Pertenece a una camada de músicos que expandió por Latinoamérica el concepto del folk norteamericano que tipos como David Crosby, Gene Clark, Stephen Stills o Neil Young popularizaron en el resto del mundo. Se siente cómodo como referente del género en el país, aquel que empezara investigar en sus primeros años junto a Charly García en Sui Generis. Nito Mestre es un ejemplo de artista que capitaliza la experiencia en pos de seguir encontrando nuevas motivaciones. En este caso, el lanzamiento de Trip de agosto, su último disco, en el que vuelve a incursionar en el estilo que lo acompañó siempre. Viajes, actualidad musical, nuevas tecnologías… la voz de un sabio trovador que sigue teniendo cosas para decir.

¿Qué expectativas tenés con la difusión del disco? Lo hacés de manera independiente.

No tengo sponsors y no tengo apoyo de las radios ni de la discográfica, que sólo lo expone sin hacer campaña de prensa. La venta de los discos ahora pasa por asegurarte que todos los canales lleguen al mismo lugar. Mi función es hacer un buen disco que dure para siempre. No es un disco de moda. Se puede escuchar ahora o de acá a diez años, porque tiene el concepto de un clásico. 

Citaste al documental Sound City, de Dave Grohl, como una influencia en ese sentido… 

No sólo eso. También al comentario que hizo Ron Wood con respecto a cómo le gusta a él grabar los discos, o a la forma de trabajar del productor de Amy Winehouse… Trato de buscar que tenga lo mejor de cada cosa. No trato de volver al disco análogo, porque la diferencia entre lo digital y lo análogo es ínfima, pero sí utilizar con criterio cada recurso.

¿Qué tiene de particular la grabación de este disco con respecto a otros de tu carrera?

Un mes antes de grabarlo, borré todas las voces y las grabé de nuevo en tres días, porque quería conservar el concepto de la frescura. El ideal para hacer un disco es tocarlo muchas veces antes en vivo, así se van encontrando los tiempos. En este caso, estudiamos mucho eso. No quería grabar con ningún metrónomo, sino que vayamos tocando todos para que fluctúe. Aunque sea mínimo, los temas van encontrando un movimiento. Eso sucede si estamos todos tocando juntos. Lo mismo hicimos con las letras. Las estudiamos mucho. Pasaron cosas en ciertos temas, como en el propio Trip de agosto, con la muerte de mi manager. Si bien el tema no estaba referido a él, tenía el mismo sentido. Entonces puse algunas frases que tienen que ver con él. Yo no explico las letras, porque tienen más de una lectura. 

Y yo te iba a preguntar por la letra de El Camino… 

La primera visión que me surgió fue el camino de una búsqueda en España, porque me hice mi propia película. Ir cambiando de lugares porque estoy buscando verdades. Es el tema más intimista, por eso va último, porque es casi una reflexión. Empezó llamándose Coral de Armenia, porque iba a ser coral. Pero cuando lo empecé a cantar, le cambié la letra y le saqué las voces de arriba y de abajo. Empecé a cantarlo solo y le agregué un arreglo de cuerdas. Es un disco para escuchar cuando te estás moviendo, con auriculares, caminando o en bicicleta.

El folk es rutero en sí mismo…

Sí, este disco es muy rutero. Por eso los temas en vivo los puse al final, porque cuando yo escucho los aplausos, siento que estoy sentado, sin moverme. 

¿Te considerás un referente del folk rock en Argentina?

Es un orgullo cuando, salvando las distancias, me llaman el James Taylor argentino. Me siento como parte de algo. Me gustan los músicos que experimentan. Yo mismo voy experimentando con lo que voy haciendo, pero la música cumple una función esencial para quien la hace y quien la escucha: tiene que ser placentera. 

¿Por qué elegiste cantar uno de los temas en inglés [Faster Than Light]?

La mayoría de las veces, cuando empiezo a componer un tema, balbuceo en castellano, en inglés o cualquier palabra que me surja para que entre en la melodía, pero a veces se cuelan palabras que te suenan a algo. En el caso de Faster Than Light, le mostré un par de frases que ya estaban en inglés a mi productor, Eduardo Cautiño, que me ayudó a terminarlas. Cuando quisimos pasarla al castellano, nos dimos cuenta de que no sonaba tal cual. En 42 años de carrera nunca dejé un tema en inglés, así que esta vez lo hice. Es un tema folk definitivo, así que le agregamos guitarra pedal steel y a la mierda con todo. Cuando hacemos las cosas, las tiramos al mango. Si alguien me critica por cantar en ese idioma, a esta altura no tiene importancia. También iba a ir un tema en hebreo, que cantamos cuando fuimos a Israel, pero el año pasado estaba muy sensible la cuestión allá y pensé que no iba a ser bien interpretado. No lo puse para no herir susceptibilidades.       

Además el inglés es más fácil para el rock y el folk…

Sí, es más fácil. Yo tuve que aprender bastante el sonido de las palabras para incorporarlo como canción folk natural. Por suerte lo hago hace tiempo, entonces ya sé cuáles puedo usar. Hay algunas que no resultan para mí. Cuando busco temas de otros, me fijo mucho en las palabras. Si hay alguna que no me gusta, le cambio la letra o no hago el tema. Otra cosa son las acentuaciones. Se lo perdono a León Gieco, pero para mí tiene que respetarse. Me resulta extraño acentuar distinto.

¿Creés que no se les presta suficiente atención a las letras?

Hay que darles bola. Tiene que producir algo. Cuando John Lennon decía que le gustaba que hubiera distintas interpretaciones de sus temas, tenía razón. Cada uno se queda con lo que le produce, ya sea alegría, tristeza, bronca… que no pase desapercibida. Hay ciertas canciones bobas que tienen linda melodía pero dicen pavadas. La palabra “amor” se puede usar, pero depende de qué palabra vaya antes o después, por ejemplo.    

¿Te gusta lo que se hace hoy?

No escucho más de diez temas de nadie. Me gusta escuchar radios en Spotify: música celta, country, rock alternativo… De Argentina escucho lo que me pasan. El otro día, Leo García me mostró cosas muy agradables. Por ejemplo, unos pibes nuevos que se llaman Rayos Láser. Son pendejos. No hacen precisamente folk, pero sí suenan a canción, con armonías vocales de a dos. Escucho lo que me acercan cosas aquellos con los que tengo una afinidad. También de curioso entro mucho. Y me anoto bandas para escuchar como si fuera una tarea. 

Eso también genera mucha ansiedad. Saber que la oferta de música es tan grande que se hace inabarcable…

Pobres pibes. Ahora viven a una velocidad en la que si no contestan un mensaje instantáneamente, parece que se pierden algo. Antes uno vivía más relajado. Ahora, si no contesto en diez minutos, parece que estoy llegando tarde.

¿Y cómo te llevás con eso? 

Estoy tratando de morigerar esa ansiedad. Si me suena ahora el celular, no lo chequeo hasta llegar a casa, y respondo todo junto. La cagada es que soy curioso, entonces, si me mandan un link de Youtube, tengo que ver de qué se trata automáticamente. Por suerte te mantiene activo, pero yo tengo 62, no 17. Los pibes ya vienen así. 

¿Qué proyectos tenés por delante?

Estoy reviendo videos, porque yo filmé muchas cosas. Desde que salieron las cámaras digitales que me gusta filmar: giras, presentaciones, viajes… para el día de mañana tener algo para divertirme. Después, tengo ganas de grabar algo con artistas de otros países que me gustaron o a los que les tengo cariño. El otro día, por ejemplo, canté con Santiago Cruz acá, con Eduardo Gatti en Chile, con Carlos Vives en Colombia… en distintos rubros. No una cuestión de marketing, sino de abrir el juego. 

FOTO: Gigriders