La artista revisita sus canciones a partir de la reedición de "Segundo" y explora nuevas propuestas con el regreso al vivo.

Pocas músicas tienen tanta vida propia como la que sale de Juana Molina. Su trayectoria – apenas tejida en siete discos de estudio, porque la artista es más que eso – lo comprueba. Las canciones de Juana viven, y trazan su propio recorrido hasta alcanzar su – comprometidísimo – público. “Que la gente vaya conectando de a poco con lo que hago es medio la historia de mi vida musical”, resume.

Para conmemorar el vigesimoprimer aniversario de Segundo (2000) – el disco que inició su carrera internacional – Juana lo remasterizó para vinilo junto a su sello discográfico, Sonamos. Una vez más, la música de Juana mostró su propio vigor para llegar a nuevos contextos. Así lo celebra: “Mucha gente de prensa de afuera lo agarró y le dio más bola que cuando salió por primera vez”.

Los festejos por el regreso de Segundo – su “hijo pródigo” también se extendieron arriba de los escenarios. Presentó Juana Sola en CABA, Rosario, Santa Fe y Córdoba, un nuevo formato individual – con una cuota de improvisación que anhelaba cumplir hace rato -. A futuro, se prepara para sonar junto a su colega en batería y percusión, Diego López de Arcaute, en dos shows de puesta intermedia el 11 y 12 de diciembre en ND Teatro (CABA). Todos los tickets para los próximos shows,acá.

¿Qué se siente volver a los escenarios?

Estoy muy contenta, fueron unos shows lindísimos. Es una cosa nueva que estoy haciendo y salió muy bien. Volvimos muy contentos, porque cuando uno prueba cosas no sabe cómo va a reaccionar el público. Es algo que quería hacer hace mucho, la mitad del show improvisado.

La remasterización de Segundo, este nuevo formato de shows, ¡cuánto redescubrimiento!

Sí, sí. La reedición de Segundo tuvo un recibimiento inesperado. Mucha gente de prensa de afuera lo agarró y le dio más bola que cuando salió por primera vez. Nos puso muy felices porque no lo habíamos hecho para eso, lo habíamos hecho para que los fanas de ese disco lo tengan en vinilo. La repercusión fue enorme, no la esperábamos, dicen cosas muy lindas. Eso me da seguridad y avala todo el camino que elegí y por el que estuve andando todos estos años.

¿Qué fuiste a buscar ahí?

Quisimos que el disco esté masterizado especialmente para vinilo. El vinilo original se hizo con la masterización del CD, y son dos formatos completamente diferentes. El vinilo que se editó en 2003 en Inglaterra no suena ni a palos como el que hicimos nosotros. Este suena como suena la mezcla. Lo único que cambié fue una canción que no pude modificar al momento de grabar el disco, subir una voz que no se oía, algo pendiente de la edición anterior. No quería cambiar cosas del disco anterior, me pasó de escuchar discos remasterizados que dejaron de gustarme. Entonces intenté dejarlo igual a las mezclas finales, pero remasterizado para el formato vinilo.

¿Y el resultado?

Cuando lo vi casi me muero, tenía una profundidad y un volumen, un espacio sonoro muy impresionante. Me sorprendió lo bien que suena. Cuando me llegó la primera muestra del vinilo, escuché el disco como si no lo conociera. No puedo creer lo que hizo Daniel Osorio con la masterización. La hizo para que se reprodujera igual que en la cinta, igual que en la mezcla. El librito con la historia contada por Roque Di Pietro quedó muy lindo también. De golpe fue ver a mi hijo favorito después de que se haya ido de viaje, que vuelva pródigo a su casa. Fue muy lindo, es muy lindo todavía, a medida que lo van recibiendo. Van todos muy malcriados, algunos firmados en la tapa, otros en la contratapa, con nombre, con nombre y apellido. Después me escriben y es todo muy satisfactorio.

Qué lindo volver a lo físico, al detalle…

Sí! Sobre todo porque estamos en una época que es anti-eso. Creo que se aprecia mucho que la tapa sea linda, que esté bien impresa y armada, que suene bien. Es un proceso muy artesanal y lento. Los lavamos por 45 minutos, los secamos. Queremos que llegue lo mejor que podemos hacer a las manos de quien lo pueda poner en su tocadiscos.

¿Qué sentís cuando alguien que ya te escuchó y pasaste desapercibida conecta con tu música después? Y vos también, ¿redescubris tu arte?

Puede ser que a veces redescubro una canción. Ahora estoy tocando muchas canciones de Segundo en los shows y me doy cuenta de que nadie las conoce. Cuando toco los temas de Segundo todos quedan mudos. Los toco igual porque los quiero mucho, son parte de mí y hace mil años no lo hago. También reversiono mucho y es casi como hacer temas nuevos de temas viejos. Que la gente vaya conectando de a poco con lo que hago es medio la historia de mi vida musical. Siempre me pasó.

Hace muchísimos años recibí un email, con el título de “Confesión”. Era de un chico que me confesaba que su hermana era fana y que él y sus amigos se burlaban de ella porque le gustaba “esta música de porquería”. Pero un día, en un colectivo, se encontró cantando algo que no tenía idea qué era. De golpe, se dio cuenta que era una canción de Segundo. Me contaba que se convirtió en el fan número 1º y que no podía creer lo que tardó en llegar a mí. El tipo se sentía culpable de haber bardeado a la hermana y después volverse más fan. Es una música que tarda en entrar porque es distinta. Al principio decís “Sacame eso, ¿qué es eso? Poné algo que mi oído reconozca”. Pero esa es la historia de mi vida musical, estoy acostumbrada a que sea así.

Decís que hace tiempo querías hacer un show sola, ¿de dónde salió la idea?

Un poco del impacto de la cuarentena, creo. No me sentía con ánimos para salir a demoler hoteles. Quería hacer algo más chiquito, más íntimo. También tenía ganas de volver a ese modo que es en definitiva lo que hago. Los shows sola se parecen más a los primeros discos y más al espíritu de lo que soy. De todos modos, voy a hacer algunos shows en dúo con Diego López Arcaute.

¿Y cómo entra ese set en tu intención de retomar a Juana Sola?

Porque con Diego nos encontramos y a mí me gusta mucho tocar con él. Es un baterista increíble, con mucha sensibilidad y preocupación por que las cosas salgan bien. Es muy atento y muchas veces, cuando le parece que algo no queda bien, me lo discute hasta el último momento. Discute porque le interesa, no porque tiene ganas de discutir. Y son conversaciones de tres horas acerca de un compás de un tema. Eso me encanta, hace que después sea todo muy rico, rítmica y armónicamente. Es muy sutil y le encanta, entonces es muy fácil y placentero tocar con él. Discutimos, resolvemos y quedamos los dos felices. Hasta que no encontramos la mejor solución, no paramos.

Regresan los shows, ¿qué lugar ocupa el vivo en tu vida?

Me parece que un grupo, una música se define en el vivo. Podés hacerlo diferente a los discos, pero hay cierta musicalidad que se confirma o no en el vivo. Había bandas que no me gustaban nada hasta que las vi en vivo y dije “pará, algo tienen”. Como en los discos hay tiempo y lugar para cambiar cosas, las músicas a veces quedan medio duras, forzadas, armadas. Y lo cierto es que mis discos son todos hijos de la improvisación. Por eso tenía tantas ganas de hacer un show semi improvisado. Me gusta mucho esa primera idea que sale, tiene una frescura que – no sé cómo se percibe – pero a mí me da mucho placer, porque siento que estoy todo el tiempo haciendo algo nuevo, renovando lo que ya existe. Como nuestras células, que parecen las mismas, pero no lo son.

Tenés dos shows en La Tangente por delante, ¿qué se viene?

Es un repertorio distinto al del show sola. Las canciones que se repiten son distintas versiones también. Es una especie de intermedio entre mi show sola y el show que teníamos con el trío, va a ser distinto. Hubo que adaptar cosas, a mí me gustan esos desafíos, ver cómo tocamos el tema con lo que tenemos.

¿Qué estás escuchando ahora?

Mucha música muy vieja. Muchas cosas que no conocía, otras que conocía mal, otras que conocía mucho y hace tiempo no escuchaba. Desde Soft Machine, pasando por Syd Barret o Music Machine. Hay cosas cuyos nombres no recuerdo, Mario González – mi socio en Sonamos – me va mostrando muchas cosas que no conozco. Toda música entre el 64′ y el 72′, ahí está la raíz de todo lo que vino después. Es muy notable, no sé qué paso en ese momento, pero fue “el” momento.

Por último un halago: te adaptás muy bien a las redes, debo decir

(Se ríe) Me divierto con los filtros, sí. Voy recorriéndolos y, en cuanto aparecen, aparece la personalidad. Es como cuando hacía los personajes en la tele. Después de ponerme la peluca, el traje y el maquillaje, me transformo en esa persona. Con esto, listo, ya me transformo en la persona, el pelado o quien sea. Y soy ese tipo pelado, no estoy haciendo de ese tipo pelado. Yo lo hago y me divierto, sino no se divierte nadie.

Por Josefina Armendariz