Con la presentación de su último trabajo, 'Automaton', los británicos comandados por el carismático Jay Key desplegaron su característico groove para 15 mil personas.

La brisa y el calor prominente del próximo verano se sentían cuando el foco de atención era el hitmaker argentino Maxi Trusso. Mientras, se esperaba el reencuentro con una de las bandas que, además de marcar un estilo propio, es de las más precisas de los últimos 25 años. Ver a Jay Kay ya con 47 años, más maduro y consolidado como uno de los frontmen más relevantes de las últimas décadas, intentando emular esos movimientos corporales que irrumpieron las pantallas de MTV desde la época de Emergency on Planet Earth (1993) fue fuente de inspiración. El cantante y notable bailarín, luego de haber superado problemas en su voz y una operación en su columna, irradiaba buena energía y ganas de bailar.

Musicalmente, no faltaron las combinaciones de funk, R&B, soul, rock, pop y las actitudes jazzeras que registraron en sus siete álbumes de estudio −casi 30 millones de unidades vendidas−. Con el correr de su obra, los ingleses alentaron un groove que los maximizó en prestigio en distintas audiencias. Por esa razón, se pudo ver en el predio −que estaba dividido en dos sectores con tickets de $1400 y $2700− tanto a músicos eximios como a personas de distintas edades que coreaban sus canciones más radiales como Cosmic Girl o Seven Days in Sunny June. En casi dos horas, se escuchó Shake It On en la apertura −de su último trabajo−, éxitos como Little L, Alright o Space Cowboy, y Virtual Insanity en el cierre de los bises.

En contraste con su habitual “uniforme” Adidas negro, se apreció la evolución en sus sombreros, gorras, plumas caciques, vinchas y cascos, que son marca registrada del cantante. En esta oportunidad, lució un diseño inédito de Moritz Waldemeyer, que gracias a las aletas y leds que se movían y cambiaban de color, lograba que el único miembro original del grupo se transforme en un ser robotizado que recordó a Daft Punk, Transformers o Mazinger Z. “Son uno de las mejores públicos del mundo. Cada vez que vengo que sorprendo más. Que pasen una muy linda Navidad, estuvieron increíble”, se despidió emocionado por la respuesta, los cánticos y bailes de un país que le abrió sus brazos por primera vez en Ferro, dos décadas atrás. Representando esas letras que siguen funcionando como mapas futuristas, Jamiroquai se renueva, y sus letras permanecen vigentes.