El espectáculo denominado “Traigo un pueblo en mi voz” reunió a Teresa Parodi, Víctor Heredia, Julia Zenco, Bruno Arias, Mónica Abraham, León Gieco, José Luis Aguirre, Nadia Larcher, Peteco Carabajal, Liliana Herrero, La Bruja Salguero y Nahuel Pennisi en la noche inaugural del festival de folklore.

Tu canto fue tu lucha y nuestra libertad. Las mujeres protagonistas del evento sonríen radiantes ante esta idea. Una de las varias que se desglosaron en “Traigo un pueblo en mi voz”, el homenaje que organizó la Fundación Mercedes Sosa en la apertura de la 59 edición del Festival de Cosquín. Liliana Herrero, Julia Zenco, Teresa Parodi, La Bruja Salguero, Mónica Abraham y Nadia Larcher fueron las representantes del poder femenino transmitido desde el canto, ese que “La voz de Latinoamérica” comulgó a través de los años de la historia total del folklore argentino.

Amigos, hermanos, hijos, herederos, también los varones fueron parte de la grilla. León Gieco, Víctor Heredia, José Luis Aguirre, Bruno Arias, Peteco Carabajal y Nahuel Pennisi. Artistas que La Negra, de alguna u otra manera, talló en su horizonte musical. Desde las enormes interpretaciones de Gieco, Heredia y Carabajal hasta las enseñanzas a Pennisi, Aguirre y Arias.

Como bien anticiparon algunos especialistas de la carrera de Sosa, no hubo nunca un homenaje de esta magnitud. La dirección musical estuvo a cargo de Popi Spatocco, que acompañó musicalmente a la Negra durante veinte años. El pianista estuvo al frente de un quinteto estable que incluyó a Colo Belmonte (batería), Ricardo Cánepa (contrabajo), Sebastián Enríquez (guitarra) y Juan Pablo Di Leone (flauta). Pero además hubo una orquesta  y un coro multitudinario preparado por Edgar Moya Godoy.

La dinámica del show, primera propuesta de la apertura del festival, también corrió con varios desafíos a la vez. Nunca hubo menos de cuatro cantantes por tema. Detrás de cada una de las canciones, y luego de una breve introducción reflexiva de algunos de los y las cantantes, se desplegaban imágenes en sincro de las distintas épocas de la carrera de Mercedes. Hubo casos en los que la introducción quedaba a cargo de la misma referente a través de algún registro rescatado por la Fundación.

Los arreglos planteados por sus directores persiguieron ese tono épico que pretendía el homenaje. Hubo momentos clásicos y folclóricos. Pasaban de uno a otro de acuerdo a las voces en una misma canción. Eso generó un impacto directo en la Plaza Próspero Molina que, con butacas casi agotadas, lo vivió con emoción desde el principio.

“Yo vengo a ofrecer mi corazón” (Fito Paéz), “Como pájaros en el aire” (Peteco Carabajal), “Los hermanos” (Atahualpa Yupanqui), “Como la cigarra” (María Elena Walsh), “Esa musiquita” (Teresa Parodi), “Alfonsina y el mar”, (Ariel Ramírez y Félix Luna), y “Gracias a la vida”,  (Violeta Parra), fueron algunas de las canciones que interpretaron a cuatro voces y hasta por momentos de a seis y doce.

“Razón de vivir” (Víctor Heredia) terminó con un enérgico “No más presos políticos en Argentina”, de Bruno Arias, el cantor que más furia social lleva en su canto actual y que nació, en efecto, en la Provincia de Jujuy. Luego dos zambas fueron los primeros quiebres para el cierre de ese inicio de noche, de luna, de música. “Si llega a ser tucumana” (Leguizamón y Pérez) y “Al jardín de la república” (Virgilio Carmona). No olvidaron el pop con “Inconsciente colectivo”, de Charly García y el momento de fuego con “Cuando tenga la tierra”, de Toro y Petrocelli, con la grabación del recitado central que Mercedes Sosa hizo en Santa Catalina (Jujuy). “¡Campesino, campesino!”, alentó su voz, nuestra voz, la de la tierra y la de toda América mientras José Luis Aguirre y el mismo Bruno Arias gritaban “Cantaré” dados vuelta, mirándola a ella, como haciéndole saber que el legado está más vivo que nunca.