Por primera vez, el hip hop ejerce su dominio sobre los demás géneros. Anthony “Top Dawg” Tiffith y Kendrick Lamar, del sello TDE, son dos de las figuras que están redefiniendo el horizonte del éxito en el rap. “No se trata solo de hacer plata”, dice Lamar.

Anthony “Top Dawg” Tiffith, una figura imponente de 1,85 metros, tiende a tener una mirada dura debajo de su gorra roja. Es una cara esculpida en las calles de Watts, Los Ángeles, durante los difíciles años 70, 80 y 90, infestados por el narcotráfico. Pero en esta tarde de septiembre, al subir las escaleras hacia un vestíbulo de un estudio de Hollywood, el fundador y CEO de Top Dawg Entertainment (TDE), de 47 años y conocido por sus amigos como “Top”, está de un excelente humor. Acaba de pasar unos momentos intercambiando chistes con el copresidente de TDE, Dave Free, y los dos terminaron riéndose a carcajadas. Después, entre poses con cara de piedra para las cámaras, se reía con Kendrick Lamar, el hombre más valioso de TDE, o como algunos dicen, el mejor rapero del mundo.

Lamar también está de buen humor. Uno nunca se imaginaría, por su calma y tranquilidad, que hace cuatro días terminó la gira de DAMN., de 36 fechas en Norteamérica. (Y poco menos de una semana antes, incluso, dio una performance impresionante en los MTV Video Music Awards). Tiffith se sienta en la cabecera de la mesa de reunión. Lamar, de 30 años, a su izquierda. Tiffith arranca la conversación sonriente: “Estoy en la tapa, así que decidí que voy a hablar un poquito. No mucho, solo un poquito. Me gusta estar detrás de escena y dejar que los artistas hagan lo suyo”.

Tiffith, que no es de dar entrevistas (la última vez que habló con Billboard fue en 2014), vio a TDE convertirse en el sello independiente más grande del hip hop. La compañía que fundó en 2004 y que administra con Free y el copresidente Terrence “Punch” Henderson tiene un 4,72 por ciento del mercado total del R&B/hip hop este año (contra 2,22 por ciento del año pasado), según las estimaciones de Billboard basadas en los datos de Nielsen Music en cuanto a ventas y streaming. Más importante aún, TDE se convirtió en el modelo para manejar la integridad artística y el éxito comercial masivo.

Lamar, por supuesto, fue fundamental para esto. En abril, su último álbum, DAMN., debutó en el Nº 1 del Billboard 200. Hasta ahora es el disco más exitoso del 2017 (ganó 2,25 millones de unidades equivalentes) y le valió la aclamación de la crítica más grande de su carrera. Pero Lamar es solo una parte del catálogo que incluye a Jay Rock, el letrista Ab-Soul, ScHoolboy Q (sus álbumes debutaron en el top cinco del Billboard 200) y la cantante SZA (su álbum debut, CTRL, lanzado en junio, la convirtió en una candidata a Mejor Artista Nueva en los Grammy).

“El tema con TDE –dice Lamar– es que fue todo nuestro: un negocio independiente desde el vamos. Yo entré con 16 años, y es todo lo que hice”. TDE acompaña pacientemente a todos sus artistas, construyendo sus carreras hasta que puedan elegir con qué sello grande seguir para ir al siguiente nivel. Lamar lanzó cinco mixtapes y un álbum independiente, Section 80, de 2011, hasta que cerró con Aftermath/Interscope; y SZA sacó dos mixtapes y un EP hasta que TDE se asoció con RCA para lanzar CTRL. “Es un ambiente de familia –explica Lamar–. No se trata todo el día de hacer plata”.

La relación entre Top y Kendrick, según Tiffith, “es de padre, hijo y socio”, y los dos están tranquilos, mostrándose respetuosos en la presencia del otro, interrumpiéndose mutuamente solo para apoyar lo que se está diciendo –o reírse–. Tiffith, que habla de su vida anterior de estafador sin tapujos (pero sin detalles), construyó el estudio de grabación de TDE en su casa, años antes de reclutar a Jay Rock y, en 2004, conocer a Lamar. “Cuando las cosas vayan mal –supuso en ese momento Tiffith–, voy a hacer esto”. Y cuando su nombre se hizo conocido, fue él quien empezó a grabar artistas en su estudio. “Las mezclas eran terribles”, admite. “¡Terribles!”, agrega Lamar. Ahora, TDE está por lanzar un área cinematográfica. “La gente no sabe que Kendrick es dueño de un porcentaje de TDE –dice Tiffith con mucho orgullo–. Kendrick Lamar va a ser productor ejecutivo de la película, de las cosas en la televisión, de todo lo que hagamos”.

Top, ¿cómo hiciste para alentar la creatividad de tus artistas en un principio?

Anthony Tiffith: Viví durante la era gangsta y vi cómo muchos de mis amigos terminaron muertos, en la cárcel. A mí me dispararon. Cuando fundé TDE, dependía de mí mostrarles que las cosas podían ser diferentes. Los encerraba en mi estudio y trataba de que tuvieran un vínculo de hermanos. Tenía la plata para hacer lo que quisiera, pero ellos no iban a apreciar nada si yo les entregaba todo así nomás. Así que ellos se iban a McDonald’s para ver qué había en el menú de un dólar o a Louisiana Fried Chicken. Yo les mostraba una vida de familia, porque mi familia también vive en esta casa.

¿Qué te hizo confiar en estos chicos?

AT: Al estar en la calle toda la vida, puedo juzgar bien a la gente. Jay Rock es de mi barrio, Nickerson Gardens. Lo estuve persiguiendo, y él se escondía pensando que yo lo quería retar por alguna pelotudez. Finalmente lo agarré cuando se estaba cortando el pelo: “Ey, vos rapeás. Yo estoy tratando de hacer esto. Vamos”. Dave [Free] era fan de las computadoras, vino a arreglarme la mía y escuchar la música de Lamar.

Free me dijo que la rompió… 

AT: [Risas] Mi computadora terminó hecha mil pedazos. Él estaba tratando de averiguar dónde iba cada tornillo. Estos tipos tenían hambre. Querían ganar.

¿Qué tan hambriento estabas vos, Kendrick?

Kendrick Lamar: Estaba demasiado hambriento, hermano. El día de verano en el que fui para allá, estaban matando gente y todo. Había una guerra real entre mi sección y otra que se encontraba a dos barrios. Compton [California] es chiquito, así que los tipos se peleaban en las esquinas. Por suerte, encontramos el estudio.

Y el estudio de Top era gratis.

KL: Te enterabas de amigos tuyos que iban a los estudios y tenían que decir sus versos rápidos, apurados porque podía entrar otra persona. Yo tuve la posibilidad de hacer un verso, borrarlo, hacerlo de vuelta y simplemente perfeccionarlo. Y eso me dio una ventaja sobre otros artistas. A mí y a todos los que estábamos en TDE. El resto estaba tratando de tener un disco exitoso.

Top, ¿por qué elegiste la música?

AT: Mi tío [líder gánster convertido en activista de la comunidad] Mike Concepcion hacía música. Solía verlo. Tenía un grupo de productores y terminó trabajando con tipos como Rome y Sylk-E. Fyne.

Él fue quien armó la canción pacífica de 1990 de West Coast Rap All-Stars, We’re All in the Same Gang.

AT: Exacto. Verlo mientras yo estaba en la calle me hizo pensar “Eso se ve superfácil. Cuando esto se vaya a la mierda, voy a hacer eso”. Construí mi estudio siete años antes de incluso ponerme a pelotudear con música. Y ya tenía el plan listo, de ir de allí para acá.

¿Así que podría haber sido de cualquier manera?

AT: Ellos me hicieron hacerlo [risas]. Cuando preparaba mi estudio, estaba buscando equipos –no voy a decir de dónde los saqué– y apareció este tipo que me dijo que él podía ayudarme a armarlos. Entonces fui, lo busqué y le dije: “Ey, tengo que vendarte los ojos”. Me respondió “¿Qué?”, y le expliqué: “Acostate, no te voy a hacer nada. No necesitás saber a dónde estás yendo. No quiero que vengas y después me robes”. “Ah, entiendo”, contestó. Cuando llegué a casa, entré al garaje y estaba mi hija. Entonces apareció el tipo con los ojos vendados, y mi hija pensó que yo lo había secuestrado. “¿Qué carajo está pasando?”.

KL: Este tipo tiene historias así para contar todo el día.

AT: Al día siguiente, cuando se subió al auto, se puso a buscar la venda [risas]. Y eso fue solo el principio. Cuando los artistas comenzaron a venir, yo estaba empezando a entender cómo funcionaban los equipos. Así que me puse a grabar y hacer toda clase de cosas. Pero así soy yo. Cuando hago algo, necesito saber un poco del tema.

Kendrick, ¿cuál era tu objetivo a la hora de grabar los mixtapes y The Kendrick Lamar EP?

KL: Ese lugar era como un campamento militar. Estar ahí para aprender a rapear, ver cómo encajar palabras, freestyles, compases y todo. Vas progresando a medida que pasa el tiempo. Me acuerdo de hablar con Top y decirle “Ey, quiero cambiar a mi nombre verdadero”.

¿Qué dijo?

KL: “Hermano, eso suena bien”. Le gustó. “Man, suena como una marca de perfume” [risas].

AT: Fue lo primero que me vino a la cabeza.

KL: “¡Podemos vender algo así!”, decía. Y yo estaba pensando: “¿Cuál es el approach musical?”. Tiene que ser algo real, mi historia; algo que no solo pueda sentir yo, sino que también todos puedan relacionarse con eso. Esa era la idea inicial. Voy a mostrar un poco de mi historia antes de mi álbum debut, que ya estaba preparado.

¿Ya habías estado trabajando en good kid, m.A.A.d city?

KL: Sí, habíamos hecho good kid unas tres, cuatro veces antes de mostrarlo al mundo.

¿Te referís a canciones nuevas?

KL: Canciones nuevas, todo nuevo. Quería contar esa historia, pero tenía que ejecutarla. Mi tema es la ejecución. Las canciones pueden ser tremendas, los ganchos pueden ser muy buenos; pero si no está bien ejecutado, entonces no es un buen álbum.

Top, ¿a quién mirabas como ejemplo a seguir una vez que fuiste exitoso?

AT: Aprendí de mi tío. Cuando estaba en la calle, él me decía: “Sé más perfil bajo. No seas un tipo ruidoso”. Y también al ver a Jay-Z y a Puff. Yo no bailo. No puedo saltar en ningún video.

Te compararon con Suge Knight.

AT: ¿Vos viste algo de él en mí? No me estás viendo enloquecer, pegarle a alguien y terminar arrestado cada semana. Si estuvieran hablando de éxito, ahí estaría cómodo, porque él tuvo mucho éxito. Pero nos juzgan así. Nos ponen en la misma bolsa.

¿Qué es lo que más extrañás de esos días?

AT: Extraño el ritmo. Esa incertidumbre sobre todo, pero sabiendo que tengo unos hijos de puta muy talentosos que pueden seguir el juego. Y entonces pasó esa pelotudez de Warner Bros. [El contrato que tenía TDE con el sello se disolvió después de una reestructuración allí]. Así que tuvimos que sentarnos con todos y decir: “Muchachos, es hora de que vayan a pisar fuerte. Basta de perseguir sellos. Que los sellos nos persigan a nosotros”. Ir con Dr. Dre [en Aftermath/Interscope] fue genial porque todos amamos a Dre. Kendrick se acuerda de Dre desde que estaba colgado de los brazos del padre. Viene de donde venimos nosotros. Poder salir a su patio de atrás y ver el mundo entero y apuntar a tu barrio, eso es inspirador, hermano. Y me dice: “Top, ustedes pueden tener todo esto”. Nunca trató de interferir con lo que hacemos. Como diciendo: “Entraron para ganar, hagan lo que tengan que hacer”.

Kendrick, ¿cómo cambiaron tus relaciones con los otros artistas de TDE?

KL: Al ser fan de grupos y sellos, escuchás historias de imbéciles que se pelean, porque uno está celoso del otro. Esos tipos nunca tuvieron una hermandad desde el vamos. Yo todavía puedo mirar a [ScHoolboy] Q a los ojos, él puede ver a los míos y decirme: “Nigga, yo sé”. Lo mismo con Rock. Yo sé lo que hicimos para llegar hasta acá. No importa cuán lejos lleguemos, siempre tendremos ese vínculo. Punto.

El público fue muy ecléctico en esta parada del DAMN. tour. ¿A qué está yendo la gente?

KL: Es una conexión personal y una experiencia de libertad. Cuando digo “libertad”, me refiero a crear, a ser capaz de hacer lo que quieras hasta donde vos te sientas liberado por eso. Ellos ya tienen una conexión personal, porque estoy hablando de cuestiones en mi música por las que no solo paso yo, sino también mi público.

¿Con quién tuviste una sensación similar al ir a un show?

KL: No iba a los shows. No tenía plata para hacerlo.

¿Cuál fue tu primer recital?

KL: Cuando salí de gira con The Game [y Jay Rock, en 2006]. Ese fue mi primer show.

¿Nunca viste un show de chico?

KL: Mmmm. Costaban plata. Plata para la nafta. Para mí, estar arriba del escenario implica cumplir dos cosas: tocar y disfrutarlo tanto como lo disfrutan los que lo están viendo.

En Duckworth describiste cómo, hace años, Top casi roba el restaurante donde trabajó tu papá, Ducky. ¿Le mostraste la canción a Top?

KL: Sí, es una historia que los dos conocíamos. Pero me parece que le sorprendió el hecho de que está ejecutada en tres o cuatro minutos. Las primeras dos veces no me salió. Sabía que estos eran mis tres beats favoritos. Escribí, escribí, escribí y escribí hasta que salió la idea.

¿Cómo hiciste para poner los momentos difíciles, por ejemplo, hablar sobre la familia de Top?

KL: Él te puede contar sobre eso [risas].

AT: Me llamó mi mamá: “¿Qué está pasando?”. Yo dije que no pasaba nada y ella me respondió: “¡Tu hermano me acaba de decir que Kendrick dijo que soy una drogadicta!” [risas]. Me estaba jodiendo. Esa es una historia que le conté unos diez años atrás, y no la volvimos a mencionar nunca. Cuando Kendrick vino por primera vez, yo no sabía quién era su viejo, pero después lo vi cuando fuimos a una reunión. Él era seguridad, así que tenía un arma gigante, más larga que su pierna. Cuando nos metimos en el auto, le empecé a contar a Kendrick todos los problemas que había tenido de chico. Él mantuvo todas esas cosas en su cabeza por unos diez, once años. Y entonces, cuando vino y me mostró eso, me sorprendió.

¿Cómo definirían su relación?

AT: Yo confío en su criterio y él en el mío. A veces, pienso en cosas y él me llama y me hace cambiar de opinión.

KL: No tenés mucha gente como él en este lado del barrio. Hay muchos hijos de puta que quieren verte mal, como están ellos. O no quieren que vos subas como ellos. Si no fuera por él, estaría sentado con esta guita y plataforma, pero no haciendo nada porque no tendría alguien que me guíara para saber qué es lo que quiero hacer y cómo inspirar al próximo.