En un encuentro exclusivo con Billboard AR, y mientras disfruta de un excelente momento con su actual proyecto grupal, el reconocido músico argentino reflexiona sobre su manera de ver y vivir la vida, su trayectoria, su eterna falta de prejuicios a la hora de escuchar música, los jóvenes artistas que copan los charts y el gusto del público. Además afirma de un modo rotundo: “Hoy, para mí, Catupecu es un capítulo cerrado”.

Casi desde el inicio de su carrera, Fernando Ruiz Díaz siempre se mostró como una persona inquieta, curiosa, hiperactiva y muy apasionada por la música en general y por vivir la vida a pleno. Esas características que lo definen en la calle o en infinidad de entrevistas -más su habitual verborragia, tanto arriba como abajo del escenario- se mantienen intactas, haciendo de él, sin dudas, un célebre, singular y querido personaje dentro del rock argentino. 

Tras el sorpresivo impasse autoimpuesto con Catupecu Machu, el cantante, guitarrista y compositor se reinventó a través de Vanthra, un nuevo trío que, con una propuesta ecléctica y experimental, cautivó a su público de siempre, sumando además a toda una joven audiencia que acompaña esta flamante aventura. Fer Ruiz Díaz no sólo se siente feliz y pleno con su nueva criatura musical, está más que entusiasmado con el nuevo material que están preparando y confiesa que no le quita el sueño convertirse en solista. Sabe que, tarde o temprano, llegará el momento o la necesidad de expresarse en solitario, pero a él le encanta formar parte de un grupo, de compartir sus creaciones con otros en todo momento y lugar. Es lo que lo impulsa a seguir adelante y disfrutar cada minuto de su existencia.      

“Yo siempre flashee, por ejemplo, con la primera vez que fui al mar. Yo conocía el río, porque nací en Santa Fe, y mientras mis amigos veraneaban en Mar del Plata, yo volvía  a esa provincia y me pasaba horas disfrutando del río Paraná y del Salado. Pero cuando conocí el mar pensé que si Dios existe debe ser algo como eso”, relata la voz cantante de Vanthra. “Claro, como era chico veía el mar como algo inmenso y aún hoy lo sigo viendo así. Entonces mi manera de vivir siempre fue de esa manera: viendo la inmensidad, las señales. Es como estar de vacaciones pero siempre trabajando; como el ashtanga yoga, que es meditar en movimiento. Más que un buscador, soy un encontrador (sic). Mis días son 24 horas de aventuras. Por eso me cuesta mucho acostarme y dormir. Me encanta la mañana, el olor a panadería; o si estás en medio de la naturaleza ver la escarcha. Me gusta mucho el día y también la noche”. 

– Disfrutás mucho la vida…

– Sí. Pero eso a la vez es un problema porque la libertad y el disfrute tienen mala prensa. Lo que más sufrí en ese sentido es respecto a las relaciones: salvo con mi hija, me pasa con el resto, incluso con los músicos. Reconozco ser un tipo intenso, pero yo no sé vivir de otra manera. Todos los días escribo, compongo, toco, viajo. Me encantan los aviones, los hoteles. En definitiva, me encanta vivir y creo que a todos les gusta pero de a ratitos, cuando el riesgo no es un factor decisivo. Alejandro Sanz tiene una frase que me encanta y dice: “vivir es lo más peligroso que tiene la vida”.

– En ese sentido, quizás seas la primera persona del rock que entendió a aquellos que no llevaban esa bandera. Nombrás a Draco Rosa, a Alejandro Sanz; hacés covers de todos los estilos y colores. Cortaste con las dicotomías.

–  Cuando estaba en la secundaria no estaba permitido escuchar Soda Stereo, Sumo y Los Fabulosos Cadillacs al mismo tiempo. Eras punk, heavy metal o rolinga. Mi tendencia siempre fue el punk: los Pistols, Ramones y The Clash. Tenía una amplitud importante. Si me preguntan por los grupos que más me impactaron eran todos muy disímiles: La Sobrecarga, Ratones Paranoicos, Soda, Sumo, Los Violadores… Nunca me encerré en una banda en particular.

El coqueto Herencia Custom Garage de San Isidro se vistió de gala para celebrar los primeros tres años de Ford Mustang en Argentina. Y lo hizo con un evento en donde la música estuvo presente a través de una súper banda integrada por músicos fanáticos de dicho automóvil. Flavio Cianciarulo, su hijo Astor, Juanse, Nico Bereciartúa y, obviamente, Fernando Ruiz Díaz deleitaron a los invitados con un set muy rockero en el que además se presentó oficialmente el Mustang 2020.“Más allá de que amo a mi Mustang, viajar y escuchar música en él y me gusta compartirlo con mi hija, jamás imaginé que para este lanzamiento iban a elegir mi tema ‘La piel del camino’ como el principal”, comenta el líder de Vanthra, un apasionado tanto del rock como de los fierros. “Para mí el Mustang es lo más. Me volví fanático de los autos desde chico viendo Meteoro, el Delorean de Volver al futuro y más adelante con la película Bullit, protagonizada por Steve McQueen. Creo que el Mustang es el ícono en materia de autos, es el auto. Yo con él tengo una cosa muy alucinante, es como parte del imaginario. Si lo llevás a la música sería como la Fender Stratocaster de Jimi Hendrix, la Gibson Les Paul de Jimmy Page o la Telecaster de Keith Richards. Llegar a ser un ícono no es algo que se pueda hacer con una estrategia de marketing; es algo que decide la gente”.

– ¿Y qué cambió para que ahora se viva una mayor amplitud?

– Es que yo siempre viví la música así. Además de todos los grupos que nombré, me encantaba ir a ver a Los Redondos cuando tocaban en lugares chicos donde no había pogo ni nada de eso. Yo agarré la época de la new wave y, en ese cuadro, me impactó mucho Virus. A la vuelta de la sala de ensayo que armamos con mi hermano Gaby, había un quiosco atendido por una señora grande que era divina y por el que pasaban personas más grandes que yo que me llamaban la atención: gays, lesbianas y muchos personajes vestidos con ropa muy moderna y llamativa. A través de ellos conocí a Virus, no fue gracias a la radio. Eran fanáticos desde antes de que saliera el primer disco. Me acuerdo que para esa época yo iba a la pileta de Vélez y se anunció que Queen iba a tocar allí. A través de unos amigos del club me colé en el recital y volví a mi casa muy tarde. Mi vieja estaba tan preocupada que recién volví a la pileta tres semanas después. Claro, eran épocas muy jodidas para que un pibe de 11 o 12 años anduviera solo por la calle y encima de noche. Y volviendo a lo de mi amplitud musical, yo escuchaba Queen y Kiss al mismo tiempo cuando en esa época en Argentina eras de un bando o del otro. Siempre fui así, desde chiquito.

– Catupecu fue contemporáneo del llamado rock barrial y, a la vez. era muy distinto a todo eso, porque ya desde el principio metían sintetizadores y otros sonidos, ¿no?

– Sí. A mi hermano Gaby y a mí siempre nos gustó transgredirnos a nosotros mismos. Recuerdo que estábamos juntando plata para salir de gira por Latinoamérica, porque nos llamaban para ir pero los costos eran muy altos, en un momento donde acá todo pasaba por el rock barrial o rock chabón. Al final, se dio la posibilidad de hacer una gira de un mes y medio por Puerto Rico porque nuestra música sonaba mucho en las radios y querían vernos en vivo. Todo fue gracias a la insistencia de un conductor de radio de allí al que le había gustado mucho nuestro álbum Cuentos decapitados, y que nos empezó a difundir en su programa y la gente respondió muy bien.

– ¿Cómo te sentís ahora que ya sos parte del rock argentino pero sin ser lo nuevo ni la música que está sonando actualmente, que es muy distinta?

–  Bien, porque nosotros con Catupecu sufrimos una cosa que era que, tanto los músicos como el público, nos votaron como la banda revelación durante cuatro años seguidos, cuando ya teníamos tres discos grabados (se ríe). Por eso me emocioné mucho cuando a principios de 2018 tocamos con Vanthra por primera vez en el Vive Latino en México, y los periodistas comenzaban las notas diciéndome: “Fernando, tú que eres una leyenda…”. Y ahí pensé “Qué loco que me consideren así”.

– Ahí tomaste conciencia de que ya tenías una trayectoria.

– Y que ahora me venían a ver los hijos de los fans de Catupecu. Por eso me encanta lo que pasa con Duki, Ca7riel, Wos, Paco Amoroso, Juan Ingaramo y otros artistas nuevos. Tienen una energía increíble y mucho para dar. Y a muchos de los artistas del momento los conocí por mi hija Lila y está buenísimo: Twenty One Pilots, Billie Ellish, Rosalía y la lista sigue.

– ¿Qué opinás de Paulo Londra que en la actualidad es el artista argentino que más suena tanto aquí como en el exterior?

– Londra me cae simpático. Primero porque es cordobés como mi vieja y aparte porque me encanta esa provincia. Es muy ATP pero en realidad hay fenómenos que no se explican. ¿Viste cuando el rock sinfónico era furor y de golpe aparecieron los Sex Pistols y cambió todo? Bueno, salvando las distancias, yo veo algo parecido. Es super exitoso pero sus videos parecen hechos con un celular y me encanta. Todos estos chicos que surgieron destrozaron las estructuras de lo que tradicionalmente era la industria discográfica. Las compañías, creo, se quedaron un poco en el tiempo, y aparece un tipo como Duki que te dice que no quiere arreglar con ninguna y lanza su música por su cuenta. Creo que si a estos artistas les va bien es porque algo tienen. Me encantaría grabar algo con todos estos músicos que están surgiendo.

Fernando Ruiz Díaz y su Ford Mustang para Billboard, octubre 2019. Foto: Tute Delacroix.

– ¿Y qué podés decir de Lali, Tini y Cazzu?

– Que todas son hermosas pero no es la música que escucho. A Lali la conocí en una fiesta de Sony y me parece una copada total.  

– ¿Cómo conviven el Fer Ruiz Díaz de Vanthra y el que a veces toca solo?

– Siempre me gustó descubrirme. Cuando puse en stand by a Catupecu sabía por qué lo hacía y al mismo tiempo no. Pero sentía que algo había cambiado, que yo estaba distinto y tenía que parar. Por eso quiero contar que los shows con Vanthra del otro día fueron los últimos con Pape (Fioravanti).  Pape será un Vanthra toda la vida, un trío que comenzó después de Catupecu, pero esta vida es tremenda: 25 aviones por mes, hoteles, subís, bajás. Para seguir ese tipo de vida tenés que abandonar todo y Pape lo estaba sufriendo. Lo hablamos, quedó todo bien y ahora estamos con un percusionista nuevo tocando con nosotros que es Julián Gondell (ex Callate Mark). Cuando llegue el momento de grabar como solista lo haré pero voy a tocar todos los instrumentos yo. Lo que ocurre es que a mí me gustan los grupos. Cuando a veces me presento solo en vivo, subo al escenario con mi guitarra e improviso durante horas pero no toco temas propios; no lo considero el inicio de una carrera solista. Ahora con Vanthra estamos en una etapa muy loca, muy metidos para adentro. Los ensayos con Juli son tremendos, están saliendo cosas descomunales. Hay mucha gente que me pregunta cuándo vuelve Catupecu pero para mí es muy difícil porque yo lo relaciono con Gaby. Ahora siento que mi hermano es un Vanthra como yo y me siento muy bien así, no sé cómo explicarlo. Es alucinante todo lo que está pasando con Vanthra, por eso seguimos adelante más allá de la partida de Pape. Me veo en un momento muy lindo. Por eso, para mi, hoy Catupecu es un capítulo cerrado. 

– ¿Cómo te ves de aquí hacia adelante?

– Yo quiero vivir 103 años con todo lo que eso implica. Sé que a esa edad no voy a poder correr por el escenario pero no me veo sin tocar. Mi relación con la música no va a variar, subiré con una guitarra criolla y seguiré cantando.

Fernando Ruiz Díaz y su Ford Mustang para Billboard, octubre 2019. Foto: Tute Delacroix.