Agustín Bucich es el responsable de uno de los discos más descontracturados e igualmente obsesivos de este 2017. Un puente directo con el costado más radioactivo de la canción argentina del siglo XXI.

Soft Hair y Almendra pueden ser parte de un mismo imaginario. La vanguardia pop retro-futurista y el primer rock argentino se encuentran en un amor furtivo a lo largo de todo el primer álbum de Guli. El choque intercultural no solo es anecdótico, multicolor, también da cuenta de un bagaje de información cada vez más amplio que toma formas inesperadas y puede resultar en experimentos como Hanganga (2016), un álbum absolutamente lúdico pero también cuidadoso hasta la última pincelada sonora. La nostalgia arrabalera propia de Buenos Aires, el beat sesentoso que hizo leyenda a Los Gatos hace 50 años y una sensación permanente de contemporaneidad se cruzan en cada instante del debut solista de Agustín Bucich.

Publicado bajo el cobijo del colectivo Elefante en la Habitación, Hanganga sorprende por su frescura y su desparpajo. Su enigmático arte de tapa profundiza aún más el misterio generado por una avanzada estética que no tiene nada que envidiarles a los artistas que están cambiando el curso de la música pop. ¿Qué es Guli? ¿Qué se supone que significa Hanganga? Podrían ser palabras sacadas del lenguaje inventado por los Sigur Rós o, por qué no, danzas ancestrales de algún rincón africano. Ese libre albedrío invita a abrir las puertas de la percepción para cruzar el umbral de lo previsible. En un contexto de sobreinformación y sin aliados multinacionales, Guli probablemente no alcance la trascendencia que su música merece. Pero eso es apenas un detalle para el equivalente sonoro al boleto dorado que utiliza Charlie para ingresar a la fábrica de chocolate.

Homeshake, los Beatles, Charly García, el tropicalismo, la línea sonora de Kevin Parker (Tame Impala, Pond), Dave Fridmann (Flaming Lips, MGMT) y una búsqueda que hace tanto énfasis en la forma como en el contenido sobresalen entre las motivaciones que dibujan las líneas concretas de este colorido debut. Escuchar Hanganga es entregarse de lleno al fervor del pop experimental argentino y conocer, de una vez y para siempre, una serie de canciones inolvidables. Como otro de esos discos que nos marcan en nuestra trayectoria como oyentes, el primer álbum de Guli tiene una potencia creativa envolvente, que ejerce una suerte de hipnosis para quien se anima a nadar sus aguas cargadas de psicodelia y emoción.