Antes de la presentación de L.H.O.N el sábado en el Luna Park, Emmanuel Horvilleur y Dante Spinetta le contaron a Billboard Argentina cómo dan batalla a la industria musical y ahondaron sobre los detalles del álbum y las declaraciones de Cordera.

Avesexua, el estudio y sala de ensayo que Emmanuel Horvilleur tiene en Villa Ortúzar, recuerda al laberinto de Creta: pasillos estrechos y oscuros, habitaciones que llevan a otras y obstáculos –instrumentos– por todos lados. Emma y Dante Spinetta están en la vereda, esperando ser entrevistados. Pero cuando entran para que empiecen las preguntas, se ven obligados a volver a enfrentar al Minotauro que los acecha: lo negativo del ser humano, sus crímenes y peores vicios. L.H.O.N [La humanidad o nosotros], el octavo y más reciente álbum de estudio de Illya Kuryaki & The Valderramas, es una aserción de esa rivalidad.  “El ‘nosotros’ comprende a toda la gente que no está conforme con el accionar de la sociedad. Somos la especie que más daño está haciendo. Transitamos un camino erróneo cuando se trata del medio ambiente, la guerra, entre otras cosas. Perdimos la conexión con la esencia de la vida. Que se hable de estos temas es la única manera de modificar esos errores”, explica Dante. Y Emma agrega: “A la vez, el título tiene una estética propia de la ciencia ficción. Es como un ‘tenés que elegir’”. Si bien estuvieron girando por el interior del país y Latinoamérica, la presentación oficial de su último LP será este 27 de agosto en el Luna Park. “Ese estadio es especial. Sentís a todo Buenos Aires ahí abajo”, concuerdan.

Desde Fabrico cuero (1991), los Illya Kuryaki se han reinventado una y otra vez. “Cada generación tiene una forma particular de consumir música y escucha distintas cosas. Intentamos hacernos cargo de eso”, señala Emma. L.H.O.N, que fue grabado en formato analógico, mezclado digitalmente y producido por el dúo, arrincona el hip hop característico de la banda; en medio del pop, soul, R&B, funk y la electrónica, el LP presenta un alto porcentaje de baladasSigue, Ey Dios, Diciembre, El árbol bajo el agua. A su vez, hay cierta intención de que sea un álbum visual. En cinco meses, lanzaron tres videoclips, ya están trabajando con las imágenes de Los ángeles y esperan poder estrenar cortometrajes para el resto de los temas. “Muchos grupos se quedan en el molde, mientras que otros pretenden adaptarse. Algunos lo hacen de manera natural, como los Stones cuando sacaron Miss You con una línea disco. Nosotros somos una mezcla de todo. Somos Spinetta, pero también nos gusta escuchar los hits que escuchan nuestros hijos por YouTube. Por ejemplo, Panda, de Desiigner [N°1 en el Billboard Hot 100], es un temón”, remata.

“Nuestra bandera es la de la libertad. Quisimos hacer un disco diferente que no vaya con la corriente, con lo que está de moda”.

La idea de nutrirse de distintos géneros se plasma en el álbum, que armoniza canciones funk, pop, de rock, baladas y ritmos latinos. Encasillar a L.H.O.N sería simplificar sus ideas.

Dante Spinetta: No creemos en el género puro, somos mestizos. Nuestra bandera es la de la libertad. Quisimos hacer un disco diferente que no vaya con la corriente, con lo que está de moda. Priorizamos la intensidad y el amor por las cosas, porque la gente necesita eso. Es una era donde hay tantas bandas que están armadas por conglomerados de negocios y no por admiración al arte… En el top 10 de lo más escuchado en nuestro país hay muchos grupos que no tienen una naturaleza artística. Nos queremos subir al carro que va para el otro lado. Nuestra resistencia es hacer buenos discos, que tengan conceptos musicales, estén hechos con pasión y que contengan sonidos diseñados. Crecimos alrededor de Spinetta, Charly, Fito, Calamaro, Mercedes Sosa: personas que sabían hacer las cosas bien, que nos enseñaron que no podemos salir a hacer cualquier cosa. Entonces dijimos ‘Vamos a hacerlo con más clase que nunca, vamos a dar batalla’”.

La resistencia también viene de parte del público, y eso muchas veces implica que la relación entre el talento y el éxito quede desdibujada.

DS: Claro, la mayoría de la gente demuestra cierto rechazo por lo nuevo, ya sea cuando escucha algo que no conocía o cuando camina por la calle y ve a alguien diferente. Muchos se ponen en guardia por las dudas. Esto pasa en Argentina, y un poco en Latinoamérica. Acá tenemos un mercado que generalmente empuja para el lado del catálogo y los negociados. En cambio, en el mercado americano es muy diferente. Allá escuchan algo fresco y piensan ‘Uy, qué bueno, esto es nuevo’. Ojo, siempre hay personas que apoyan e impulsan lo más original. No estoy cuestionando eso, sino a la industria. Y más allá de lo que diga el mercado, nosotros vamos a seguir haciendo música por el solo hecho de hacer música.

“Crecimos alrededor de Spinetta, Charly, Fito, Calamaro, Mercedes Sosa: personas que sabían hacer las cosas bien, que nos enseñaron que no podemos salir a hacer cualquier cosa”.

¿Fue intencional hacer un álbum religioso?

DS: Hubo empeño en no hablar boludeces. Quisimos que haya una bajada de línea. Hasta los temas más bailables esconden una reflexión. Por ejemplo, Gallo negro habla de la libertad, de ser diferente. Todas las canciones tiene algo chamánico o espiritual, de una manera politeísta. Si bien hay diferencias en las creencias de cada uno, todos tenemos esa necesidad de fe. La música nos lleva a un estado supremo, y lo quisimos transmitir. Es tribal, sexual.