Si alguna banda descifró el devenir del rock en el mainstream, esa es Imagine Dragons, que se va a presentar por segunda vez en el Lollapalooza Argentina.

¿Te acordás del futuro imaginado por la cultura pop de los 50 y los 60, y de todas las profecías de la ciencia ficción para el siglo 21? Viajes a otros planetas, trajes plateados, robots inteligentes… Considerando el mundo –el mundo real– en el que fueron conjurados estos cuentos que transcurren en el nuevo milenio, el rock and roll seguramente hubiera tenido su lugar entre los charts intergalácticos. En definitiva, Perdidos en el espacio se emitió paralelamente a los mejores años de los Beatles (1965-1968), y los Supersónicos debutaron en 1962, al mismo tiempo que los Rolling Stones.

Sin embargo, estamos en 2017 y seguimos anclados a la Tierra, con una ausencia inesperada de rock en el mainstream. La lista de bandas en el tope del Hot 100 durante este siglo es muy corta, especialmente si excluimos a Maroon 5 y a Coldplay, que se relacionan más con el pop de guitarras.

En medio de este camino hacia la irrelevancia, el género vio una esperanza en Imagine Dragons. El innovador cuarteto de Las Vegas se elevó a la fama en 2013, y a pesar de su sonido bombástico adaptado al rock, el grupo prosperó en los charts pop. El single Radioactive, de su álbum debut Night Visions (2012), sigue teniendo el récord de 87 semanas dentro del Hot 100, y el nuevo estreno, Believer, llegó hasta el Nº 13 del chart y es el único tema roquero cerca de llegar al top 10.

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El viernes 23 de junio, la banda lanzó su tercer LP, Evolve, el primero desde el exitoso Smoke + Mirrors de 2015 y uno de los más esperados del año. En el otoño boreal lanzarán un tour, y en los Billboard Music Awards de mayo pasado, la banda representó el segmento roquero del show al interpretar Believer y hacer un tributo al recientemente fallecido Chris Cornell. Semejante éxito llegó gracias a otra forma de ver el futuro: lo inimaginable condensado en un solo paquete.

En el sonido de la banda yace un crossover pop de Coldplay y OneRepublic, promovido y fundido con el electro rock atrevido de Muse y The Killers, las armonías folk de estadios de Mumford and Sons e incluso algunos beats reminiscentes del viejo hip hop. Escuchá atentamente Demons (la balada pop-rock que siguió a Radioactive en el top 10 del Hot 100) y vas a encontrar el boom-bap ligero que se carga la canción a cuestas. Además, la banda nunca dudó en llamar a colaboradores raperos: desde Kendrick Lamar –para hacer Radioactive en los Grammy de 2014– hasta la sociedad del año pasado con Wiz Khalifa, Lil Wayne y Ty Dolla Sign para el soundtrack de Suicide Squads, que trajo como resultado Sucker for Pain (400 millones de reproducciones en Spotify).

Al rediseñar los límites del rock o borrarlos completamente, los Dragons plantaron banderas en territorios del pop, el rock, la EDM y el rap, extendiendo su alcance mucho más allá que grupos como Foo Fighters, Green Day o incluso Paramore. El abrazo a tantos estilos al mismo tiempo parece haber allanado el camino para diversos colegas roqueros como Twenty One Pilots, y hasta uno podría argumentar que el hit Take Me to Church, de Hozier, no hubiera corrido esa suerte sin la llegada de Imagine Dragons a la radio el año anterior.

Así y todo, hay más en el magnetismo de la banda: las típicas temáticas de melancolía y remordimiento –tres favoritas de los fans como Amsterdam, I’m So Sorry y Shots se mezclan en el arte de las disculpas desesperadas– apuntan fácilmente a los simpatizantes del indie. Mientras los singles pop It’s Time y I Bet My Life son de escucha fácil, hay una oscuridad real en letras como la de Polaroid: “Love is a Polaroid / better in picture / but can never fill the void [El amor es una Polaroid / Es mejor la imagen / Pero nunca llena el vacío]”. Con esa tendencia subyacente, los veinteañeros que gusten de Bright Eyes o The Decemberist podrían tranquilamente acompañar a sus pequeños hermanos a un concierto de Imagine Dragons.

En ese sentido, la banda también encontró su camino arriba del escenario, donde los temblores de la percusión y los escalofríos del frontman Dan Reynolds despejan cualquier duda respecto de si el grupo puede recrear en vivo sus jams digitalizadas. En la última gira de la banda –para promocionar el álbum Smoke + Mirrors–, la estética explosiva de Radioactive era más parecida a la iniciativa de Arcade Fire que a las recientes movidas de Maroon 5.  

El tiempo dirá a dónde se dirige Imagine Dragons de la mano de Evolve; la intensidad del single Believer encaja con su molde en clave menor (ya lleva 250 millones de escuchas en Spotify), pero el segundo track publicado, Thunder, descansa en un gancho chirriante e inspirado en el dance, y su última canción, Walking the Wire, quizás sea su himno pop más agradable hasta la fecha, producido por el dúo de compositores suecos Mattman y Robin (Taylor Swift, Selena Gomez, Britney Spears).

El álbum es el proyecto más roquero de la banda hasta ahora, y tiene potencial para llevarla más lejos de lo que nunca fue. Entonces, ¿en qué está el rock masivo ahora? En un punto medio entre este tipo de grupos y aquellos que aceptan las limitaciones de la estructura mainstream. Pero algunas bandas seguramente intentarán recrear la proeza de Imagine Dragons, para entrelazar un poco de las tendencias populares en su sonido con la musculatura roquera que sostiene su columna vertebral. Porque Imagine Dragons es la prueba: el rock puede sobrevivir en el futuro, siempre y cuando no trate a los demás géneros como extraterrestres.