg, ese es tu destino”. Que viniera de Michael era como que viniera de los labios de Dios. Esa era la profecía. Y nada importaba hasta que eso pasara. Terminé siendo muy exitoso como bailarín, después coreógrafo y después director de escenario, de muy joven. Pero lo más importante era ser un director más importante que Spielberg.

Wade Robson

Entrevistados unos días antes de la premiere de HBO, Robson, Safechuck y Reed explican que Reed los contactó individualmente –sus acciones legales contra Jackson no estaban conectadas- para un modesto e íntimo proyecto: un documental de 48 minutos esponsoreado por el Canal 4 del Reino Unido. Esto ocurrió antes de que el movimiento #MeToo volviera a las acusaciones por abuso sexual un escándalo internacional, por lo que no sabían si alguien vería o se interesaría por la película. Pero después de filmar la primera ronda de entrevistas, Reed sintió que la historia merecía una plataforma más amplia y llevó una gran cantidad de material a HBO. Desde entonces, el asunto se volvió más grande.

En persona, Robson, un talentoso bailarín y coreógrafo que trabajó con Britney Spears y NSYNC, es una refinada figura pública. Pero Safechuk, un artista devenido en nerd de informática, es exitoso en su propia área como director de tecnología en una agencia de publicidad interactiva. Ambos son serios y graciosos. Reed, de 54, es seco pero carismático –parece algo protector de los dos muchachos–.

Los tres hablan menos de abuso que de su creación: el agotador proceso de la filmación y las decisiones sobre estructura y tono. Ellos también exploran en profundidad uno de los principales aspectos del documental –el rol que jugó Jackson en las vidas de Robson y Safechuck- y discuten un tema que va más allá de su ámbito: los esfuerzos de ambos por deshacerse del influjo de Jackson. El proceso puede reflejar vivencias de la propia audiencia.

Tapa de Billboard US sobre el documental ‘Leaving Neverland’, marzo 2019.


LOS TESTIMONIOS

Una vez que Robson, Safechuck y sus abogados accedieron a hacer el film, Reed condujo días de entrevistas donde urgía a sus entrevistados a revivir el momento.

Reed: En un momento, conversamos sobre no tratar de “aderezar” la experiencia, sino sólo decirla. No preocuparnos por presentarla en cierto contexto o interpretación. No importaba si pensábamos que sería algo determinado o un trabajo en desarrollo.

Robson: Para entonces ya había pasado un montón de tiempo en terapia. En cierto sentido, en terapia hacés lo opuesto: contextualizás todo. Tratás de entender el contexto. Entonces, adentrándonos en la idea, Dan dice, “Todo eso es increíble, pero dejémoslo a un lado. Quiero que me cuenten la historia momento a momento, como pasó cuando tenían 7, 8, 9, 10, 11”. Me llevó un momento entregarme a eso. Te hace sentir mucho más vulnerable.

Reed: Y pienso que una vez que llegás ahí, una vez que empezás a decir tu historia sin el contexto, entonces te volvés más presente. Y a medida que vas por tu experiencia de manera cronológica, tenés este sentido increíble de casi poder revivir todo lo que te pasó. Eso se muestra en cámara de un modo único. Eso es precioso, decir la historia con una voz íntima.

Robson: Y eso sucedió. La primera entrevista con Dan duró tres días, ocho horas al día de conversaciones, con la premisa de Dan de quitar todo el comentario, de quedar presente en la historia. Yo quedaba extenuado al final de cada día, porque realmente sentí que estaba reviviendo 30 años de mi vida en esos tres días. Fue increíble.

Safechuck: Vos (a Robson) habías dicho que tuviste una especie de experiencia catártica. Para mí fueron más bien… nervios. Como, creo que esos temblores volvían a mí. Pero incluso así, tenés que dejar que ocurra. No hay que ocultarlo. Pero esos temblores no se sienten buenos. Fue muy doloroso.

PROBLEMAS DE PRODUCCIÓN

Los modestos inicios del film, que Reed describe como “un par de personas tropezando en la oscuridad”, permitieron una gran intimidad –y también causaron ansiedad.

Reed: El film se siente íntimo porque fue íntimo. No había la clase de parafernalia que rodea a un montón de films en esta escala. Éramos sólo yo y mi productora asistente Marguerite (Gaudin) cargando valijas…

Robson: Trayendo su propio equipaje…

Reed: … Y armándolo todo en un esfuerzo de producción cotidiano. En la entrevista con James, particularmente, tuvimos terribles problemas con el ruido: el movimiento de los árboles, los aviones y un vecino. Lo filmamos en un AirBnB, que elegí porque me gustaba la decoración y porque ellos no estaban cómodos filmando en sus hogares.

Safechuck: En ese punto, todavía éramos como, “¡Vayan afuera!” (Risas).

Reed: Es una casa de mediados de siglo en el Valle, y lo que no había advertido era que los dueños estaban viviendo en una casa con piscina. En un momento, aparece el padre y comienza a reparar el cobertizo. Yo dije, “¿Sabe algo? Estamos haciendo una entrevista”. Y él responde, “No nos dijo nada”. Así que tuve que arreglarlo, les di dinero extra. Pero cosas absurdas como esa siguieron ocurriendo. Y después con Wade, mi cámara se rompió, y tuvimos que hacerlo de vuelta. Bueno, no todo. Le pedí en el segundo día que describiera los momentos de abuso sexual.

Robson: Y tuve que volver a hacerlo.

Reed: Y podés imaginarte cómo me sentía al preguntarle, al decirle, “Hum, hubo un pequeño problema técnico, Wade…” Y él de buena manera lo dijo de vuelta.

LAS MADRES

Después de filmar las entrevistas a Robson y Safechuck, Reed advirtió que sus familias eran cruciales y les preguntó si podía entrevistar a las madres. Ambos dudaron, en parte porque anticipaban las críticas que las mujeres recibirían.

Safechuck: Tuve la intuición de que la gente iba a tratar de culpar a alguien.  (Jackson) no estaba alrededor para que le caiga encima. Así que iba a caerle a ella. Y mi papá había muerto poco antes de la entrevista, por lo que mi mamá estaba sola. No iba a entregarla. Traté de ser lo más neutral. Tipo: “No necesitás hacerlo. No sé qué vas a obtener de esto. Realmente, nada. Vas a conseguir un montón de odio. Así que es tu decisión”. Pero tampoco quise que lo hiciera y ponerle un peso encima que en realidad no había. Porque la cámara va a percibirlo. Tenés que estar dispuesta a no agradar ni ser comprendida. No podés intentar convencerlos. Entonces, te debés preguntar, ¿está dispuesta a ser vulnerable?

Reed: ¿Tiene la fuerza para ser vulnerable?

Safechuck: Dan me dijo, “Dejame hablar con ella”. Y hubo una conexión entre ambos. Tipo, “Ok, lo entiendo, me gusta”. Entonces ella se abrió al proyecto.

Robson: Me ponía nervioso tener a mi madre involucrada. Por un lado, también presentía que no iba a ser bueno para ella. Y también me preocupaba no saber cómo ella lo estaba procesando, entendiendo, sanando. Pensé que iba a ser un poco protectora. Era algo que no podía controlar. Esa es parte de la historia.

Reed: Pasamos un tiempo largo con Joy (la madre de Robson). Lo más importante fue que no debía presionar. Ella podía retraerse y no quería eso. Y yo creo que fue el movimiento #MeToo lo que la convenció para apretar el botón verde.


John Gurzinski/Polaris
Robson con siete años y su madre Joy (izquierda) juegan arcade con Jackson en Las Vegas, 1990.


IMAGEN Y SONIDO

Mientras los testimonios son el corazón del film, estos están entrelazados con bellas vistas aéreas de Neverland y Los Ángeles, con una dramática música orquestal.

Reed: Las vistas aéreas son importantes porque necesitás respirar. Está este viaje incansable y agotador a las experiencias de estos hombres y sus familias, y tenés que darle a la gente un pequeño recreo. También quise darle la dimensión de un cuento de hadas, el sentido de una historia desplegándose a gran escala, con esta música suntuosa que te lleva al cuento de hadas y de pronto todo se va al carajo. Así que decidimos filmar muchas horas de drone sobre Neverland, lo que fue gracioso porque los herederos de Neverland no lo querían y llamaron al sheriff para bajar al drone.

Safechuck: Es interesante porque cuando estás en Neverland esa es la música que se oye por los altoparlantes.

Robson: Siempre hay música sonando afuera de Neverland. Es el sonido de la experiencia real.

Safechuck: Hay parlantes en todas partes, entre las flores…

Robson: Rocas.

Safechuck: Rocas que son parlantes. Adonde vayas, hay música sonando y es esa clase de música. Así que por ahí vos (a Reed) no te diste cuenta, pero así se veía en realidad.

CAMINOS PARALELOS

En el film, Robson y Safechuck describen el dolor y los celos que sentían cuando Jackson atendía a otros muchachos. Esos sentimientos pudieron resurgir mientras miraban el documental y vieron cuán similares eras sus experiencias con Jackson, pero sintieron en cambio otro rango de emociones.

Robson: No recuerdo haber sentido celos por James y su experiencia. Recuerdo un montón de momentos de shock. O sea, tuve el instinto de que iba a haber un montón de paralelos en nuestras historias.

Safechuck: Sí, yo no estaba celoso. Cuando nos conocimos de chicos a mí me reemplazaron por otro chico, así que mis celos eran con otro. Y para cuando ví la película ya había hecho terapia, por lo que nunca tuve sentimientos competitivos con Wade. El sentimiento fue más del tipo, “no estoy solo”. Creo que no debería sorprenderme de que el material sexual fuera el mismo, pero fue sorprendente. No conocía los detalles así que estaba ansioso por conocer la historia de Wade. Y no los conocí hasta ver la película. Aun así, fue más como, “Dios, a alguien le pasó lo mismo que a mí”.

Robson: Una de las cosas increíbles que descubrí el mes pasado es que la primera vez que nos cruzamos fue en el set de filmación de “Jam” de Michael. Yo estaba bailando y James estaba ahí con Michael, pero terminamos teniendo una interacción, una agradable y amistosa conexión. Nos dábamos cuenta de que estábamos en la misma situación respecto a Michael: estábamos en el margen de su atención y su amor.

Safechuck: Sí, fue como, está ese otro chico ahí. Y Wade fue instantáneamente amoroso conmigo. Lo que sentí fue, “Dios, alguien está siendo amable conmigo”. Necesitaba eso. Fue un fin de semana terrible. Así que fue un momento de felicidad cuando éramos recién unos niños.

SUEÑOS DE FILMACIÓN

Pese al talento que demostraron de chicos en el baile y la actuación, respectivamente (Robson conoció a Jackson a los cinco años, bailando con él en el escenario; Safechuk participó con él en un comercial de Pepsi, a los ocho), ambos dicen que Jackson quería que la filmación fuera el foco de sus sueños y su disciplina.

Safechuck: Mientras crecíamos, él nos inoculaba las mismas creencias. “Preparate, porque en el futuro vos y yo vamos a cambiar el mundo. Sé el mejor, estudiá”. Cada tanto llamaba y preguntaba, “¿Te estás preparando? ¡Tenés que estar listo!”

Robson: (Risas) Era algo abstracto. “Vamos a dominar el mundo, vamos a cambiar la industria del cine”. El discurso que me daba cuando tenía siete era: “Vas a ser un realizador igual o más grande que (Steven) Spielberg, ese es tu destino”. Que viniera de Michael era como que viniera de los labios de Dios. Esa era la profecía. Y nada importaba hasta que eso pasara. Terminé siendo muy exitoso como bailarín, después coreógrafo y después director de escenario, de muy joven. Pero lo más importante era ser un director más importante que Spielberg.

Safechuck: Estaba en una banda cuando tenía 20 años. Y entré ahí porque mi actitud era, “¡Vamos a ser exitosos!” Viste cómo pensás cuando tenés 20 años. “Y después voy a hacer videos musicales, y después voy a ser un realizador”. Así que no entré a la banda para ser una estrella de rock. Fue más, “La música será mi puente al cine”. Pero después te preguntás: “¿Era este mi sueño?” Porque realmente, yo no creo que él estuviera inculcándole la dirección a cualquiera. Pensaba que era a mí. Después te das cuenta de que no era algo específico para vos y pensás: “Mi Dios, ¿era algo que yo realmente deseaba?”

Safechuck (izquierda) con Jackson y Liza Minnelli, 1988.


NUEVOS AMORES

Mucho después de sus interacciones con Jackson, la estrella continuó dando forma a las vidas profesionales de Robson y Safechuck.

Robson: Seis días después del nacimiento de mi hijo, obtuve el trabajo para dirigir este film. Y, Dios mío, ahí está: ¿La profecía se estaba cumpliendo? Pero la profecía empezó al mismo tiempo que este ser, mi hijo, había llegado a mi existencia, diciendo: “No podés mantener más esta fachada”. Habían pasado dos meses de preproducción y yo me había desmadrado, y tuve que apartarme del film. Y ahí estaba, “Mi vida está acabada”. No pude cumplir la profecía.

Safechuck: Sí, ¿y ese era el objetivo de todo, no?

Robson: Era todo. Por eso dejé Australia. Por eso mi padre murió –se suicidó. Eso era todo y había fallado. ¿Cuál era el punto de seguir? Todo se cayó. El baile, la música, el cine, todo terminó para mí. “Oh mi Dios, es Michael. Michael es la razón por la que empecé a bailar. No podré volver a bailar. Si se trata de Michael, es todo abuso”. Nos mudamos a Hawaii, para empezar otra vida, sin saber qué iba a pasar conmigo. El baile seguía golpeando a mi puerta y yo seguía escapando. Pero entonces, hace justo un año y medio, me desperté una mañana y el baile estaba de nuevo en mi corazón. Y esa curiosidad infantil, antes de que fuera mancillada por Michael y el abuso, era de vuelta mía. Realmente nunca fue suya, y ahí es donde estaba confundido. Con razón. Pero era mía antes de que él la tomara. ¿Cómo podía recuperarla? Y desde entonces estoy en ese viaje. Viajé alrededor del mundo dando clases. Y la paso mejor. Estoy en medio de una aventura amorosa con la danza que nunca antes tuve. Y cada vez que bailo ahora expulso una parte de Michael de mi cuerpo.

Safechuck: Tuve la suerte de encontrar algo que me apasiona. Soy director de innovación y tecnología en una compañía de publicidad digital. Y estoy enamorado de la programación, de la mezcla de arte y tecnología. Pero lo extraño es que uso la misma dedicación y persistencia que Michael puso en mí ¿Cómo hacés para decir, “Ok, mantendré esto porque es algo bueno”, sin sentir culpa o vergüenza al respecto? Es algo difícil, porque está todo mezclado con el abuso.

Robson: Ese ha sido el proceso, sacar lo malo de algo de lo bueno. Es todo desagradable, es todo horrible. Todo fue una mentira. Y mucho de eso lo fue. Pero si podemos tomar nuevas perspectivas de ciertas experiencias, podemos encontrar nuevos modos para usarlas positivamente.

DE LAS CENIZAS

Leaving Neverland comienza con Robson describiendo a Jackson como “una de las personas más amables, gentiles y cariñosas que conocí. Me ayudó tremendamente… con mi carrera, con mi creatividad. Y también abusó de mí sexualmente durante siete años”. Finaliza con Robson quemando los discos de Michael Jackson.

Robson: Esas imágenes mías quemando discos son de muy temprano en mi proceso curativo, de mis primeras dos semanas. No digo eso para desacreditarlas, sino que pinta una de diferentes etapas de mi proceso. Creo que esas dos cosas que vos (a Reed) dijiste muestran las complejidades y contrastes del camino de sanación. La quema de discos es lo que necesitaba en ese momento. Y recuerdo que, mientras se quemaban, miré al fuego y empecé a hablarle a Michael. Dije, “Michael, voy a tomar esas desagradables, horribles cosas que me hiciste, voy a tomar tu manipulación y tus mentiras y tu perversión, y las voy a convertir en algo bueno. No tengo idea cómo. Y no tengo idea de qué significa. Pero de algún modo, voy a convertir esto en algo bueno.” Y después es realmente increíble. Nunca advertí eso hasta ahora, que esas imágenes están al final del film.

Safechuck: Oh, mierda.

Robson: Se siente algo bueno.

Safechuck: ¿Sabés qué más es raro?

Robson: No James. Decime.

Safechuck: Él puso este sueño en nosotros, de hacer un film que cambiaría el mundo, ¿no?

Robson: Sí. Esta es para vos, Michael.

Safechuck: Finalmente hiciste lo que él dijo que harías, después de todo.