El paraíso de loops de la cantautora en el Arena Heineken hizo que el público entre en un trance hipnótico.

Hay una forma magnética en los efectos de su música: el vaivén de murmuros, poesía fracturada y loops como montañas es lo único que Juana Molina necesita para construir un imperio a su medida. Acompañada por Odín Schwartz y Diego López de Arcaute -sus vitales secuaces-, la cantautora hizo en el BUE un show formato pocket donde estándares como Eras, ¿Quién?, Ay no se ofendan y Un día sonaron como la columna vertebral de sus intenciones.

Se puede bailar, mirar y entrar en el trance bucólico de los sonidos, donde ella es la que manda. Tan así que no se asomaron canciones del sucesor de Wed 21, en vías de ser publicado. Y está bien que así sea. Una de los mas grandes valores de Molina es la de no develar sus trucos y misterios. Después de todo, cuarenta y cinco minutos no alcanzan para procesarlos.