Tras ocho años de silencio, la neoyorquina editó Fetch The Bolt Cutters, un disco que combina letras deslumbrantes con sonidos crudos y viscerales.

Por Walter Garré

Fiona Apple siempre fue una adelantada a su tiempo: como joven artista a finales de los años 90, escribió canciones sobre sus experiencias acerca de la agresión sexual, un tópico que por mandatos culturales y sociales el inconsciente colectivo evitó deliberadamente hasta hace unos pocos años.

Casi 25 años después, se adelantó a la cuarentena y se acuarteló mucho antes en su casa donde improvisó un estudió y grabo Fetch The Bolt Cutters (algo así como Andá a buscar el Cortapernos) un trabajo decididamente visceral que contó con la participación del bajista Sebastian Steinberg, el baterista Amy Aileen Wood y el cantante y compositor David Garza en guitarra. En palabras de Steinberg, “Es un disco crudo y antipático”.

Ausente de los toques exuberantes de los productores, la casa se Apple se transformó en un gran instrumento: aplausos, murmullos, coros, utensilios de cocina, ladridos de perros, ecos y susurros forman parte de una intencionalmente desordenada percusión que le da a cada canción la sensación de una sesión de improvisación. Fiona se la pasa yendo de la cama al living, pero con una grabadora registrando cada paso. La sensación de composición perfecta que marcó sus viejos discos fue reemplazada por momentos, historias y sonidos llenos de
realismo.

El título, Fetch the Bolt Cutters es una cita de la serie de televisión británica The Fall, donde la protagonista, una investigadora de crímenes sexuales interpretada por Gillian Anderson, recita la frase mientras investiga una escena del crimen donde una mujer fue torturada. Un cortapernos es esa pinza que puede romper cadenas, alambres o candados, literales en la
serie británica y simbólicos en el disco de Apple. “Buscá el corta cadenas, he estado aquí demasiado tiempo” dice la letra de la canción que da título al álbum, y llama a cada uno de los cortes por su nombre: los abusadores, las chicas y chicos cool “wannabe”, pero por sobre todo la masculinidad tóxica.

El disco también explora sus complejas relaciones sociales con otras mujeres. Apple intenta de esta manera hacer las paces con el tipo de mujeres que la sociedad y la presión del mundo del espectáculo siempre consideró como su competencia: por ejemplo, las novias posteriores de sus ex.

La plenitud de su interpretación de piano es evidente en el primer minuto en ‘I Want You Love Me’ y las líricas hablan de su negativa a ser silenciada: “Los chicos geniales querían deshacerse de mí”, advierte en la canción que le da título al disco. “Te dije que no quería ir a la cena; dame una patada debajo de la mesa todo lo que quieras, no me callaré” (en ‘Under the Table’).

Apple agregó recientemente en una entrevista a Vulture: “la idea general es no dejar que los hombres nos enfrenten entre nosotras o que nos mantengan separadas unas de las otras para que puedan controlar el mensaje; se trata de salir de cualquier prisión en la que te hayas permitido vivir. Buscá los malditos corta cadenas y salí de la situación en la estás”.

Hay una nueva ferocidad indomable en la voz de Apple, como relatora de historias de feminismo, parejas abusivas, sacrificios de amor y cenas en las que no estará callada. Apple se acercó a su voz como un instrumento musical. En la misma entrevista, agregó: “Me divierto con mi voz, pero no trato de hacerla linda todo el tiempo. No estoy tratando de convencer a nadie de que soy cantante. Simplemente resultó ser otro instrumento”. Los sonidos grabados en su hogar de Los Ángeles crean una experiencia auditiva visceral.

‘For Her’ es una canción acapella que Apple escribió después de las audiencias de nominación de 2018 del juez de la Corte Suprema Brett Kavanaugh, quien había sido acusado de agresión sexual. El disco desafía la categorización de género rechazando la estructura tradicional de “Estribillo y coro” clásico del pop. Las canciones son impredecibles y presentan secciones en bucle, bruscas frenadas y cambios de tempo.

Fetch the Bolt Cutters no es un disco pesimista ni optimista; es simplemente el reconocimiento del carácter agridulce de la existencia: ‘Heavy Balloon’ no es solamente un número que encarna la naturaleza incesante de la depresión, sino que también es una canción sobre la lucha para mantenerla a raya. ‘Shameika’ es un recuerdo de días desalentadores de la adolescencia, pero no está centrada en la crueldad del bullying sufrido, sino más bien en el aliento que recibía de una desconocida que la alentaba: “Shameika dijo que tenía potencial”.

El disco puede amenazar a la ideología patriarcal dominante y ser divertido a la vez, pero siempre mantendrá el carácter de la cantante, compositora y pianista: “Crecí con los zapatos que me dijeron que podía llenar; zapatos que no fueron hechos para correr esa colina; Y necesito correr esa colina;
Y lo haré, lo haré, lo haré, lo haré, lo haré “. Por si no quedó claro.