Sonó la campanada final para Black Sabbath. El grupo inglés de heavy metal, surgido en 1968 de la ciudad industrial de Birmingham se despidió con un show emotivo y eufórico.

El grupo compuesto por el vocalista Ozzy Osbourne, el guitarrista Tony Iommi y el bajista Geezer Butler brindó un show a pura pompa y estruendo en el Genting Arena de su ciudad natal. Una despedida en la que hubo poco lugar para lágrimas, a favor de una celebración de sonrisas y alegría contagiosa. “Qué viaje que hemos tenido. Fue increíble. Empezamos en 1968 y estamos en 2017. No lo puedo creer”, sintetizó Osbourne.

 

The final song

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Fueron dos horas de hits. El inicio con el riff maléfico por definición, el tritono de Black Sabbath, seguido por Fairies Wear Boots, y la genial Under The Sun del álbum Vol. 4. Por supuesto, no faltaron Iron Man, Children Of The Grave y el cierre glorioso (y obvio) a cargo de Paranoid, emitida por Facebook Live. Vale destacar que no hubo nada de 13. Sí hubo un popurrí conectado donde se lucieron los brutales riffs de Supernaut, Sabbath Bloody Sabbath y Megalomania. Al mismo tiempo, corrieron sospechas de posibles apariciones de invitados, en particular el baterista Bill Ward, alejado del grupo por cuestiones contractuales. Pero resultaron ser infundadas.

No está claro si es un adiós absoluto. Hay entrevistas previas de los miembros en las que indican que podrían mantenerse como grupo de estudio y hacer presentaciones ocasionales. También está el hecho de que las despedidas de este tipo de grupos terminan siendo una farsa. Ya es un cliché en sí mismo. Pero Osbourne insiste en que no, que se van en serio. Veremos.

 

Keep Calm #BlackSabbath is Gone #TheEnd

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