Desde 2011, Juanse es noticia por sus discos, por sus recitales y por su renacer espiritual. De a poco, logró imponer su carrera solista tras la separación de Ratones Paranoicos, volvió a tener un buen poder de convocatoria y no paró de grabar temas propios o versiones de Pappo y de Vox Dei. Ahora, la novedad es el homenaje a sus canciones por parte de los artistas del sello Geiser.

A cinco años de su partida de Ratones Paranoicos, Juanse se encuentra en uno de los momentos de mayor productividad y exposición de los últimos tiempos. Fue invitado a los dos shows de La Beriso en el Estadio Único, tocó en el regreso de Raúl Porchetto a los grandes teatros porteños y se sumó a la reciente presentación de Celeste Carballo en el ND. Además, llenó cuatro veces La Trastienda y el 7 de octubre del año pasado se dio el inmenso gusto de estar con el papa Francisco en el Vaticano. Imposible pedir más.

Discográficamente, desde 2011 grabó dos trabajos en estudio con temas propios, un álbum en vivo, un homenaje a Pappo y ahora una versión de La Biblia, de Vox Dei. Para coronar esta etapa de gran visibilidad, un seleccionado de artistas del sello Geiser lanzó un disco con versiones de los temas más emblemáticos de los Ratones, por ejemplo, Sucia estrella, Girando, Isabel, Carol y Enlace.

En un alto de la producción de fotos con algunos de esos artistas, Juanse se tomó un café y contó detalles de su último proyecto y su opinión sobre este merecido tributo. “El homenaje surgió de la nada –dijo–, porque solo recibí la noticia. No me consultaron a ver qué me parecía. Me dijeron que lo estaban haciendo y que simplemente me querían informar. La verdad es que estoy agradecido y más que nada contento, porque sé que la gente de nuevas generaciones experimentó con estructuras que en su momento fueron muy criticadas. Porque nosotros vinimos, de alguna manera, a embrutecer un poco el rock nacional. Y creo que este disco es un homenaje a las canciones y a un sonido que ya tiene casi 30 años”.

¿Qué versiones te gustaron de Ceremonia – Geiser revisita Ratones Paranoicos?

– Todas. Me gustan Cowboy por Fetzet, Para siempre por Francisca y Los Exploradores con Julieta Venegas… básicamente todas. Me gustan los cambios que proponen en algunas versiones. Me sorprendió que estuvieran temas del primer disco. Lo que esto contiene es específicamente no estar fijándose qué piensan los demás. Como los Ratones, donde no era fijarnos a ver qué pensaban de nosotros, sino encontrar gente que pensara como nosotros.

Ustedes rompieron con el sonido pop de los años 80 y con el viejo rock progresivo anterior…

– Sí. Rompimos más que nada con la complicación de encontrarnos en la pretensión. Justamente, lo que yo venía contemplando musicalmente era Spinetta, Zeppelin e incluso Frank Zappa. ¡Close to the Edge, de Yes, se escuchaba dos o tres veces por día! Entonces, ¿qué pasa? Ahí es donde nosotros nos cansamos. Porque si bien Spinetta era muy evolucionado y fue muy importante en el cambio que impuso dentro de esa línea donde aparecieron Invisible, La Máquina de Hacer Pájaros y algunos proyectos aislados anteriores como el de Claudio Gabis, todavía era todo muy precario desde el punto de vista técnico. Ya entrando en los años 80, uno obviamente había encontrado un contacto con la camada de la línea musical que el establishment de la industria discográfica no permitía que entrara masivamente. Se editaban cosas, pero no se las apoyaba porque ellos tenían otro mercado construido. Es lo mismo que pasa ahora: hay un mercado construido alrededor de toda esta cuestión ideológica callejera, que ya está saturada y es cansadora. Supongo que va a aparecer una banda que va a volver a empezar a hacer lo que hacíamos nosotros.

¿Cuál fue el aporte de Ratones Paranoicos al rock argentino?

– Sacar un poco de eje a la parte de rock mecánico y artificial. Le dimos espontaneidad y también muchos defectos, porque todo es perfectible y para eso están los demás. Estábamos muy ensayados, y por otro lado, mucho más preocupados por la cuestión técnica que por lo demás. Nos preocupamos especialmente por seguir sonando, y yo creo que este disco de los Ratones lo comprueba, porque es un homenaje a las canciones y a un sonido que ya tiene casi 30 años.

Más allá de este tributo de “los artistas Geiser”, hay un vínculo tuyo con las bandas nuevas por la experiencia de ser jurado en concursos tipo Rock del País.

– Sí. Ahí estuve el año pasado. Ahora estoy con Camino a Abbey Road. A mí mucho no me atrae ser jurado, pero sí me gusta dar una opinión. Dar rosca a lo que uno siente que tiene otra posición frente a lo que está establecido.

¿Qué vino primero, alguna participación como jurado o la publicidad de Paso de los Toros Limón?

– La publicidad. ¡Cierto, me hiciste acordar de eso! Bueno, ese sería mi programa, con el botón para que caigan en la fosa los que no me gustan. No puedo creer que un chico diga que algo le gusta o no cuando lo está escuchando en su teléfono. ¡Eso es impresentable!

¿Cuándo se te ocurrió regrabar La Biblia?

– Es una manifestación concreta. No relato todas las que tuve porque sería tedioso, pero esta sí hay que relatarla. Hace ocho meses, me lo propuso un amigo mío llamado Juan García, que es dueño de una cadena de restaurantes, en una reunión con Palito Ortega y el obispo de Laferrere, Gabriel Barba. Nos miramos con Palito, nos pareció una locura y le contestamos que no, más que nada porque no había compañía discográfica de por medio y cada uno estaba con sus respectivos compromisos, y hacerlo era todo un desafío y un esfuerzo muy grande, por más que tuviéramos el presupuesto que necesitáramos. ¡Iba a ser una cosa para consumir entre amigos! Quedaron un poco desencantados con la respuesta, claro, pero seis meses después, en una reunión con Pelo Aprile, que es el que me convocó para hacer Pappo x Juanse y el disco en vivo, él me dijo que le gustaría que grabara La Biblia de Vox Dei. ¡Fue una manifestación! Accedí y además llamé a Juan inmediatamente para contarle lo que había pasado.

¿Escuchaste La Biblia en el año en que salió o eras muy chico?

– Tengo que agradecer a un amigo llamado Luis, que compró el disco apenas salió y se lo aprendió de memoria. Todas las noches de nuestra vida, hasta 1978-79, escuché La Biblia tocado entero por él en la puerta de su casa con su guitarra criolla. Es una obra increíble por donde la mires, desde la poesía hasta la estructura musical. Lo más difícil fue armar la maqueta, y eso estuvo a cargo de Ponch, que es mi mano derecha en el escenario y en el estudio. Yo quise conservar la esencia del espíritu que hizo que Vox Dei la grabara.

¿Cómo encaraste la voz y el tono?

– Y… ¡canté “a lo Johnsi”! No podía irme a ese tono porque habría quedado como una cosa artificial, entonces hice una interpretación de la música. A mí me gusta para La Biblia el sonido de Led Zeppelin, y en la voz me inspiré mucho en Lou Reed. ¡Me imaginaba un Lou Reed católico! También fueron inspiradores el Van Morrison de la primera época y Elvis. El quinto track es puro Elvis.

¿No pensaste en convocar a Ricardo Soulé, Willy Quiroga o Juan Carlos Godoy?

– No convoqué a ninguno de los Vox Dei porque justamente me preocupé por tener mi propio criterio para hacerlo, y lo hice en la memoria de Basoalto, que era un tipo fantástico con el cual toqué muchos años, zapando e inclusive con Vox Dei. Aparte, nosotros tocamos en otra afinación, así que todo fue adaptándose. Y todo se va superponiendo. El que sí está es Raúl Porchetto, en Guerras y en los coros de las Profecías.

Finalmente, Palito no está en el disco…

– No, porque estaba de viaje y tuvo que hacer de todo.

 Venís de grabar dos homenajes. ¿El próximo álbum será con temas propios?

– Sí. Sacaré mis propias cosas. Ahora estoy enfocado en sacar singles. No quiero estar comprometido con nadie, esa es la verdad. Tengo más de 300 canciones terminadas, pero hay que darles forma y voy a ver qué tipo de sonido tomo, porque volví a usar la Stratocaster e inicié una relación con la Martyn 1936 que compré en Memphis. Me gusta el sentimiento de Clapton y Dylan, pero la verdad es que no escucho más música y vivo adentro de mi parroquia. Lamentablemente ha crecido demográficamente el auditorio musical del rock and roll y todo se basa en una acumulación tipo estadio, que no me gusta. Yo quiero estar tranquilo. Nosotros hicimos cuatro Trastiendas y un Gran Rivadavia, pero antes me costó que la gente se diera cuenta de que los Ratones por ahora no existen más y que acepten este cambio estilístico, aunque siempre dentro de lo que es el rock and roll y dentro de mi idea de transmitir todo lo contrario de lo que era esa ideología de reviente absurdo.

¿Te gusta que te inviten a tocar en recitales de otro artista?

– Sí. Me gusta que me llamen. Estuve con La Beriso, Porchetto, Celeste y Jóvenes Pordioseros. Y Charly vino a uno de mis Trastiendas. Tengo un gran aprecio por Rolo, Toti y todos, aunque obviamente uno tiene su corazón con gente como Andrés, Pappo, Luis, Charly y Fito.

¿Es cierto que conociste a Astor Piazzolla?

– Sí. Yo tenía 12 años, estaba en Villa Gesell y lo vi pasar caminando. Me acordé de que uno de mis tíos era de la barra de Pichuco, donde paraba Astor, y que le decían “Rengo”. Así que le dije “Eh, Rengo, ¿no me das unas entradas para verte tocar?”. Se detuvo, me preguntó cómo sabía ese apodo y me hizo entrar con mi primo. Lo increíble es que me dejó acompañarlo en camarines durante las tres funciones. Ahí, yo tocaba el bongó, y él, el bandoneón.

¿Hay posibilidades de una reunión de Ratones Paranoicos?

– La situación con Ratones es particular, porque el grupo no se disolvió. Es un break que no se sabe si va a durar cinco, ocho o diez años. Al único que veo cada tanto es a Pablo Memi. A los otros dos no. Tampoco éramos tan amigos como antes de salir con la banda. Yo soy una persona que siempre estuvo apegada a su familia, con las idas y vueltas que tiene la vida familiar. Son los únicos que han demostrado estar presentes en las adversidades y los momentos buenos.