El MC regresó a la Argentina para presentar 'El Círculo'.

Los medios en español se cansaron de decir que el rap se estaba extinguiendo. Pero por 1995, un zaragozano de 15 años del barrio de La Jota empezaba a resonar en la escena del hip hop local con los álbumes Rompecabezas y Dos rombos (que incluía Soy de Aragón). Eso le abrió las puertas para que colabore con Hate (MC), Lírico (MC) y R de Rumba (DJ), con quienes terminó formando la mítica banda de rap Violadores del Verso. Dos décadas después, Javier Ibarra Ramos –hoy conocido como Kase.O– consolidó su carrera solista con una exitosa gira internacional. Muchos lo llaman el “Rey del hip hop español”.

Luego de su primera presentación en Buenos Aires (en 2015 en Niceto Club, con Jazz Magnetism), el aclamado rapero volvió al país y presentó El Círculo, su nueva apuesta de una hora y dieciséis minutos de hip hop duro. Furia, misantropía, ego y flow con la magia de la vieja escuela. El show tuvo lugar el sábado en Groove, con más de mil seiscientas personas que el MC dividió entre primerizos y reincidentes.

Antecedido por su invitado Momo −que calentó al público con seis temas de su nuevo trabajo Tetsuo −, Kase.O apareció en el escenario con cero decorado y mucho juego de luces. El poeta se movió ágil sobre las tablas y rapeó con la frescura que lo caracteriza. Usó al público de coro y jugó con mini coreografías chistosas. Con el sólido respaldo del DJ R de Rumba y el telonero, corista y agitador Momo, interpretó cada tema del flamante álbum y mechó clásicos como Ballantines, Como el sol y el infaltable himno Chupala.

Sorprendió con un relato sobre una visita a casa de su amada para cantarle una serenata en forma de Mazas y catapultas, una de las apuestas más arriesgadas de El Círculo. Después, subió la temperatura con Mitad y mitad, en un desborde erótico que hizo estallar a las mujeres. Pero también hubo tiempo para homenajear a varios MCs y hacer honor a las bebidas patrias con un fondo blanco de licor café. También se acordó de los olvidados en el Sahara Occidental y pidió un grito de paz para ellos.

Amenazó con irse dos veces, pero el público argentino lo hizo volver. Sobre el final −aunque habrá un segundo round en 2018 en el Luna Park−, llegó el momento más intimista: sentado en una silla y con una luz sobre su cabeza, cantó Basureta (Tiempos raros), el tema que más expuestos deja a sus fantasmas. La sensibilidad abrió el paso para Outro con el mensaje de que “cuanto más amor das, mejor estás”. Viva el rey.