El productor superestrella, que ayudó a rehacer a Bieber, tiene una mente de hombre de negocios con un alma creativa, mientras que el imperio de hits del provocador va desde canciones de Beyoncé hasta festivales, y una brutal opinión sobre la EDM: “Es un barco que se hunde”.

El cuerpo de Diplo puede encontrarse en Nueva York en esta tarde soleada de primavera, pero no está exactamente operando en el huso horario local. Hace dos noches estuvo haciendo de DJ en una fiesta improvisada en Shanghái. Ayer estuvo en Los Ángeles, donde se instala por unos días al mes para pasar tiempo con sus hijos –Lockett, de 5 años; y Lazer, de 1– y trabajar un poco. “Perdí mi pasaporte, hice un evento de caridad para unos chicos con cáncer en mi estudio, tuve una reunión con [su sello] Mad Decent por merchandising –dice con una voz comprensiblemente cansada–. Después, me tomé el vuelo. Realmente necesito hacer un poco de yoga”.

No se está quejando. Para Thomas Wesley Pentz –el DJ, productor y empresario de 37 años conocido como Diplo–, su vida entera está armada para que no deje de moverse. Para él, este es su momento, y si frena un poco, aunque sea por un minuto, se le va a escapar. En 2015, dos de sus canciones dominaron la radio y las playlists de los servicios de streaming, y no sonaban como nada que se hubiera escuchado antes. Ambas eran superfuturistas, vagamente tropicales y construidas alrededor de ganchos del Top 40 que harían sonrojar a Max Martin. ¿El denominador común? Los superpoderes de Diplo: un sentido trabajado de DJ –de los que hacen que la gente se mueva– y un vasto catálogo mental de beats y ritmos de todo el mundo: desde el baile brasileño y los toques exóticos de Bollywood –que usó para sus primeros hits con M.I.A.–, pasando por el dancehall jamaiquino que absorbió de adolescente en Fort Lauderdale, Florida; hasta el trap apocalíptico de Atlanta que anima muchos de los temas recientes de Mad Decent.

Su vida entera [la de Diplo] está armada para que no deje de moverse. Para él, este es su momento, y si frena un poco, aunque sea por un minuto, se le va a escapar.

Compuesto con su compañero Skrillex, el tema de Jack ÜWhere Are Ü Now–, que contó con la participación de Justin Bieber, ayudó al propio Bieber a sacarse la mochila de ídolo teen. El hit tenía un estilo tan incuestionable que incluso Kanye West no pudo ocultar su admiración (fue reproducido en streaming más de 358 millones de veces y vendió más de 1,7 millones de copias, según Nielsen Music). Y Lean On (con voces de ), de su banda Major Lazer junto a DJ Snake, fue incluso más sorprendente: un lanzamiento independiente con un vocalista danés desconocido que se convirtió en un éxito aun mayor, juntando más de 400 millones de streams y 1,7 millones de copias vendidas. Otra canción de un álbum con Major Lazer, Light It Up (con la participación de Nyla), está entrando en su tercer mes consecutivo en el Billboard Hot 100.

Beyoncé es la única artista a quien produje el año pasado, porque es más lucrativo para nosotros hacer nuestra propia música ahora –afirma Diplo, con las palabras saliendo a los tumbos de su boca en un murmullo a hipervelocidad, como si sus pensamientos estuvieran moviéndose más rápido que sus labios–. Cuando sacamos un tema con Beyoncé, genial, recibimos unos honorarios, adquirimos unos derechos [de publicación], pero ella va a ganar billones de dólares tocándolo en la gira. Si hago una canción y es mi canción, como Lean On, vamos a ganar plata de las synchs, Spotify y estaremos en festivales por el tema. Ese es el modelo que quiero explorar”.

“Cuando sacamos un tema con Beyoncé, genial, […] pero ella va a ganar billones de dólares tocándolo en la gira. Si hago una canción y es mi canción, como Lean On, vamos a ganar plata de las synchs, Spotify y estaremos en festivales por el tema. Ese es el modelo que quiero explorar”.

Diplo tiene la mentalidad de un hombre de negocios con un alma creativa –sostiene Scooter Braun, mánager de Bieber y amigo desde que los dos se conocieron una década atrás en un festival musical en Noruega–. Siempre me dijo: ‘Nunca sabés cuándo está por terminar tu momento, así que tenés que aprovecharlo’. Su momento continúa, y es por esa mentalidad”.

Este verano, Diplo va a juntar a Bieber y a MØ en Cold Water, el single principal del cuarto LP de Major Lazer, su grupo de reggae/EDM/pop/ lo que sea. El día antes de aterrizar en Nueva York, Diplo estaba un poco más que sorprendido cuando Bieber tuiteó sobre el tema, preguntando cuándo iba a salir. “Eso no estaba en los planes –afirma Diplo–. Pensé: ‘Mierda, ahora tengo que responderle’. El tema todavía no se encuentra terminado, pero él está entusiasmado. Es muy real, de hecho. Twitter es la única razón por la que sé que está entusiasmado por la canción. No tengo su número, por eso me tuitea”.

El tema arranca una campaña que girará en torno al lanzamiento del álbum en enero de 2017, que según espera Diplo, ayudará a que los fans vean a Major Lazer –también incluye al vocalista jamaiquino Walshy Fire y al productor y DJ trinitense Jillionaire– como una banda real en vez de un fabricante genérico de beats tipo Ultra Fest con toques caribeños. “Es complicado, porque queremos hacerlo indie –dice Diplo sobre Cold Water– y convencer al Team Bieber de hacerlo así es difícil. No necesitamos a ningún tipo que diga ‘Oh, esto es lo que dice el estudio de mercado’. Estoy con los pies en la tierra. Lo veo”.

“Es complicado, porque queremos hacerlo indie –dice Diplo sobre Cold Water– y convencer al Team Bieber de hacerlo así es difícil. No necesitamos a ningún tipo que diga ‘Oh, esto es lo que dice el estudio de mercado’. Estoy con los pies en la tierra. Lo veo”.

En marzo, Major Lazer se convirtió en el primer artista americano en tocar un concierto en Cuba desde que La Habana y Washington restablecieron relaciones diplomáticas en 2014. Fue un show gratuito en un vasto anfiteatro a cielo abierto frente a la embajada estadounidense. Fue un mar de gente, estimado en 400.000, y estaban entusiasmados como nunca antes.

Masticando espinaca y puñados de M&M’s y pretzels, de vuelta en Nueva York, Diplo observa a un editor viendo material de un documental en progreso en una pantalla grande, en la isla de edición de una compañía de producción en el centro de Manhattan. La idea es llevar la película al Festival de Cine de Toronto; pero más allá de eso, es hacer un documental serio. No solo una película sobre un recital, sino un film sobre la cultura en torno al show de Cuba (uno de los personajes es el encargado de la distribución de paquetes –discos duros llenos de música y películas e incluso cosas como ceremonias de entrega de Grammy y Óscar– para los cubanos sin Internet). Para Diplo, tocar en sitios como Cuba, Pakistán o incluso Jamaica –lugares a los que los grandes grupos norteamericanos no van y donde, de hecho, hacer el show le cuesta plata a él– es clave. “En Pakistán, la gente estaba llorando. No es que soy la Cruz Roja, pero la gente en Pakistán y en Cuba quiere esto. Se siente como que estoy haciendo algo importante. Estoy ayudándolos a crear algo que no estaba ahí antes”, afirma.

En marzo, Major Lazer se convirtió en el primer artista americano en tocar un concierto en Cuba desde que La Habana y Washington restablecieron relaciones diplomáticas en 2014.

Unos diez años atrás, Diplo empezó a recibir atención como el DJ y productor de Filadelfia oriundo de Florida –principalmente por su trabajo con su entonces novia Maya Arulpragasam, alias M.I.A.–, y por las fiestas under que hacía con un amigo bajo el nombre de Hollertronix. Se había mudado a “Philly” por la universidad, donde empezó a ser DJ y a tener un trabajo extra vendiendo vinilos raros a productores de la costa este como DJ Premier y un joven Kanye West. Pero sus raíces están en el sur de Florida, donde su padre tenía un local de cebos y su madre trabajaba en un supermercado. “Las tres cosas que oía eran Miami bass, reggae y heavy metal –le confesó a Billboard en 2014–. Todavía me pregunto por qué alguien escucharía otra cosa”.

Saliendo de la compañía de filmación hacia las oficinas de su compañía de management, TMWRK, Diplo está vestido de blanco: desde su sombrero de Major Lazer y su hoodie Master P hasta las Yeezys en sus pies. Cuando llega a TMWRK, que también representa a figuras como Dillon Francis y Flosstradamus, se encierra para una reunión veloz con su cománager, Andrew McInnes, que maneja la empresa con su socio en Los Ángeles, Kevin Kusatsu (el tercer miembro del equipo es Renee Brodeur y está en Nueva York). “La música dance se está poniendo insulsa, y nosotros somos anteriores al término ‘EDM’, y vamos a seguir después de él, también –dice McInnes, un tipo amable e inteligente que se está por convertir en un padre de Brooklyn–. Pero estamos viendo [a Diplo] convertirse en el próximo Jay-Z o en el Diddy de la escena. O incluso en Dave Grohl, el tipo que tiene sus dedos en todos lados y está empujando los límites del género”.

“Pero estamos viendo [a Diplo] convertirse en el próximo Jay-Z o en el Diddy de la escena. O incluso en Dave Grohl, el tipo que tiene sus dedos en todos lados y está empujando los límites del género”, dice McInnes.

La opinión del propio Diplo respecto de la escena EDM es incluso más dura. “El mundo de los DJ es el grupo más cursi que hay –dice, sacudiendo su cabeza–. No somos celebridades. Más allá de gente como Dillon Francis, que se ríe de todo el asunto, o de Calvin Harris, es un barco que se hunde. Es una cultura desastrosa. Me entristece ser parte, pero estoy en el juego”.

Nueve años después de su primer gran hit, Paper Planes, de M.I.A., Diplo produjo a un enorme grupo de artistas, desde Usher y Chris Brown hasta Madonna y, especialmente, Beyoncé. Trabajar con ella es muy importante para Diplo, que tiene créditos de composición en dos temas de Lemonade: Hold Up y All Night. “Ella es una de esas artistas que puede culminar un corpus de trabajo de manera muy concisa –dice Diplo–. Nadie hace eso ahora”. Como todos, Diplo oyó sus tracks en contexto por primera vez en el especial de HBO. “Fue como ‘Mierda, ahora todo tiene sentido’”, expresa. Hay otro artista con el que llamativamente se muere por trabajar: “Estuve persiguiendo a Sam Hunt [cantante de country]. Creo que puede ir multiplataforma como Taylor Swift”.

“El mundo de los DJ es el grupo más cursi que hay […] Más allá de gente como Dillon Francis, que se ríe de todo el asunto, o de Calvin Harris, es un barco que se hunde”, Diplo. 

Con la colaboración con Bieber, Diplo demostró qué tan valioso es su apoyo. “Justin vino a Las Vegas una noche cuando le mostré Where Are Ü Now’ –dice–. Acababa de cumplir 21, y decía ‘Ey, man, te quiero agradecer, porque es la primera vez que recibí aplausos de adultos. Es importante’. Te ponés a pensarlo y sí, era como una especie de payaso en un pedestal. La gente lo tomaba de punto”.

“El valor va para ambos lados –dice Braun–. Justin le dio una difusión enorme a lo que hace Diplo. Y Diplo le dio a Justin un nivel de credibilidad que necesitábamos en ese momento”.

“Justin vino a Las Vegas una noche cuando le mostré Where Are Ü Now’ –dice Diplo–. Acababa de cumplir 21, y decía ‘Ey, man, te quiero agradecer, porque es la primera vez que recibí aplausos de adultos’.

“Es difícil, porque Justin quiere ser cool –agrega Diplo–. Y es un fan de la música. Ama el pop como ama el rap. Hicimos unas cinco canciones de rap que nunca van a escuchar. ¿Y si tuvieras 18 o 19, y pudieras tener cualquier chica que quisieras, y toda la plata que quisieras? Mierda, yo estaría mucho más loco que él. Tengo 37 y recién ahora estoy empezando a madurar”.

Por supuesto, sabrías todo esto si siguieras a Diplo en Twitter, Instagram o Snapchat. De hecho, fue uno de los primeros en adoptar y dominar Snapchat. Su relación con la red social es una ilustración perfecta de la naturaleza holística, donde todo alimenta a todo, de la siempre en expansión Diplo Inc. Dos años atrás, Diplo y su equipo invirtieron en una ronda de recaudación de fondos de Snapchat. Desde entonces, los perfiles de Diplo y de Snapchat crecieron juntos. “Snapchat es el lugar donde la gente oye y aprende de cultura –sostiene–. ¿Este sombrero que estoy usando? –Apunta a su cabeza–. No es siquiera real, solo una demo. Pero subo una foto con este sombrero a Snapchat, y la gente pregunta ‘¿Dónde puedo conseguirlo?’. Y si, ponele, Kendall Jenner sube nuestra música, las ventas aumentan inmediatamente. Es muy loco”.

“Justin le dio una difusión enorme a lo que hace Diplo. Y Diplo le dio a Justin un nivel de credibilidad que necesitábamos en ese momento”, dice Braun.

Hay un fenómeno mayor empujado por Internet que Diplo quiere más que a Snapchat, y su nombre es Bernie Sanders. El DJ es fan desde que el senador de Vermont anunció su candidatura presidencial, y se identifica con el político de 74 años como una fuerza cultural de manera sorprendente. “Si Hillary [Clinton] fuera la única candidata, no creo que a alguien le hubiera interesado la política –dice–. [Donald] Trump, de hecho, también es interesante en muchos sentidos. Pero Bernie Sanders es impresionante para mí, porque muchos chicos aprendieron de política a través de él. Y fue todo gracias a Internet. Los medios tradicionales nunca le dieron a Bernie Sanders ni la hora. Pero se hizo viral como el hip hop y los nuevos bailes. Y soy parte de esa cultura”.

Como Sanders, Diplo tiene poco interés en salir de la controversia. En parte por sus hijos, criados con su exnovia Kathryn Lockhart, Diplo insiste en que está creciendo. Pero eso no quiere decir que dejó de agitar las cosas en Twitter, como cuando acusó a David Guetta de copiar a DJ Snake en un single reciente. “Guetta siempre fue muy bueno conmigo, para ser sincero –admite Diplo–. Pero me gusta la anarquía“.