En un show íntimo en La Tangente, para prensa e invitados, se presentaron los cuatro discos ganadores: Agustín Donati, Gaby Améndola, Nahuel Briones y El Zar expusieron sus universos artísticos.

Agustín Donati, junto a su banda, abrió la velada. Él obtuvo el primer lugar en la Bienal 2017 y, de este modo, logró editar su segundo disco, El elefante y el jinete. En estos diez nuevos tracks se percibe un tratamiento meticuloso y arreglos preciosistas, deudores del aporte de Matías Cella (Kevin Johansen, Jorge Drexler) en la producción.

En el vivo, un pie firme apoyado en la canción popular y melódica, una ventana abierta a sonidos modernos y arreglos de sintes estilo dreampop. El destacado de su setlist fue “Humo”, del que la Bienal produjo un videoclip. Donati agradeció a los presentes, quienes escuchaban atentos en compañía de algún trago, mientras afuera la lluvia era incesante. Ryan Adams es una de sus influencias y eso se nota en la importancia que le da al formato de sus temas.

En una entrevista con Indie Hoy destacó la labor de Mariano Manza Esaín como su tutor en la Bienal: “Se paró desde afuera a mirar la canción y ver cómo estaba funcionado o cuándo estaba chato (…) La visión externa fue clave para saber qué era funcional”.

Luego fue el turno de Gaby Améndola, con un comienzo bien rockero, tintes progresivos y acordes spinetteanos. El artista chaqueño grabó Madre Música, sucesor de Ficusfortaleza (2017). Son diez canciones que se nutren de la poesía onírica de Luis Alberto Spinetta, sobre todo de su faceta en Almendra (prueba de ello es el tema que grabaron con Rodolfo García en su disco anterior).

El grupo se mostró exultante, con alternancias y oscilaciones que iban de momentos jazz rock a un influjo del rock iniciático de los setentas. Se lució en “Brumas”, que remitía a bases de guitarras propias de un rock elegante que podría circunscribirse al universo de Pedro Aznar. El álbum fue producido por Ariel Polenta, quien también aportó teclados y trabajó con Lisandro Aristimuño.

Nahuel Briones fue el encargado de acallar el bullicio constante, un clásico en este tipo de eventos. Vestido de chupines, borcegos, saco, corbata y guantes con brillos; con las uñas pintadas y un rubio platinado rabioso que ya es una marca registrada, presentó El nene minado, su cuarto álbum y quizás el punto más alto de su carrera. El cruce de los unders (2015) fue producido por la leyenda Jorge Álvarez, y Guerrera/Soldado (2017) y Pera reflexiva (2011) recibieron buenas críticas.

Plantado solo en formato voz y guitarra, recreó los diferentes climas, pulsos y beats de sus canciones: por momentos más susurrado, a veces más bluesero, otras veces más electrónico o bailable. El highlight de la noche fue, sin dudas, “Bailamos”, corte de difusión que despertó el baile frenético del público hasta producir un pogo, con un estribillo que lee la época y el auge del feminismo con ironía: “Bailamos, como si hubiesen separado la iglesia del estado”.

Briones, que supo construirse como una figura irreverente y casi andrógina, pasó de los pasillos del Pachá a los grandes escenarios. Hoy destila inteligencia a la hora de componer no solo en lo instrumental sino, también, en la lírica, con frases que tienen potencia de grafitti como “No seas como el periodista de rock que odia a todos los humanos y ama a sus perritos”.

El cierre estuvo a cargo de El Zar, banda que comenzó como un dúo y amplió su estructura a una segunda guitarra, batería, bajo y sintetizadores. Le dieron el toque alternativo a la noche con destellos de britpop de la escena Madchester y bajos densos, casi postpunk. Sus melodías contienen una fibra melodrámatica que alcanzó su techo con “Los chicos no entienden”, en donde narran una relación tóxica con un tecnopop cuasi dark que remite a Echo and the Bunnymen. El dúo compositivo de Facundo Castaño Montoya y Pablo Giménez se mantiene: ambos estuvieron detrás de los ocho tracks de su disco A los amigos, producido por Iñaki y Salvador Colombo de Bandalos Chinos. El Zar fue convocado para el Lollapalooza 2018, aunque no pudo participar porque ese día se suspendió por el temporal.

Las cuatro propuestas, posicionadas un poco más o un poco menos en el cuadrante del rock, demostraron que la música joven late fuerte y que las políticas públicas que fomentan la cultura emergente deben mantenerse y ampliarse, más allá de todo.

 

…ayer llegaron los discos de @gabyamendolatrio 💎🔥🙏✨. . . . ph: @gino.giglio

Una publicación compartida de Gabriel Amendola (@gaby.amendola) el 26 Jul, 2018 a las 1:24 PDT