¿El trap es un género en sí mismo? ¿O como subgénero del rap apenas se trata de una moda? Referentes locales como Emanero y Decano Flow desmenuzan la esencia de un estilo que busca desprenderse de su raíz para erigirse como vanguardia.

“El otro día me quisieron matar / Ametralladora pa pa pa pa”, canta Pappo en A dónde está la libertad. Como héroe de la clase trabajadora, pintó su aldea. Pero el rap en la Argentina no es de clase media. Los barrios bajos del país usan su voz representando a los que no tienen voz. Si para ser punk no hace falta saber tocar, el rap ni siquiera necesita instrumentos. El rap es redención. Y a la gilada, ¡ni cabida!

Prrrrra! Así, como suena, la erre bien marcada. Como una ráfaga de ametralladora. Prrrrra! es uno de los latiguillos más comunes en el trap. Aparece ahí donde sobra un silencio, atando algunos versos con otros. Como onomatopeya, Prrrrra! es el sonido del peligro en las calles, marca registrada de la trampa. “Trap” en inglés significa eso: la vida en las calles, la pobreza, la violencia, las drogas. Quedar entrampado en ese estilo vida.

Lo cierto es que Eminem parece cosa del pasado y hoy los raperos que dominan la escena y los charts hacen trap. Migos, Post Malone, Rae Sremmurd, Travis Scott, Future y otros como Gucci Mane mandan en el Hot 100 de Billboard. Ni rastros de Eminem entre los 100 primeros. Incluso, aquellos veteranos que siguen prendidos a los primeros puestos, como Drake y Kanye, se aseguran colaboraciones de jóvenes que vienen a ocupar su lugar, reclamando el trono. En More Life, último mixtape de Drake, figuran los nombres de Quavo, Travis Scott, 2 Chainz y Young Thug. Kanye llamo a Ty Dolla Sign, Kid Cudi y Desiigner para The Life of Pablo. Entre todos se multiplican por miles de millones las reproducciones en los diversos servicios de streaming. Son los verdaderos reyes de Spotify y YouTube.

“Como no estoy bien metido en el trap, siento que, justamente por eso, se transforma en un género aparte. Aunque sus raíces están en el rap, la cultura trap hoy es tan grande que me pregunto si quiero meterme en eso o quedarme en los géneros en los que ya me metí”, dice Emanero. Habla y ya se reconoce como un veterano del rap en la Argentina. Aunque su carrera continúa en franco ascenso y hoy es el más popular del país, advierte que el trap es un fenómeno que le pasa por al lado. “Está creciendo tanto que se convierte en otro género musical. Está excediendo al rap. Veo que hay público de trap que no escucha ni conoce de rap. Me hace acordar a lo que pasó con el reggaetón. Venía del rap centroamericano, con base en Puerto Rico, pero se fue convirtiendo en un género aparte. Cada vez que alguien me tira el nombre de una banda de trap… ‘No, macho, ni idea’. Ya es un género en sí mismo, en el que no estoy metido”, agrega.

Curiosamente, el rap, que en la Argentina ya tiene tres décadas de existencia, solamente alcanzó masividad con el pionero local: Jazzy Mel. A principios de los 90, canciones como Fue amor, Qué pasa, Olé olé olé y Afro latino coparon las radios y la televisión. Se codeó con Tinelli y se sentó en el living de Susana. Nunca nadie, antes ni después, llegó tan lejos. Aunque Emanero ya fue recibido con honores en el rock nacional: cuando se necesita a un rapero como invitado, siempre se piensa en él.

“Sí sé de dónde viene. El trap tiene recursos de producción que uso en canciones nuevas que estoy haciendo, pero eso no significa que haga trap. Puedo usar una guitarra distorsionada, pero no hago rock. El trap tiene un sonido superinteresante, una oscuridad muy intensa. Pero si me preguntás por artistas, ciudades o canciones, me quedo en blanco, y ya no sé responder”, completa Emanero. Se refiere a un sonido que, de base, tiene que ver con un rapeo sincopado, monótono, construido alrededor de sintetizadores Roland TR 808, hi-hats dobles y triples, armónicos menores que le dan esa aura oscura, ominosa, y un tempo de 140 beats por minuto. Así como el rap nació en el Bronx en los 70 como forma de expresión de una raza que vivía al borde de la ley y la exclusión –y en los 90 colonizó la costa oeste californiana con el nacimiento del gangsta rap, contando la realidad de las pandillas callejeras–, el trap tiene el mismo origen en Atlanta, en el sur de los Estados Unidos. Era eso: la trampa en la que cayeron traficantes y consumidores de drogas. Entonces, una vez más, la salida fue el arte. Aquellos que lograron escapar, lo hicieron rapeando.

“Si escucho un trap, lo reconozco enseguida. Si un tema rap o pop contiene elementos de trap, me doy cuenta fácilmente”, dice Emanero, y se refiere a Rihanna, Beyoncé, Lady Gaga… o Katy Perry, que siempre provocadora invitó a Migos a recrear la última cena erótica en Saturday Night Live, en vivo por televisión, con la canción Bon Appétit.

La opinión de Sexto Zen, conocido como “Tigre Blanco” en tiempos del colectivo de rap Koxmoz, se contrapone a la de Emanero: “El rap es la forma de poesía más evolucionada de la historia, desde hace décadas que se está puliendo y siempre hay nuevas formas de hacerlo, de acentuar las rimas, darles patrones y formas a las frases para así convertir tu voz en un instrumento rítmico. Por eso creo que el trap no es un estilo musical. Casi todo lo que escuché suena exactamente igual. La métrica parece copy paste. Cambian la voz, las palabras… pero la forma es la misma. Es una moda. Dudo que perdure mucho algo en lo que se metieron todos solo porque es rentable y genera más visitas. Cuando salga otra cosa que logre esa masividad, todos van a pasarse a eso nuevo, y así sucesivamente. Solo los que nos mantenemos fieles a lo que es la calidad artística vamos a ser inmortales”. En el video de La escalinata, Zen, cual monje ninja-budista, rapea: “Sinónimo de que el fin no es fin, me afino / Si el camino es inmortal, yo seré inmortal en el camino”.

A mitad de ese camino se ubica Stuart, DJ que pone música todos los jueves en el Hip Hop Culture Club: “El trap ocupa un 50 por ciento de la música que pongo, porque todavía suena rap old school. Trato de no hacer muchas diferencias entre el hip hop y los subgéneros como el trap, porque son parte del mismo grupo. Pero el trap va a perdurar”.

Sexto Zen mencionó las visitas en redes sociales, y ahí manda XXL Irione. Sus videos tienen uno, dos, tres, cuatro millones de reproducciones en YouTube. Y es de los pocos raperos argentinos que puede trasladar parte de su popularidad en redes al escenario, girando por todo el país. Porque esa es todavía una limitación para el rap y el trap. El traslado de la realidad virtual a la ordinaria no siempre es parejo. De hecho, muchos artistas locales solo existen en la red.

“El trap es la última evolución de la música negra. Me gusta evolucionar. Grabé varios traps. En mis shows hay dos canciones que explotan y son de trap. Libre y salvaje: “Contala como quieras, no me importa tu juicio, soy libre, es mi vicio, soy salvaje, es tu prejuicio… Prrra!”. Y Alto bondi: “Disculpa tú, rapero, canto lo que vivo, camino muerto pero zombi los esquivo, yo soy el mismo, tenga auto o colectivo”.

Hoy predomina el trap porque es la evolución, que siempre se inicia con una moda. Es más abierto que el rap original, atrae más a gente que no es del palo, de todos los niveles sociales. El rap es marginal. El trap es la inclusión de gente nueva, ajena. Cualquiera puede hacer trap, hasta el artista pop más careta del mundo, y la gente lo recibe bien”, dice Sexto Zen.

A Decano Flow se lo ve sobre el escenario en cada show de Emanero. Son como Batman y Robin. Decano es muy didáctico: “El trap es un género urbano que deriva de la fusión del rap con música electrónica. Es de los 90 y viene del sur de los Estados Unidos. Antes era southern hip hop, dirty south o crunk. El trap viene de trampa, de lugares donde se venden drogas, de lo fácil que es entrar en esa, pero muy difícil salir”.

Como miembro fundador, en 2013 Decano grabó la canción Trap pibe: “No me vengas con chamuyos que ya estamos grandes / No te metas con lo mío haciéndote el under / Que yo estuve donde nunca jamás estuviste / Propongo la unión, pero unión verdadera / Vivo rap y represento a todos los ranchers / Somos experiencia, nos dicen los Power Rangers”.

El As fue integrante de Fuerte Apache, otro grupo de rap argentino que arañó la popularidad, pero, como Sindicato Argentino, quedó en el camino aunque llegó a ganar un Grammy. Hoy encabeza El As Producciones (EAP), una crew o pandilla de raperos que contiene a varios chicos y chicas marginales de las villas de Buenos Aires que en el rap encuentran la forma de alzar su voz. “Decir que el trap es drogas, putas y romperse la vida es de nenes de mamá. Para mí, eso siempre fue el rock and roll. Creo que el trap hoy, a nivel mundial, ocupa el lugar que el rock dejó libre para los adolescentes. Lo que escuchaba a los 20 lo sigo escuchando a los 35. No es una moda, aunque está en pleno auge y hasta los artistas pop intentan hacerlo”.

Fili Wey es de EAP. Como discípulo de El As, va con él a todas partes. “Descubrí el trap con mi banda favorita, Fuerte Apache. Canciones como Todos agiten: ʽEn F.A. somos de los monoblocks / Pra pra pra pra / Rapeando acá Esteban A del F.A. / Llegamos al baile para que las chicas se descoquen / Vamos, guachos, agiten, al ritmo de los bloques”. Dice Fili Wey: “El trap es la música que la nueva generación adoptó. No creo que sea una moda. En la Argentina recién se está conociendo, pero tanto yo como otros pibes lo venimos haciendo desde hace años”. Si Fili Wey aprendió a rapear escuchando a El As, es Fili quien marca el camino de EAP en las redes sociales. Las generaciones se retroalimentan. Tiene más de 100.000 seguidores en Instagram y sus videos en YouTube suman varios millones de plays. En la eterna batalla de piolas versus giles, está la letra de No banca el berretín: “Está el guacho piola y está el guacho gil / El piola la recuelga y todos saben que el gil no banca el berretín”.

Aunque cada uno tiene su punto de vista y coexistan coincidencias y contradicciones, Decano, Sexto Zen y Stuart, por ejemplo, están de acuerdo en algo: Malajunta Malandro es el número uno del trap local. “Yo creo que, quizás, a diferencia de la masa, mantengo el lunfardo, la picardía y la jerga argentina, y así será hasta siempre”. En Ahora quieren pan, Malajunta rapea: “No sé lo que es moda, yo soy tendencia”. Para él, el trap es un estilo de vida: “Vivo trap toda la vida, ser vos al cien por cien, sin filtro. Como dice mi tema, Qiqito trampa: ʽ¡Prrrrrrraaa! La casaca del trap está acá / Acá la guacha araca manda en la cancha, esto no es Atlanta, friend / Clones hay miles, lo sé / Malas canciones y giles también / Hacerse el gangsta cuando no sos ni / Trap no es tu casa, trap es la esquina / Trap es el alma atrapada en una ideología / ¡Soy trap para toda la vida!ʼ”.