La cordobesa encuentra su propia identidad en un EP que transmite vanguardia y riesgo. Pop contemporáneo con tonada local y proyección global.

En apenas un cuarto de hora, las sensaciones que se viven en la intensidad de los cinco tracks del primer EP de Flayaz son incontables. Un minuto y cuarenta y seis segundos dura el primer espasmo musical, “19119”, en apariencia una introducción formal para “Ahí”, pero también mucho más. Desde el primer instante, la voz protagonista reclama una atención que alimentará más y más con cada inflexión interpretativa. “Yo agarré tu mano y la metí en mi corazón”, anuncia, mientras su cantar crece en sentimiento y rugosidad. Basta esa pequeña porción de información sonora para atestiguar el nacimiento de un personaje tan fuerte como la energía que transmite el sonido. Antes que un EP que presenta formalmente un proyecto, el debut solista de Yaz Álvarez propone un experimento narrativo de pop urbano.

“Losotro es los otros, que somos nosotros”, plantea la cordobesa, jugando con el lenguaje y la historia propia. “Es un disco que habla sobre mí pero yo espero que cuando lo escuches te veas reflejado”, acota la cantante. Ella es, desde hace tiempo, una de las voces más reconocidas de la escena emergente mediterránea. Primero como corista de Willy Crook, luego como parte del trío The Reverend Sons Of -aportando voces y programaciones- y también al frente de Fitzbiyatau, Alvarez desandó en profundidad el terreno de la música negra en su versión más pura, apelando a hacer suyas las tradiciones del soul, el funk y el gospel. Esa fue la base para empezar experimentar con loops y efectos varios y no volver a mirar atrás.

En esa misma línea, su primer EP funciona como un quiebre definitivo. Desde lo idiomático (luego de años de cantar en inglés, Álvarez abraza el cordobés) pero sobre todo desde lo estético. Junto a Bernardo Ferrón (de Telescopios, productor cabeza del sello Las Playas), Flayaz se desarrolla como entidad con nombre propio. “La Álvarez”, “Rafael” y “Es el viento” potencian todavía más las sensaciones iniciales. La música sucede como si fuera un organismo vivo; la idea detrás del ritmo se vuelve cada vez más compleja y también menos restrictiva. Todo parece posible en esta película musical que podría ser un cómic futurista. Es apenas una primera grabación de cinco tracks pero se siente como una puerta abierta a vaya saber qué nuevos universos.