Con la impronta de vanguardia que les es propia, el grupo londinense liderado por Tom McFarland y Josh Lloyd-Watson se presentó por tercera vez en nuestro país, ante un teatro sold out.

Finalizada la temporada de festivales de verano,  el calendario de recitales se acomoda y el show de Jungle era uno de los más esperados: los ingleses agotaron Vorterix un mes antes. Luego de su debut argentino en Niceto en el 2015 y su presentación en el Lollapalooza 2016, esta vez llegaron para presentar For Ever  (2018) su segundo álbum de estudio.  

La agrupación liderada por Tom McFarland y Josh Lloyd-Watson mantuvo intacta su premisa de hacer música por encima de sus nombres. Desde las primeras estrofas de “Smile” y “Heavy California” -las dos canciones de For Ever con las que habitualmente abren sus conciertos- ninguno de sus siete integrantes pasó desapercibido;  ni por el vestuario (con los siete integrantes vestidos en tonalidades similares de blanco y beige) o la puesta en escena con juegos de luces que reforzaban el efecto de la vestimenta, otorgándole coherencia a su concepto estético.

Jungle hace lucir fácil lo difícil, manejan de manera delicada la temperatura del show sobre las canciones y saben jugar con sus hits como “Heat” o “Platoon”, intercalados por “Happy Man” o “Cherry”. Mantienen la percusión como una fiebre latente, mientras el público baila como poseídos por un vudú soulfunkadélico postmoderno, todo bajo el velo de las cuatro afinadas voces. Llenos de recursos, también recurren a la sólida base de bajo y batería en canciones como “Pray” o “Casio”, uno de sus últimos hits.

Los gritos de “Olé olé olé, Jungle, Jungle” desconcertaron a sus integrantes que si bien ya conocían la miel del público argentino, lucieron visiblemente emocionados por la calidez de la audiencia. Agradecieron constantemente, sonrieron y jugaron todo el tiempo al ritmo del clima generado en Vorterix.  Con la elegancia como patrón, sin perder el groove ni por un instante, Jungle demostró una vez más que no hay un género que pueda definir su sonido. Son una propuesta única e irresistible que produce un efecto inmediato: bailar.