En un show de dos horas, los alemanes recordaron al público por qué ellos son una banda ineludible en la historia de la música. Las idas y vueltas judiciales que casi empañan la fecha hicieron de la cuarta presentación del grupo en Argentina una de las más resonantes del año.

Kraftwerk finalmente dio su show en el Luna Park y fue una de las presentaciones más memorables de 2016. El juez Lisandro Fastman había cancelado hace algunas semanas el recital debido a que lo consideraba una fiesta electrónica. Tras dejar sin efecto la medida, las entradas que quedaban aún disponibles se vendieron en pocos días. Los preámbulos legales elevaron al concierto de Kraftwerk a gesta libertaria por el derecho a escuchar música en vivo.

Cerca de las 21:15 h se apagaron las luces y ante un estadio colmado aparecieron cuatro figuras pixeladas en una pantalla de fondo rojo. Después de la ovación inicial, se colocaron en fila en el siguiente orden: Ralf Hütter, último miembro de la formación original, Fritz Hilpert, Henning Schmitz y Falk Grieffenhagen. No abandonaron esa posición en las dos horas que duró el espectáculo.

En una presentación de Kraftwerk el foco nunca está en lo imprevisible sino en el trance que consiguen a través de los focos temáticos que genera su música. Los músicos involucraron a la audiencia en el mundo particular de cada uno de sus discos. Así arrancaron con Numbers.  Los siguientes tres temas fueron todos de su álbum Computer World (1981). Luego tocarían cuatro seguidos de Die Mensch-Maschine (1978) y el modelo se repetiría con canciones de sus discos Autobahn (1974), Radioactivity (1975) Electric Café (1986) Tour de France (2003), Trans-Europe Express (1977) y Minimum-Maximum (2005).

El esquema de agrupar temas en núcleos estéticos se vio reforzado por uno de los mayores atractivos que ofrecieron los de Düsseldorf: la experiencia de un show en 3D. Las proyecciones en las pantallas no eran invasivas: armonizaban con estados que buscaba generar la melodía. Así, el público quedaba atrapado en trances que cada tanto estallaban en euforia cuando sonaban hits como The Man Machine, The Model o Trans-Europe Express.

Tras tocar The Robots, el conjunto se fue unos minutos y volvieron para los bises. Para ese entonces, el calor que había concentrado el Luna Park dificultaba disfrutar la música con la misma intensidad que al principio. La parte final giró en torno a los últimos álbumes de la banda y recordó al público que ellos fueron un mojón ineludible para entender el origen de las raves que surgieron a fines de los 80 en toda Europa.

Con Music Non Stop sonando en loop, los miembros de Kraftwerk se fueron retirando paulatinamente hasta quedar solo Ralf Hütter. Entonces, la máquina se volvió hombre y agradeció la calidez del público en un inglés con impronta alemana. La estética minimal que siempre los caracterizó no fue una excepción a la hora de los agradecimientos, pero Hütter dejó en claro que detrás de las máquinas hay mucho sentimiento.