El sexteto británico de heavy metal hizo colmar el barrio de Liniers en una nueva visita a nuestro país presentando The Book Of Souls, su placa más reciente. Crónica y fotos.

Si hay un show en el heavy metal que parece ser garantía de calidad es el de Iron Maiden. La puesta en escena, los setlists, el sonido y la dinámica entre grupo y público, siempre funcionaron y resaltaron en las visitas a la Argentina del sexteto liderado por el mítico vocalista Bruce Dickinson. Incluso la vez en que la caída de un vallado en River en 2013 al inicio del show detuvo todo durante unos minutos. En esta ocasión, traían consigo una complicación logística tras el accidente de su avión, el Ed Force One. Pero aún así, todo parecía estar dispuesto de la mejor forma. 

A nivel público fue multitudinario, como era de esperarse tras lanzar un álbum como The Book of Souls, recibido cálidamente tanto a nivel critico como a nivel comercial. Según reveló el propio Dickinson durante la presentación, cuarenta mil personas estuvieron en el estadio José Amalfitani.

Doctor Doctor
, un cover de UFO, sonó por los altavoces alrededor de las 21.15. Para los iniciados, es la señal de que Maiden está por pisar el escenario. Tras un breve video, se encendieron las luces, mostrando a Dickinson detrás de una vasija humeante, en una puesta que evocaba el misticismo maya, con fuego en pilares esparcidos por el escenario.

Una vez pronunciadas las palabras iniciales de If Eternity Should Fail, tema que abre el disco, el grupo arremetió con las tres guitarras armonizadas de Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers por encima de la base sólida que marcaban Nicko McBrain y Steve Harris, batería y bajo, respectivamente.

Comenzó una seguidilla de canciones donde primó el material pocas veces escuchado. Speed Of Light dio lugar a Children Of The Damned, joya de The Number Of The Beast (1983). Siguió Tears Of A Clown, homenaje en el flamante álbum al fallecido actor Robin Williams, según mencionó el frontman, y después una nueva épica: The Red And The Black. Con una duración de 13 minutos y medio puede hacerse larga.

Tras dos clásicos como The Trooper y Powerslave, sonó el compacto Death Or Glory, que presentó ligeros problemas de sonido, y luego The Book Of Souls. Allí, la mascota del grupo, Eddie, en su atuendo acorde al álbum, salió a caminar por el escenario y batallar con Gers y con Dickinson.

Si hay una dificultad que siempre atraviesa Maiden en sus shows en nuestro país, es cuando flamean la bandera británica durante The Trooper, inspirado en la guerra de Crimea. Si bien cada vez fue en menor medida, es común escuchar abucheos y repudios. En este show no pasó, aunque eso no impidió que el frontman aludiera indirectamente a la cuestión. Dickinson mencionó que la canción trata sobre cómo los imperios ascienden y caen. De cómo la gente común queda en el medio. Desde ese lugar, buscando terminar de una vez por todas con el asunto, dijo: “Es genial venir a la Argentina siendo inglés. No quiero que haya más pelotudeces [entre nosotros]”, lo que generó un rugido de aprobación por parte del publico.

Hallowed Be Thy Name y Fear Of The Dark marcaron el principio del fin. Siguió Iron Maiden, donde Eddie, en formato inflable jumbo, hizo una nueva aparición para terminar el set principal. Los tres bises fueron The Number Of The Beast, Blood Brothers y, finalmente, en una elección inusual para el cierre, Wasted Years. Iron Maiden triunfó una vez más.

Fotos: Diego Fioravanti