Hay leyendas que no necesitan descansar en lo que su nombre representa para seguir dando cátedra. El paso de Robert Plant & The Sensational Space Shifters por el Lollapalooza no va a ser fácil de olvidar, porque el inglés dio un show sin fisuras en el Main Stage 2, dejando en claro por qué la expectativa era tan alta. 

Babe I’m Gonna Leave You allanó el camino de lo que vendría después: un combo de canciones de Led Zeppelin con la impronta del cantante, más temas de su etapa posterior. En este apartado, el mayor protagonista fue su último disco, Lullaby and…  The Ceaseless Roar, que no fueron un relleno, sino un condimento más para un espectáculo cargado de rock, folk y reminiscencias de música africana. Porque si algo le faltaba a la intachable voz de Robert Plant, era músicos que estuvieran a la altura, y su ladero en la guitarra, Justin Adams, se erigió como el compañero perfecto del vocalista.

Entre los puntos más altos de la noche estuvieron la versión swinguera de Black Dog, los registros vocales intactos de Plant en Going to California, la explosión hormonal de Ramble On y Whole Lotta Love, y el cierre explosivo con Rock & Roll. El cantante mandó un mensaje de tranquilidad a los fanáticos argentinos: los temas de Led Zeppelin están en buenas manos.  

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