El último éxito de Juanes, Fuego, lleva más de diez millones de reproducciones en YouTube. Con ritmo de cumbia, es el primer single de su nuevo trabajo, Mis planes son amarte. Música sin instrumentos, loops, reggaetón y redes sociales bajo la mirada del guitarrista colombiano que fue descubierto por Gustavo Santaolalla y que inició su carrera haciendo heavy metal.

¿Qué pasa con la música colombiana, que está teniendo mayor repercusión en otros países?

– Creo que en Colombia hay mucho para contar. Mucha historia, mucha música, ritmos con influencia africana e indígena. Esta mezcla, sumada a todo lo que hemos tenido que vivir, ha generado mucha creatividad. A mí me alegra muchísimo ver que pasa esto. Desde la época de Carlos Vives, Shakira y hasta hoy, todos los que hemos pasado por ahí y los que vienen vamos mostrando que en nuestro país también están sucediendo cosas buenas.

¿Sos de escuchar música nueva y el Billboard Hot 100?

– Estoy escuchando música nueva todo el tiempo, para aprender, para entender y saber dónde estoy. Qué me gusta y qué no. Juan Luis Guerra me dijo un día que tenía que escuchar música nueva todos los días porque era lo que me iba a mantener siempre vigente. Seguí su consejo, y me gusta descubrir. Me pasó, por ejemplo, con Medrano, Bomba Estéreo, Diamante Eléctrico. Se vuelve supermotivante.

¿Podés explicar el boom del reggaetón? En tu nuevo trabajo se nota la influencia.

– Hay una nueva actitud, ¿entiendes? Los más jóvenes están componiendo una nueva estética para hacer la música. Tuve la oportunidad de trabajar en mi reciente disco con Sky y Mosty, que son supertalentosos y tienen otra forma de ver las cosas. El pop de hoy es el reggaetón. Antes era solo un grupo específico de gente, y ahora tomó una dimensión enorme. Obviamente, como todo en la música, son ciclos que después se estabilizan. Claro que la poesía que hay en un ballenato comparada a la letra de un reggaetón a veces es difícil de comparar. Lo que importa es la calidad musical, lo que está bien hecho. Siempre estuviste ligado a la guitarra Fender Stratocaster.

¿Qué pasa con la instrumentación por sobre las programaciones que tanto se escuchan?

– Eso es lo que más duro me da. Al rock lo veo debilitado y disperso, a menos que sean gigantes como Metallica o Slipknot o bandas clásicas. Yo llego a un evento de música o de premios, y somos contados con los dedos de las manos los que tenemos un instrumento. Eso me frikea. Me pregunto si ya no hay gente tocando guitarra, bajo o batería. De hecho, me impactó muchísimo cuando fuimos a grabar las bases de mi nuevo disco a Record Plant, que es un estudio mítico en Los Ángeles donde todo el mundo ha grabado, y los ingenieros me decían que era raro que se grabara una batería. Me explicaban que todo está muy metido en el mundo digital, de programación, que es otro mundo, chévere, pero no puedo dejar lo orgánico y mi guitarra. Lo que hice fue combinar ambos lados. En 2001, cuando Gustavo Santaolalla produjo mi álbum [Fíjate bien, su debut como solista nominado a siete Grammy Latino], lo hicimos con batería tocada y con loops y mis guitarras. Volví a aplicar esa misma idea ahora, pero con un sonido más fresco y canciones con energía distinta.

¿Cómo te adaptás a esta nueva era?

– Me adapto sin dejar de lado lo que soy. Por cómo funciona el mundo de la música, todo ha cambiado. Vas a Spotify y escuchas lo que quieres. Entras en YouTube y miras cuando quieres. La radio es ahora otra pata de la mesa. Lo más importante para mí hoy es sentir que me gusta lo que hago artísticamente. Puedo salir a defenderlo como sea y cuando sea. Las expectativas se manejan de manera distinta. Las redes sociales, los followers, quién te da like o no, es algo muy misterioso de alguna forma. Por eso prefiero estar aferrado a las canciones, a la música, a los acordes, a las progresiones, a las melodías y a lo que me gusta. Cuando estoy en ese lugar, me siento cómodo.

Además, los contenidos de Snapchat o Instagram stories duran 10 segundos…

-¿Qué más puede pasar, tú me entiendes? [risas]. Primero era un minuto, después 15 segundos, ¿cuánto más pueden bajarle la duración? Mis hijas usan todo el día Musical.ly haciendo videítos de canciones y duran también 10 segundos, y me pregunto adónde vamos con todo esto. Al mismo tiempo, me llena de optimismo ver que la música se propaga de una manera impresionante por la cantidad de lugares adonde llega, lo que es bueno. Lo único que no se puede reemplazar es un concierto en vivo, y eso le da su validez al escenario y a tener tu instrumento y tocarlo.