Alfredo Toth, Willy Iturri y Pablo Guyot volvieron a reunirse para revivir el grupo que cantó las alabanzas del new wave en la Argentina de los ochenta. “A medida que pasa el tiempo, lo que uno quiere es tocar con sus amigos”.

El primer jueves de agosto, en una sala de ensayo de Saavedra, tres tipos experimentados prefirieron encerrarse desde el mediodía a perfeccionar los detalles de sus canciones. Algunos son hits hechos en la Buenos Aires ochentosa y que iniciaron la gran avanzada del pop argentino hacia el resto de América Latina. Pablo Guyot, Willy Iturri y Alfredo Toth son los hombres detrás de la sigla G.I.T. Aire de todos, Es por amor, Ana, Siempre fuiste mi amor son ejemplos del poderío cancionero de este trío de músicos que se fueron encontrando en bandas de Raúl Porchetto (Metegol y Televisión) y Charly García (fueron parte de ese dream team que acompañó la gira de Clics Modernos, junto a Fito Páez, Fabiana Cantilo y Daniel Melingo). Decantaron en G.I.T., grabaron cinco discos en menos de una década, se disolvieron a mediados de los 90 tras un tour por Japón y tuvieron un show de regreso en el Luna Park en 2010. Pero ahora vuelven a activarse con una gira que ya los paseó por Perú, Chile y Bolivia, antes de desembarcar en el país.

Desde el distribuidor se oye lo que ocurre del otro lado de la puerta hermética: están embalados en una zapada que derivará en una versión apenas ralentizada del delicioso reggae-pop de No hieras mi corazón. Cuando les avisan que los están esperando para conversar, se lamentan tener que interrumpir el ensayo: no porque odien atender a la prensa, sino porque están muy entusiasmados con lo que está pasando dentro de la sala. Parecen tres pibitos contentos y cebados que no perdieron capacidad de sorpresa ante la música que generan sus instrumentos. Y del mismo modo encaran la charla: hablando a borbotones, uno completando la respuesta del otro, recordando anécdotas de épocas más agitadas, flasheados por cómo los recibió el público en esos primeros shows de regreso y con la esperanza de que esto continúe. “Lo que pasó en Perú y Chile fue muy loco, porque entre el público había chicos de 14 o 15 años que se sabían todas las letras…”, empieza diciendo Guyot. Completa Iturri: “Es que vienen con los padres y también nuestros temas siguen sonando en las radios, en las fiestas, en todos lados. Estamos vigentes”. Finalmente, Guyot concluye: “Me estoy mudando, y el otro día encontré una revista de la época de Primera sangre (1988). Leí y decía: ‘Gran show de los veteranos músicos de G.I.T.’ (risas). Ya en esa época éramos viejos para algunos”.

¿Y cómo se sienten ahora, entonces?

Willy Iturri: Ahora somos los nonos [risas].

– Pablo Guyot: Estamos más allá del bien y del mal, nos divertimos mucho. Aparte, sonamos bien. Si sonáramos mal, no tocaríamos.

– WI: Decidimos juntarnos por amor a la música. Nada de presiones de compañías, ni de empresas… que pase todo por la música, por estar en una sala de ensayo, por sonar bien.

¿Por qué es tan distinto este encuentro al que hicieron en 2010?

Alfredo Toth: Aquella vez nos convocaron, nos dijeron ‘vamos a tocar en GEBA’. ¿En GEBA? No, empecemos de otra manera.

PG: Esa vez, en realidad, fue un barullo para Willy, que vivía afuera. Hacía 14 años que no tocábamos juntos, así que estuvimos ensayando como cinco meses para tocar una sola vez. Ahora, ensayamos un mes y al toque salimos a tocar. Y sobre eso vamos mejorando la cosa para seguir tocando.

Si bien Alfredo y Pablo trabajaron como dupla de producción durante los últimos 25 años, ¿tuvieron que recomponer la onda entre ustedes para volver a tocar?

– PG: En toda banda pasa que, después de tantos años, no te bancás más al hinchapelotas que tenés al lado. Que en nuestro caso, somos los tres. A medida que pasa el tiempo, lo que uno quiere es tocar con sus amigos: lo demás son estupideces, cosas que pasan en el camino. No había nada que aclarar entre nosotros.

– AT: No tenemos resentimientos, somos grandes y nos juntamos porque nos sentimos bien, nada más. Si fuera para sufrir, no. Menos a esta edad.

– WI: Nosotros tuvimos una comida, charlamos, pero nada de enroscarnos en cualquier cuestión anterior. Ya sabemos lo que queremos o lo que tenemos que aguantar del otro y está todo bien.

¿Cómo es volver sabiendo de la vigencia que tiene su repertorio?

– PG: Nos divierte ir a tocar sin tener que estar con el disco de moda, pegando en todas las radios para que vaya gente… Pasó el tiempo y G.I.T. creció bien, envejeció bien y está bueno sentirlo con esta edad, a esta altura.

– AT: Es divertido, vivimos las cosas de otra manera. Antes estábamos a 200 mil, no nos dábamos cuenta de nada, ni en qué país estabamos. Era lo mismo estar acá que en cualquier otro lado. Nos acostabamos a las 9 de la mañana, ahora nos levantamos a esa hora, desayunamos, salimos a pasear, nos damos tiempo a hacer un poquito de turismo…

– PG: La primera vez que tocamos en Viña del Mar, afuera del hotel había cualquier cantidad de gente. Sacábamos la mano por la ventana y se escuchaba un ‘ahhhhh’, unos gritos terribles. Esa cosa de beatlemanía no va más ahora, por suerte…

– WI: No sacábamos la mano por la ventana… el culo sacábamos, y se volvían locos (risas).

Arrancaron con un show para Vorterix, que se transmitió en vivo, y parecía que el tiempo no hubiera pasado para ustedes, especialmente en voces y coros, que suenan como cuando las grabaron.

– AT: Yo no venía cantando mucho en vivo, entonces cuando volvimos en 2010 retomé las clases de canto. Y ahora la sigo entrenando, con disciplina, para tenerla lo mejor posible. Es fundamental cuidar la voz porque no es un instrumento más.

– WI: Y no sólo alcanza con ensayar: en una época, lo pasaba a buscar a Pablo y nos íbamos a correr por Palermo, a la mañana. Y después nos íbamos a ensayar. Ahora lo paso a buscar y damos dos vueltas al hipódromo… pero arriba del auto [risas]. Es muy importante entrenarse, ser consciente de tu físico, no hacerte mierda. O lo hacés de manera profesional, o dedicate a otra cosa.

El próximo 26 de agosto volverán a la Ciudad de Buenos Aires con un show en el Teatro Coliseo, una ocasión por demás especial y que suma ciertas presiones por el hecho de “estar tocando en nuestro lugar, adelante de todos nuestros amigos. A mí me cambia, para bien y para mal”, dice Pablo. “Es impresionante lo que está sonando el Coliseo: le hicieron una nueva acústica. El año pasado toqué de invitado de Raúl Porchetto y me encantó cómo sonó”, opina Iturri.

– PG: Igual siempre estuvo bueno el Coliseo; ahí vi a Aquelarre, imaginate hace cuánto.

– AT: Yo vi a Serú Girán ahí.

– PG: Esa fue la última vez que fuimos a ver a un grupo [risas]. Nos encanta tocar en un lugar así. El Luna Park es divino, tiene su tradición, pero no tiene muy buena acústica, no es tan amigable con el audio.

-WI: Sí, todavía estamos sonando [risas]. Se hace un quilombo bárbaro. Nuestro show va a tener todos los clásicos, obvio, porque la gente quiere escuchar eso. Pero también vamos a tocar temas que nunca hicimos en vivo.

– AT: De verdad, hay temas que jamás tocamos en vivo y van a sonar. No todos, obvio, pero de a poco se van a ir agregando al repertorio.

– PG: Esto tiene un principio, pero no un final.