El 16 de marzo el británico llegará al Teatro Vorterix para presentar su tercer álbum, On my One (2016).

Es 2006, en Nottingham, y un niño de 12 años mira un capítulo de Los Simpson: Springfield tuvo una sobrecarga de energía que causó que todos los focos de luz estallen, lo que permite que se pueda apreciar la lluvia de meteoritos en el cielo; mientras tanto, el Sr. Smithers aprovecha la oportunidad para abrazar al Sr. Burns, Bart le roba el adorno de capó a Tony el Gordo y el Profesor Frink descubre que hay vida en otros planetas. Pero ninguna de esas escenas captura lo suficiente la atención del chico como lo que está pasando en términos sonoros: la sensible voz de Don McLean y el lamento de su guitarra en Vincent –un homenaje a La noche estrellada, de Vincent Van Gogh–. La canción es determinante en la vida del niño, Jake Bugg, que decide en ese momento empezar a tocar las seis cuerdas.

En 2007, le pide por primera vez a sus padres que lo lleven a un concierto: el de McLean en Sheffield. Una vez ahí, tiene la oportunidad de conocer a su héroe, pero no sabe qué decirle cuando lo ve. Cinco años después y dos álbumes a cuestas –aunque eso es una historia aparte−, Jake Bugg recibe una llamada de un tipo que maneja la website de Don McLean. “Hola, estaba limpiando los mensajes y encontré uno que escribiste vos hace cinco años”, le dice el hombre del teléfono, y le pasa el número de McLean. Pero fue el cantautor estadounidense quién lo llama, algunos días más tarde. “Estaba durmiendo cuando me despertó el celular. Él habló como 40 minutos, y yo habré hablado 60 segundos. Me dio consejos como ‘No te cases’. Fue una locura”, dijo Bugg en una entrevista con Zane Lowe en MTV Soundchain, en 2014.

Pero rebobinemos un poco antes de esa llamada. A los 15 años, Jake ya daba algunos shows pequeños en antros de su ciudad, y a los 17 audicionó para el Glastonbudget, aunque fue rechazado por ser principiante. Sin embargo, al día siguiente lo llamaron para el Introducing Stage del Glastonbury, un escenario para los que recién empiezan… y en 2013, 2014 y 2016 lo volvieron a invitar al festival, esta vez en escenarios más importantes.

Fue en 2011, con 17 años, cuando firmó con Mercury Records para su primer álbum, que lo elevó rápidamente a ser una figura popular: “No hago música para ser famoso, simplemente quiero hacer música y eso viene con el combo. Así que tengo que aprender a lidiar con ella, pero no me molesta mucho”. El folk rock de su álbum homónimo logró el puesto N°75 en el Bilboard 200 y tuvo un buen desempeño en los charts del Reino Unido, Irlanda, Escocia y Japón. Después vino Shangri La en 2013, que aunque no fue tan exitoso como el primero, alcanzó el puesto N°46 del Billboard 200. El 16 de marzo el británico llegará al Teatro Vorterix para presentar On my One (2016). Las entradas se pueden conseguir en www.allaccess.com.ar y en los puntos de venta a $950 + cargos de servicio.

En una entrevista dijiste que ahora todos pueden conseguir un N°1. ¿Es tan así? ¿Qué tan fácil lo ves?

No se supone que lo tomen literal. Pero es verdad que gracias a la disminución en la venta de discos no hace falta vender tanto para llegar a lo más alto de los charts.

¿Cómo es tu relación con la industria musical?

Es una lástima que las discgoráficas se enfoquen en cuánto vendés en lugar de en la música. Hay un montón de música grandiosa ahí afuera, que podría ser exitosa, pero la industria no está dispuesta a correr el riesgo; quieren una garantía de que el dinero invertido vaya a volver. Entiendo el negocio, pero a veces se hace difícil para el alma aceptar estas cuestiones: es complicado ser feliz cuando se les da lugar a un montón de sin talento, mientras que a otras personas que realmente valen la pena escuchar no se les da ni una chance.

¿Tener 23 años te limita la audiencia?

Quizás. Muchos creen que hago canciones para adolescentes, y supongo que en Argentina mi público es mayormente adolescente. Pero en Inglaterra es diferente, hay una mezcla de todo. Es fantástico.

¿Te interesa hacer hits?

Me interesa la música en general, pero la industria te lo demanda. Yo nunca tuve un hit. Todos quieren uno, y sonar en la radio. El tema es que a veces puede ser una maldición. Muchos logran tener un éxito, pero después no pueden sacar otro y se termina su carrera. Es bastante triste.

Es importante debutar con un gran álbum, como lo hiciste vos. Es la primera impresión. Con este último disco, ¿sentís presión de demostrar que todavía estás haciendo las cosas bien?

Por supuesto, siempre. Es difícil. Si hacés algo como en el primer álbum todos te dirán que es lo mismo y que no sos original, y si hacés algo diferente te dirán que a nadie le gusta porque no sigue la línea de lo que venías haciendo. Es duro ganar esa batalla. Yo solo me entrego a hacer música, y espero que a la gente le guste. Es mi plan por muchos, muchos años más.

Fire fue grabada con un iPhone y las fotos de tapa Camila Cabello para Billboard fueron tomadas con un iPhone 7. ¿Cómo te llevás con la tecnología?

Parece que eso funciona, es muy interesante. La canción la grabé hace tres años, así que el iPhone era diferente. Le daba un sonido viejo que me gustaba, y parece que a los demás también.