Antes de su primera llegada a la Argentina, Giorgio Moroder revela sus reglas para lograr una carrera de 40 años: decirles sí a las divas y no a las drogas y a las bandas de rock.

¿Cómo logró un tipo de 75 años convertirse en uno de los más exitosos DJ de la escena electrónica? Giorgio Moroder está disfrutando de un renacimiento tardío de su carrera, pese a que creó la seguidilla de hits de Donna Summer en los ‘70 (Hot Stuff, I Feel Love, Last Dance) y también trabajó con Blondie, David Bowie, Janet Jackson, Elton John, Barbra Streisand y, más recientemente, Daft Punk, Lady Gaga, Coldplay y Skrillex. Este misterioso Moroder, italiano de origen, se encontró con Billboard para discutir su nuevo álbum Déjà Vu — el primero bajo su propio nombre en más de 30 años, que salió el 16 de junio — su rechazo por las drogas y otras sabidurías que ha reunido a través de décadas.

– Acepto mis limitaciones: “No soy un gran músico. Soy bueno tocando acordes, conozco un poco las leyes de la armonía, pero cuando se trata de la técnica, no soy bueno. Y soy feliz con eso”.

– Sé a quién llamar: “Hago lindos demos y para eso, solo necesito cuatro dedos. Luego utilizo al mejor músico que pueda llegar a encontrar”.

– Expulso al séquito: “Si estás convencido de que tenés un hit y el cantante no está convencido, lo único que puedo decir es ‘confía en mí’. Con Donna Summer, era difícil convencerla de que hiciera la parte de gemidos de Love to Love You Baby. Hizo un poco en los tres minutos del single, pero cuando hice la versión de 17 minutos, había una sección larga donde yo necesitaba más. No funcionó muy bien al principio. Había demasiadas personas en la cabina de control —su marido, un técnico, un amigo, músicos—. Ella no podía soltarse. Entonces eché a todo el mundo. Bajé las luces. Y de repente, lo hizo. Una vez que estuvo grabado, saqué el tape en seguida, antes de que pudiera venir a borrarlo”.

– No trabajo con bandas: “En general, no trabajo con grupos de rock. Coescribí y produje Call Me de Blondie. Siempre había peleas. Se suponía que después íbamos a grabar un álbum con ellos. Fuimos al estudio, y el guitarrista estaba peleando con el tecladista. Llamé al manager de ellos y renuncié”.

– Repito, no trabajo con bandas: “Me gusta llegar, estar al mando y tener la canción lista. ¿Se acuerdan de A-ha? Viajaron a Los Ángeles para grabar conmigo. Se suponía que iban a ir al estudio a la una de la tarde para comenzar, y hacia las seis, todavía no estaban allí. Al día siguiente, lo mismo. Entonces me fui. La vida es demasiado corta como para trabajar con bandas”.

– Sé decir no: “Probablemente soy el único tipo de Los Ángeles que nunca tomó cocaína. Llego al estudio cerca del mediodía, trabajo hasta las siete, luego me voy a casa y ceno. En el momento en que salgo del estudio, pilas de coca aparecen”.

– La codicia es buena: “El dinero es muy importante para la carrera musical. Cuanto más hace uno, más activo se pone, y las canciones que uno hace son mejores. A principios de los 70, yo estaba solo en Berlín y no tenía ninguna manera de hacer dinero, excepto si tenía un hit. Tuve uno bastante rápido, pero me llevó un año más tener el dinero. Uno tiene que comer”.

– No te quedes corto cuando te vendes: “Los derechos editoriales son para toda la vida. Hay que retenerlos. Yo vendí mis derechos a fines de los 80, porque tuve una gran oferta y no tenía idea de que iba a aparecer el streaming. En todos los comerciales se usa música ahora. Traté de recuperar mis derechos, pero de la compañía me dijeron: ‘Nosotros no vendemos, compramos’”.
Foto apertura Gabriel Olsen