Como icono de las redes sociales, goza de una extraordinaria influencia en la marca de ropa, la música y las peleas de su esposo. La estrella más grande de la familia del hip hop en la televisión revela cómo funcionan su matrimonio y sus negocios juntos, y por qué hizo lo que hizo: “Simplemente quise proteger a mi marido”.

Una reciente mañana de septiembre, Kim Kardashian West se levantó al amanecer y se vistió, como siempre, con un conjunto que su marido, Kanye West, le ayudó a seleccionar. Se pasó la mañana filmando Keeping Up With The Kardashians, su reality show del canal E!, y ahora, justo después del mediodía, está flotando a través de un contingente de periodistas que la esperan afuera del hotel Mercer de Nueva York. Su look consiste en un par de botas altas de vinilo transparente hasta los muslos, un par de shorts de jean de Levi’s, un corpiño celeste La Perla que transparenta los pezones y una campera enorme de jean de la marca de ropa que lanzó Kanye en la misma época en que sacó su más reciente álbum, The Life of Pablo.

En el tiempo que le toma salir de su Mercedes y llegar a la puerta del hotel, los fotógrafos disparan sobre ella docenas de veces. Las imágenes rápidamente se hacen camino a Internet, y para el momento en que Kardashian West, de 36 años, ya comió mitad de su almuerzo en el lobby del hotel, empieza la lluvia de mensajes de texto a su teléfono. Las botas, que hacen que ella parezca salida de una película de Austin Powers, son la primera revelación al mundo de lo que va a ser la cuarta temporada de Yeezy, la marca de ropa de su esposo. La ropa debutó al día siguiente en el show más polarizante y más llamativo del New York Fashion Week, marcado por compradores y editores de moda exhaustos –que fueron llevados en colectivo horas antes a la remota sede del evento–, y modelos con pilas de ropa encima caminando bajo el caluroso sol de Nueva York.

No es ningún accidente, por supuesto, que Kardashian West estuviese mostrando un avance del gran momento de Kanye. Se convirtió no solamente en su musa, sino también en la consola y el amplificador de su mensaje –y, por lo tanto, en una de las personas que no hace música más influyentes de la música–. Kanye, mientras tanto, se ufana del éxito de las apps de su esposa, su sex appeal definitorio de una era y su poder en la comunicación de masas. Los dos están, dice Kardashian West, “obsesionados el uno con el otro”. En un mundo donde ambos son receptores de malos deseos, se cuidan entre ellos.

Se elevaron mutuamente –afirma Ryan Seacrest, viejo amigo de Kardashian West y productor de su show–. Kanye está constantemente pensando en innovar y en distintas perspectivas, y ves su influencia manifiesta en cosas que ella hizo en los últimos años”.

La música es, por supuesto, tan solo uno de los mundos en los que Kardashian West hizo su magia. No solo pasó de ser la estrella más grande de la historia de los reality shows a convertirse en una influencia sin parangón de las redes sociales, la moda y la belleza, sino que también se estableció como una figura poderosa en Silicon Valley, acreedora de millones de dólares en 2016 por sus apps Kimoji, Kim Kardashian: Hollywood y Kim Kardashian West Social App, que provee a los suscriptores de contenido exclusivo sobre, bueno, ustedes saben. Y no es solo una mujer de negocios: es madre de dos hijos birraciales con un marido afroamericano (“Cuando estaba embarazada rezaba para que mi bebé pueda soportar esta vida“) y logra un balance fantástico entre trabajo y vida. Incluso se metió en la política, apoyó a Hillary Clinton y recientemente sacó una solicitada de página completa en el New York Times desafiando a quienes niegan que la masacre de armenios por los turcos a principios del siglo XX haya sido un genocidio (un tema de suma importancia para su difunto padre armenio-americano, Robert Kardashian).

El saber popular entiende que Kardashian West es famosa por hacer nada y que su celebridad hegemónica es un síntoma del colapso civilizatorio tan grave como lo es el Brexit o la popularidad del borde de la pizza. Pero por supuesto que no es cierto. En todo caso, Kardashian West significa mucho para mucha gente –82,9 millones de seguidores en Instagram, 48 millones en Twitter, 10 millones de televidentes de su show en los Estados Unidos solamente, el sinnúmero de fans que llevaron sus apps a la cima de los charts de Apple– porque hace tantas cosas, y todas las hace bien. “Es un multitasking de otro nivel”, sostiene Kris Jenner, su madre.

En lo que respecta al status como pareja importante de la cultura pop, sus únicos rivales reales son sus amigos Beyoncé y Jay-Z. Pero Bey y Jay son celosos guardianes de su privacidad, y Kardashian West y Kanye son menos remotos, más identificables y, aparentemente, menos complicados en su amor y sociedad. Ella siempre se metió en el gran abanico de actividades de Kanye, desde sus discos “en progreso”, los cuales cargó a su iTunes, hasta el diseño de la escenografía de la gira actual. “Soy una crítica absoluta –afirma–. A veces digo ‘OK, las luces deberían ser diferentes acá’. Él ama la opinión. Después va a ensayar al día siguiente y lo perfecciona completamente”.

Durante el momento clave del año de Kanye, no obstante, no solamente dio su opinión: controló la narrativa entera. La historia es casi una especie de fábula de la cultura pop. Kanye lanzó la canción Famous, que incluye la línea “I feel like me and Taylor might still have sex/Why? I made that bitch famous [Siento que Taylor y yo todavía podremos tener sexo/¿Por qué? Yo hice famosa a esa perra]”, y después tuiteó que Taylor Swift había aprobado la letra. Swift rápidamente sacó una declaración condenando la canción y sosteniendo que nunca había estado de acuerdo. La cuestión se mantuvo por unas semanas hasta que Kardashian West sacó todo su ímpetu, su celebridad y su influencia y retrucó, diciendo en una entrevista que ella tenía evidencia de que Swift había aprobado la canción. Después, con un timing perfecto respecto a su propio show, en un episodio centrado en el tema, lanzó vía Snapchat el video de la llamada en el que Kanye compartía algunas de las letras con Swift, finalizando así la pelea con una resonante victoria en la corte de la opinión pública.

¿Cómo fue que la pareja decidió que Kardashian West sea la mensajera? Ella suspira con un dejo de teatralidad y dice: “Ugh, ¿en serio tenemos que hablar de Taylor Swift?”. Un poco. “Lo superé hace mucho –afirma riéndose–.Si hubiera sido por Kanye, probablemente nunca habría salido. Lo puede manejar, no tiene rencores. Ni le importa. Yo solamente quise proteger a mi marido. Lo vi recibiendo un montón de boludeces”.