Tras la suspensión de la tercera fecha del Lollapalooza Argentina, que tenía a LCD Soundsystem como uno de los headliners, hay en el aire una sensación de revancha ganada.

James Murphy trata de saludar a su público varias veces, pero no puede: los aplausos lo ensordecen. Desde que empezó el show, a las 21 puntual, ya se escucharon tres canciones sin pausas ni suspiros. Y la gente lo agradece: tras la suspensión de la tercera fecha del Lollapalooza Argentina, que tenía a LCD Soundsystem como uno de los headliners, hay en el aire una sensación de revancha ganada. Murphy sólo arriesga un tímido saludo. Como obligado por el título del documental de 2012 –Shut Up and Play The Hits– la consigna para el resto de la noche será esa: la boca cerrada y la música fuerte.

El sideshow sirvó como presentación de su disco American Dream (2017), que llegó a ocupar el primer lugar en el Billboard 200 y fue el primer álbum luego de su separación entre 2011 y 2015. Pero las cinco canciones que sonaron de ese trabajo funcionaron más bien a modo testimonial: la fiesta estaba en otro lado. Porque cuando explotaron clásicos como “Daft Punk Is Playing at My House”, “I Can Change” o “All My Friends”, el show ganó en intensidad y profundidad. Es que la banda neoyorquina maximiza en vivo lo que sugiere en el estudio: a fuerza de machaque constante y con el ritmo, que no para, propone un trance que no es hipnótico sino eufórico. En los muchos momentos en los que llega a esa cúspide, su propuesta queda completa.

Y para cuando el beat infinito fatiga, la puesta en escena, que no necesita ser pirotécnica para ser atractiva, refresca la cabeza: con una decena de recursos, las luces maquillan a una banda que habla con su música. Y aunque Murphy no sea el más carismático entre los cantantes, seguramente sí sea uno de los más magnéticos: porque no necesita vestir bien, charlar con el público o bailar. Cuando la música arranca, es omnipresente: canta y toca percusión, pero además está atento a un problema de la guitarra que se encargó de solucionar, y a un cambio de platillos en la batería que él mismo armó y desarmó.

En un momento perdido de las casi dos horas de show, finalmente se toma un momento para romper sus reglas, hablar y pedir perdón por no haber podido tocar en el festival. Fueron unas 100.000 las personas que no pudieron escuchar a la banda de Murphy en el Hipódromo de San Isidro. Y los pocos que asistieron al Teatro Vorterix ahora guardan un secreto que los demás no: sólo se conoce la totalidad de LCD Soundsystem si se los vio en vivo.