Su nuevo álbum 'Entre las cuerdas' cuenta con diez canciones que funcionan como un manifiesto resiliente sobre el renacer personal. En un encuentro exclusivo con Billboard, habló de todo y explicó con detalles cómo vivió la condena por sus dichos ante los estudiantes de periodismo de TEA Arte el 10 de agosto de 2016. “Parte de mi sanación es poder abrazar a los que ejercen el periodismo. Fue una batalla de muchos años”, reconoce.

Cordera dejó atrás dos años de silencio, después del episodio donde por sus declaraciones terminó procesado por “incitación a la violencia colectiva”. Mientras la causa espera el juicio oral, el ex Bersuit Vergarabat asegura que ganará la contienda judicial y que está en juego la libertad de expresión. “La comunicación es el canal más importante para la sanación. Es una posibilidad de acercamiento. No podés ser condenado por tener un punto de vista que se corre del pensamiento único. Cuando salió el audio, hubo más de cien abogados que salieron en las redes a buscar mujeres violadas por mí. Una locura”.

Lejos de victimizarse, el cantautor argentino siente que cometió un error, pero que gracias a eso logró reencontrarse consigo mismo. “No quiero convencer a nadie ni busco clemencia. No necesito que me quieran los que me atacan. Que piensen lo que quieran. Igual en el barrio no se patea en la cabeza al que está tirado en el piso. Yo nunca quise lastimar a nadie. Me expreso libremente, porque es mi derecho en la sociedad en la que vivimos”.

¿Reconocés que lo que dijiste fue un error?

– Para algunas cosas, sí. Para mi carrera, mi paz interior, mi imagen social, mi organismo. No me arrepiento de mis errores, porque es la forma que tenemos de aprender y evolucionar. A la vez, gracias a todo lo que pasó hice el mejor disco de mi vida y me reencontré con Osky [Righi] y las verdaderas personas que tienen corazón y compasión [en el álbum editado por Sony Music participaron Aníbal Kerpel y Gustavo Santaolalla]. Los que me conocen hace muchos años saben cómo soy y cómo siento.

Pasaron casi dos años sin que hables públicamente. ¿Por qué?

– Yo sé que digo cosas picantes y provocativas que molestan a muchos, y me hago responsable. Siempre fui un provocador y un tipo que metía los dedos en las heridas. Dije cosas que son inconvenientes para los demás y entiendo que hay mucho sufrimiento, dolor y desconexión. Siempre fui una molestia para el sistema. Fue natural que para equilibrar eso reciba una condena como la que recibí, aunque sea una persona que jamás cometió un delito. No tengo ninguna causa de ninguna especie. Mi delito es pensar libremente y decir cosas que el poder no quiere escuchar. Ser indomable. Ahora me reconcilié con la gente. Tengo claro que puedo ser una buena pantalla de proyección para descargar bronca. No soy fácil de callar.  

¿Cómo leés hoy lo que pasó?

– Ese día estábamos haciendo un ejercicio, no una conferencia de prensa pública, en un momento de hipersensibilidad social, y me pusieron en contra a gente que representé toda mi vida. Gente que quiero y que respeto, como la de los movimientos sociales. Madres, Hijos, Conciencia Solidaria, los hospitales, las mujeres. Durante 30 años fui un agente social y colaboré en cuanta causa me convocaron. No había autorización para difundir lo que se decía ahí. Esos chicos estaban estudiando Periodismo hacía pocos meses, y uno de ellos escribió una nota de opinión y la descontextualizó. Así les dio pie a los monstruos y cuervos para que repliquen y armen una posverdad. Labraron y editaron algo que yo no pienso de esa forma. Sé que es doloroso y sanar duele. Después de lo que pasó, vino mucha gente con problemas de violencia sexual a decirme que pudieron tratarse. Me sorprendió. También vinieron tipos violentos a decirme “¡Bien, pelado, así hay que tratar a las minas!”. Por supuesto que les frené el carro.

¿Qué quisiste decir específicamente?

– Mi punto de vista es que dentro de los comportamientos sexuales hay fantasías donde las mujeres y los hombres, consensuadamente, juegan a ser violadas o violados para alcanzar el orgasmo y sentir gratificación. Los seres humanos somos muy complejos, no creo que haya que juzgar esas conductas, y simplemente hay que ofrecer amor. Si escuchás en un corte de audio fuera de contexto que “la mujer necesita ser violada”, no entendiste nada y obviamente lo vas a repudiar. De hecho, aclaré que yo no practicaba ese juego. Hice una descripción profunda, y con mucho respeto, que tiene que ver con fantasías sexuales que existen y que están en los libros de psicología. Hay otras prácticas incluso que son más aberrantes. Lo dije con mis palabras. Fijate lo que pasaba antes con la diversidad. Gays, lesbianas y trans fueron maltratados y asesinados durante siglos. También existen cosas como el sadomasoquismo y demás, que no practico, pero que respeto si otros las eligen como su vínculo de amor. Expresar esa conducta no te hace delincuente. Contarle al mundo que hay corrupción no te hace corrupto. Si una persona inteligente y sensible escucha el audio en su totalidad, la hora completa, se da cuenta de qué estaba hablando. Si hacemos una encuesta, la mayoría de la gente que me condena ni siquiera lo escuchó. Mi gran error, mi delito no punible, era tener la tendencia de bajar mensajes. Ahora sé que debo tener en cuenta quién recibe la información, al que escucha. Mi error fue ese. Proponerlo ahí inútilmente, en ese marco. Entiendo que no es lo mismo hablarle a un niño que a alguien que habla tu mismo lenguaje y que conecta con tus formas. Otros hacen sus propias interpretaciones. Ponele que esté equivocado, es solamente eso, no podés dudar de mi buena intención. Yo me dedico a la exploración de la mente humana. Me interesan muchísimo las terapias alternativas de sanación, las constelaciones familiares, la biodecodificación. Cuando escuché el audio 40 días después, ya era tardísimo para defenderme, y por eso opté por el silencio.

¿Entonces por qué te condenaron socialmente?

– Para mí me sobrevaloraron. Siento que se hizo una campaña muy esforzada y dedicada para instalar una posverdad. Descubrí que se necesitaba poner algo en escena. Creo que confundimos condena con libertad de expresión. Si la gente se diera cuenta de lo que verdaderamente sucedió, le costaría creer cómo se manejaron las corporaciones mediáticas y hasta en algún punto la justicia. Están queriendo condenar a un tipo que se expresó, y la Corte Interamericana de los Derechos Humanos es muy clara al respecto, porque protege la libertad de expresión aunque se diga cualquier barbaridad. Sería muy malo que se avale un criterio aleccionador por pensar distinto más allá de mí.

¿Qué pensás de los que ya no quieren escucharte ni saber nada de vos?

– En un principio me preocupaba eso. Como artista siempre estuve muy pendiente de la mirada del otro. Es una especie de adicción. Ser conocido, visto, valorado, querido. Cuando el afuera se puso tan hostil, fui directo hacia mis profundidades. En ese lugar descubrí una carencia que tenía hace mucho tiempo, que era reclamar vorazmente la aceptación de todo el mundo. Me di cuenta de que eso no es posible. Me hizo muy bien porque fue comenzar a quererme a mí mismo. En ese sentido me siento agradecido. Es como que una fuerza muy grande te invita a tomar el camino correcto en tu evolución personal. Es la primera vez que me pasa eso.

Y te pusiste a componer…

– Sí. La prueba de eso es el disco. La obra surge de un lugar profundo, visceral y humano, que yo desconocía en mí. Eso trasciende la moral, el juicio, el castigo e incluso te diría el universo racional. Fue puramente en un plano emocional. Eso llegó por el valor que tuvo el rechazo. Por eso en los agradecimientos del álbum están los obstáculos, las piedras y las adversidades, porque me mostraron el camino hacia las cavernas más profundas de mi alma. No me habría sucedido jamás con la caricia del otro ni con el “Bien, Gustavito”.

El álbum tiene canciones rockeras, directas, con sonidos de alta definición, y está acompañado de seis videos en forma de película donde los protagonistas van interactuando. Títulos como “El abuso”, “No nos culpen más”, “Lo verdadero”, “Redención” o “Mi basura interior” demuestran a simple vista el contenido emocional del disco. Durante el final de la entrevista, “el pelado” ofreció redactar una carta para describir su estado espiritual actual, ya con su nuevo trabajo entre manos:

Hoy me encuentro mucho más aliviado. Pude convertir tanto sufrimiento y dolor, una vez más, en arte. Esta vez no el de los demás, sino el mío.

Vivo en un mundo partido, desesperado, lleno de frustración, que encuentra en la condena una forma de liberar tanta ira y desprecio por sí mismo.

Las redes alimentadas por el engañoso juego mediático son un espacio para destacarse y valorarse en este infinito despedazamiento sin fin. Yo, mientras tanto, sigo apostando al error como forma de aprendizaje y evolución personal. El error para mí es una puerta al Cielo. Es encontrarme cara a cara con Dios. Es mi lucero. Es el barro con el que me construí. Aunque hoy veo que está herido de muerte, el miedo a equivocarme me paraliza, me hace amarrete, me llena de angustia, me limita.

La condena está al acecho porque quiere dar el golpe final. Nos quieren mecánicos, previsibles, controlables, esclavos. El pensamiento único, el llamado “políticamente correcto”, está haciendo su trabajo. El hombre se está pareciendo cada vez más a un modelo que ya no pueda revelarse a ser un cliente desprovisto de todo contacto consigo mismo.

Aun así, yo seguiré apostando al error y honro a todos los guerreros que hoy se revelan a semejante calamidad y siguen bajando mensajes de la conciencia universal para que todos podamos ser más sensibles, creativos y amorosos para enfrentar lo que viene. Por eso me propuse ejercer, más que nunca, la libertad de expresión.