Cuando tenía ocho años, en 1977, vio a Kiss en Philadelphia, época de Love Gun para el grupo de Detroit. El recuerdo le viene a la mente a Sam Fogarino cuando se le entrega en mano la edición de marzo de Billboard Argentina. También se acuerda, entre risas, de que estaba en los hombros de alguno de los familiares con los que fue al show, pero que fue bajado de ahí ni bien alguien prendió uno de esos cigarrillos que hacen reír.

Luego de la anécdota, el baterista del grupo neoyorkino Interpol posa para las fotos junto al guitarrista Daniel Kessler, al lado de un mural graffiteado en la zona de prensa dispuesta en el Hipódromo de San Isidro. Todo esto ocurre minutos después de que la banda diera su show como parte de la grilla del día 1 en el Lollapalooza.

¿Cómo se sienten en los festivales? Se toca de día, hay gente dispersa, menos canciones…

Lo has dicho, definitivamente, es un poco extraño. Es difícil estar en un estado mental y anímico óptimo, todo pasa rápido. Pero también hay que ver el aspecto social, en ese sentido los festivales pueden ser muy buenos. Hace poco leí que Kim Gordon (Sonic Youth) destacaba eso: en los festivales probablemente te encuentres con alguien que no ves hace mucho o incluso conozcas gente nueva. Está bueno abrir un poco el círculo, no ver solo a tu gente sino también a otros. Anoche los muchachos de Foster the People me sumaron a una salida. Es una buena oportunidad para encontrarse con colegas, nunca imaginé que iba a estar parado junto a Cypress Hill, solía amarlos y ahora están ahí, a unos metros, es espectacular. Además, el público en los festivales es enorme, hay mucha convocatoria.

¿Cómo reciben los comentarios que comparan a Interpol con bandas como Joy Division? ¿Se sienten identificados con esas comparaciones?

Los músicos también lo hacemos entre nosotros, “si te gusta esta banda, seguro te va a gustar esta otra, estos pibes son geniales”. Tiene que ver con la necesidad de identificar algo, y la mejor forma de hacerlo, la más efectiva, es compararlo con otra cosa. Es la manera en que medimos y le damos forma a nuestro gusto. No creo que necesariamente sea algo malo, aunque el lado sensible del músico, su ego, se ve ofendido cuando el periodismo no dice que nunca ha escuchado algo parecido.  Cuando vemos que el periodismo habla de los inicios de los ochenta, de Manchester y del post-punk como referencias, pienso que es buenísimo si un pibe al que le encanta Interpol, en la Argentina o en cualquier lugar, lee esas referencias y por esa razón se pone a escuchar un disco de Joy Division. Si bien prefiero no ser asociado a nada que no sea Interpol, no es algo malo. Estamos hablando de buena música.

Un cliché de la música y los recitales es que el público argentino es espectacular, pero desde acá es difícil ensayar un veredicto siendo parte y además lo que importa en estos casos es la opinión de los artistas. Esta es la tercera vez que Interpol viene al país, ¿ratificás o desmentís esa máxima?

– Es verdad, es totalmente cierta. Para ponerlo en una perspectiva global, diría que tiene que ver con la cultura latina: centroamérica, Sudamérica, Italia, Francia, España, en todos esos lugares hay algo extra, corre por la sangre esa pasión. No tienen pudor en exhibir ese sentimiento, no les importa un carajo, y eso es algo hermoso. Tengo antepasados italianos, así que lo sé bien. En otros lugares hay una preocupación por mantener la compostura. En lo personal, creo que el mejor público está en México, Argentina e Irlanda, y creo que la mayoría va a estar de acuerdo con ello.

Pasaron varios meses de la salida de El Pntor, ¿qué balance hacen hoy? ¿Cómo fue recibido?

Es el mejor disco que hemos hecho desde Antics, por las canciones y por el momento. Sea lo que sea que esté pasando en este momento, siento que estamos alineados con eso. Es buenísimo tocar una canción vieja y que la gente enloquezca, y luego tocar una de las nuevas y ver la misma reacción. Estoy muy orgulloso de este disco. Hay que disfrutarlo, porque puede no pasar de vuelta, no se puede estar siempre allá arriba, nunca se sabe.

FOTO: gigriders