La segunda edición se realizó el viernes 23, de la mano de Bandalos Chinos, Morbo y Mambo, Louta, Juan Ingaramo, Yataians, Amalia Amapola y Zuker.

Podría decirse que el “planeta Jalea” –como lo definen sus creadores− es para los sensibles y los entusiastas. Se trata, desde sus inicios, de un mundo estrambótico que emerge desde las entrañas de la productora Cultural Factory. Pero hoy, Jalea es algo más que un planeta: podría decirse que el festival Jalea compone un universo. 

Esta segunda edición del festival, que tuvo lugar el viernes 23 en Punta Carrasco, prometía un line up cargado de artistas ya reconocidos en el circuito indie argentino, una cuidada selección de artistas visuales y variedad de emprendedores y foodtrucks.

Las puertas abrieron a las seis de la tarde, y los Amalia Amapola fueron quienes iniciaron la jornada musical con el rock psicodélico de su primer disco, homónimo.

Sin embargo, fue el reggae de Yataians lo que reunió a la gente frente al escenario. Luego fue el turno de Juan Ingaramo y su militancia pop, que pasó por el festival antes de emprender su gira por Norteamérica. Acompañado por la atrapante voz de la cantante Emme, el cordobés encendió y apagó al público porteño a su antojo, primero con temas como Hace calor, lanzado en diciembre del año pasado, y después con canciones como Matemática, Sos Tan, y otros de su disco Músico.

Una docena de satélites complementaron la escena musical: muralistas como Martín Ron –quien se despachó con un mural de seis metros de ancho y dos metros y medio de alto, en el que retrató a un millenial apaisado en pleno momento selfie–, Talón de Aquiles, Toia Grehan y Bosakkk; stands de emprendedores como Carrera Motorcycles –donde se pintó a mano un tanque de moto– y Rouen Cycles ofrecían un entretenimiento y participaciones para todo aquel que quisiera sumarse a colaborar. Todo eso acompañado por la música que pasaron DJs como Alonso Morning, Sandro, Inda Jani y Tom Tom, entre otros.

Llegó el ritmo marplatense de Morbo y Mambo cerca de las nueve de la noche, y dominó los primeros minutos de actuación con temas instrumentales que coordinaron los pasos de la mayoría.

A pesar de la leve dispersión que se producía entre banda y banda, la gente volvió a reunirse cuando sonaron los sintetizadores de Bandalos Chinos. La chinada, o los bach –como suele llamar Bandalos a sus fieles– pisaron fuerte y bailaron durante algo más de cuarenta minutos. Una banda sólida con un frontman ecléctico como Goyo Degano y los efectos visuales como telón fueron algunos de los rasgos destacables de un show dominado por tintes electrónicos.

Y casi sobre el final, apareció Louta, el uach del momento, con una puesta en escena que consistió en un living completo. También se metió en una pelota inflable transparente, actuó desde el sillón y bailó El meneaito. A pesar de un desperfecto técnico en medio de su performance, Louta comandó un show del que nadie fue indiferente.