La artista chilena regresa con "Castillo de Cristal", un nuevo single que cuenta con un videoclip dirigido por ella misma.

Ya pasó un año desde que Francisca Valenzuela presentó su cuarto disco, La Fortaleza. Un trabajo con el que, además de cosechar éxito y diversas presentaciones en Chile y el mundo, puso en la mesa distintos tópicos que visualiza, profundiza y da a conocer con su arte.

Ahora, la artista y activista regresa con un trabajo que exalta todo lo opuesto a la aparente Fortaleza. “Castillo de Cristal” nace en respuesta a la fragilidad de la vida y las relaciones: “Al escribirla, me di cuenta que muchas veces lo importante en nuestra vida se rompe o quiebra, pero que también hay ocasiones donde necesitamos romper con cosas para construir algo nuevo y partir de cero”, comparte.

Desde México, donde fue a filmar los videos restantes y reactivar proyectos postergados por la pandemia, Valenzuela está entretenida, reencontrándose con lo especial de una vida que antes asimilaba como natural.

Sacaste esta canción, ¿qué se siente dar a conocer este nuevo mundo?

Ha sido bonito, también extraño. Estoy súper contenta, en la pandemia hubo una inesperada activación creativa súper fuerte. Hice un disco entero, canciones escritas en pandemia, con un sonido y energía súper fresca. Fue muy orgánico. Se siente muy bien, salir al mundo es emocionante. Me siento muy afortunada de haber podido canalizar preocupaciones, ansiedades o reflexiones en la m´úsica, y de poder dedicarme a la música en momentos como este. Ser creativos, crear mundos, historias y compartirlas.

¿Qué trajo a tu universo esta nueva canción?

Es difícil identificar qué pasa en tiempo real. Creo que confianza, aprendí a confiar y a dejarme ir. Confiar en mí artísticamente, en mis colaboradores, no cuestionar tanto, entregarme al proceso. He hecho discos y conciertos con confianza y entrega, pero en este momento siento que hubo un disfrute y una consciencia, un estar presente. La pandemia me permitió estar conectada con el proceso, disfrutarlo, confiar y entregar mucho. Un proceso muy rico para mí, que a veces estoy muy atrapada en la cabeza.

¿Qué es ser frágil?

Creo que es vivir y mirarse sin miedo, aceptarse como uno es. Reconocer las vulnerabilidades, acogerlas y aceptarlas. En la medida en que uno acepta eso, deja de luchar tanto. Y se entrega a pesar del riesgo, porque siempre todo va a tener potencial para romperse o que duela. Es una invitación a vivir más conectado, más profundamente. Estas canciones nacen de forma visceral e inconsciente y tratar de ponerle palabras conscientemente es como agarrar algo intangible. Es una sensación que va surgiendo de algo emocional que es más inteligente que yo.

¿Surgió insconscientemente?, ¿o querías hablar de la fragilidad?

Las dos cosas. En La Fortaleza empecé a explorar esta temática. Si bien tiene muchos “yo” adentro, hay muchas temáticas de crudeza, fragilidad, vulnerabilidad. Ante la lucha con uno mismo, la ansiedad, el miedo, el arrepentimiento, facetas feas que no queremos mostrar, creo que la fortaleza es un proceso de reconocerlas y presentarlas legitimamente, no avergonzadamente. Hay un deber ser y un querer ser y eso siempre dio un tironeo. La crudeza y honestidad siempre ha estado, pero ahora quiero aprovechar ese espacio de creación para plasmar ese mensaje y empujarlo sin miedo. Si algo existe en el espacio creativo, ese espacio va a ser honesto y real.

¿Cuándo intentás sostener ese castillo de cristal?

Son como esas historias que uno se cuenta, que se ven muy bonitas y que no son para tí. Como construcciones más de afuera que de adentro. La canción la sentí desde un lugar de afuera, ciudadana del mundo, mirando este castillo. Sin embargo, dando vuelta la cámara y llevándola a mí misma, creo que he tenido que romper muchas cosas para reconstruir y muchas veces construí cosas que no me servían. En mi carrera, quizá seguí esta ilusión de llegar al castillo embobada, pensando que era lo que me correspondía o lo que yo quería, y en verdad no. Con presión, forjando una carrera que no era adecuada para mí, trabajando con personas que no tenían nada que ver conmigo, poniéndome límites. Es como el Mago de Oz, pensaba en algo que a distancia se veía increíble y en verdad es una ilusión, entonces hay que quebrar y construir algo distinto. Con otra materialidad, otras características, en lo colectivo o en lo personal.

¿Cómo se relaciona tu canción con las redes sociales?

Desde dos lugares. Por un lado, la alienación. Creo que se exacerba con las redes, estamos hiper comunicados y a veces falta una conexión profunda. Con el video quería ilustrar con una imagen teatral ese sentimiento. Por un lado, la sensación de desconexión y querer lo real y, por otro lado, esto de que el castillo se esté quemando y que no nos importe o no sepamos cómo reaccionar. 

¿De dónde llegó la idea del video?, ¿alguna anécdota?

Quería hacer un video performático, colorido y que referencie a los 90s y 00. Últimamente vuelvo mucho a esa era porque generó un impacto en mí y a la vez porque había algo de la actitud outsider que me gustaba mucho. De mirar el mundo de forma surrealista, con actitud, pero descolocada, no herida. Cuando quebré la tele con el bate, me enamoré muchísimo. Estuvo súper entretenido, lo grabamos muy bien. Fue divertido estar dentro de la caja de cristal. Lo más divertido era utilizar las referencias en escena: “Vamos Thalia”, me gritaban.

¿Reflexionás acerca de tu crecimiento?

Creo que no lo había hecho hasta la pandemia. Nunca me detuve a digerir las cosas, ponerles nombres y palabras. Ahora sí lo siento, no solo desde un lugar objetivo, porque la estructura, el crecimiento regional, los hitos son algo, pero también lo siento desde lo personal, la convicción artística. Me costó aceptarme y quererme como artista, disfrutar el proceso y levantar estos proeyctos, creerle a mi punto de vista y lo que tengo que decir, dejarme llevar por ese impuslo y armar el proyecto de la manera que hace sentido a mí: creo que ese es mi mayor logro. Tener una carrera y relaciones sanas y libres y no estar amarrada a nadie ni a nada más que a mi voluntar artística, mis ganas y mi proyecto. Tengo un gran privilegio.

¿Sos soñadora?

Sí, seguro que sí. Un poquito delirante incluso. Ahora, filmando los videos, sentía que era un poco un sueño. Estábamos en nuetras casas y de la nada es mi trabajo armar un video, con mis equipos, amigos, familia. Creo que hay ejes que se traducen en acciones, esa energía en mí está bien puesta. Mi sueño es seguir creciendo y a nivel Latinoamericano, que mi música llegue lo más lejos posible, seguir colaborando y crear, vivir una vida dinámica, creativa y muy viva.

¿Por qué comenzaste esa nueva etapa con “Castillo de Cristal”?

Esta canción es la primera porque plantea este momento de cómo todo se está quebrando, cayéndose a pedazos. Estamos enfrentando ese mundo que cae, ¿qué viene después?, ¿qué se hace de cara a eso? El capítulo dos viene una invitación a qué hacer con eso.

¿Qué podés anticipar del disco?

El disco completo, hecho en pandemia, es apasionado y orgánico. Es una digestión de la vida de afuera y adentro. Está la dualidad entre la fragilidad y lo fuerte, y también lo doloroso y lo bonito. Conviven. Todo eso, revestido por música fresca, colorida y un pop súper lúdico.

Por Josefina Armendariz