Luego de Feroza y Amores Gatos, la cantautora salteña presentó El valle encantado.

Tres años de trabajo se hacen realidad en forma de 12 canciones. Feli Colina continúa descubriéndose en un álbum que retruca sus raíces y lleva su imaginario al extremo.

Luego de haber ejercido su creatividad al máximo en el proceso de su aclamado segundo álbum, Feroza (2019), la artista salteña creyó no tener tanto más para decir. Hasta que la pandemia y la imposibilidad de viajar a su hogar la hicieron reconectar con él. Así se fue gestando El valle encantado, un retrato de los paisajes visuales y sonoros de su querida y extrañada Salta.

Tal vez, la enseñanza más relevante que le dejó el disco – porque aún sigue descubriéndolo – es que las cosas ocurren y que solo hay que darles espacio: “Tengo una tranquilidad en que las cosas están sucediendo y se están haciendo”, reflexiona en torno a su futuro.

Tu tercer disco ya es del mundo, ¿qué se siente compartir un trabajo de tres años?

Estoy muy contenta desde que salió el disco, con mucha energía, con ganas y contenta con la recepción. También, recapitulando todo para ir contando chismecitos canción por canción.

¿Qué se siente diferente con respecto al lanzamiento de Feroza y Amores Gatos?

Estoy más tranquila, más paciente, más segura.

Tu música es sinónimo de autenticidad, ¿lo buscás?

Lo busco todos los días. A veces se pierde de eje, pero es una búsqueda que me interesa. Tiene que ver conmigo y con mis deseos y como comunicadora lo hago para ser sincera con lo que cuento. Hay ciertos terrenos ganados, sobre todo en no tener miedo a hacerlo. Creo que esa es una nueva plataforma que me dejó Feroza. Con Feroza era la primera vez que me ponía ese lugar. Hoy no le tengo miedo a serlo, sino a no serlo. Estoy más ocupada en buscarlo que en no ocultarlo.

Hacer música es como tener un poder, un canal para decir, ¿sos consciente?

No para con otros. Trato de saberme instrumento humano. Creo que todos somos instrumentos humanos. Por eso intento mantener el canal, la mente, el corazón y el cuerpo lo más limpios que puedo. Me encanta el proceso y no me obsesiono con el resultado. Soy consciente de la suerte que tengo y estoy muy agradecida de esa posibilidad.

¿Cómo llegaste a este valle encantado?

Creo que la pausa de la pandemia tuvo algo que ver. El no haber podido viajar a Salta, revalorizar paisajes visuales y sonoros de allá, los procesos que me va tocando vivir cada día, cada año, cada período. Cuando salen las canciones y veo el total empieza la parte más divertida para mí: entender el hilo conductor y fortalecer algo que ya está. Ser sincera con lo que canto. Buscar el hilo conductor entre mis últimos tres años de vida. Empiezan a aparecer imágenes, timbres, cada canción me va contando algo.

¿Qué descubriste en este proceso?

Una conclusión personal que me deja el disco es que las cosas suceden y que yo solo le tengo que dar lugar a que sucedan. Que no me preocupe, tengo una tranquilidad en que las cosas están sucediendo y se están haciendo. Ahora, para lo próximo, no tengo ansiedad, sé que en algún lugar del subconsciente se está armando algo, ya tendrá su momento de salir, se me mostrará y podré ordenarlo. Ese fue el regalo de El Valle Encantado: “Tranqui que se está gestando”.

Te da la pauta de que tenés mucho más por dar…

Me da muchísima curiosidad todo lo que tengo por descubrir. Y eso que después de Feroza no tenía tanto para decir…

Qué lindo la cantidad de gente que participó…

¡Precioso! Sobre todo para este disco. Feroza era un disco mucho más personal, requería que lo haga más sola. Este disco es un festejo a la existencia de la música. Pienso que a compartida la música, más rica y más bella es. Que haya tanto pedacito de tantas personas solo fortalece el concepto.

¿Cómo te gustaría que se escuche?

Enterito, en orden. Creo que es un disco para sentarse a escucharlo, hay canciones para diferentes contextos, pero como quien se sienta a ver una peli.

¿Seguís descubriendo cosas?

Sí, reinterpreto, vuelvo a entender, entiendo de manera diferente. Me pasó con “La entrega” hace poco, entendí que tal vez estaba hablando de otra cosa. El disco se transformará en mí. Siento que la música es independiente de quien la hace y así como se va transformando en mí, me gusta ver que cada quien hace de este disco lo que necesita. El oyente es el que completa la obra. Me gusta que tenga esa independencia.

Hay una cantidad considerable de léxico religioso, ¿en qué creés?

Creo que hay una energía que es la que hace que las hojas se caigan en otoño o que hace que los planetas giren alrededor del sol en perfecta armonía. Creo que hay una energía que hace que toda la creación se mantenga en armonía. Toda esa ingeniería que no tiene lógica, es, sin más. Eso para mí es dios o la diosa. Creo que la música y el arte es de esa naturaleza.

Decís que “la trama de tu vida es bella, pero insignificante”, ¿cómo es seguir adelante después de este trabajo de tres años?

Tengo muchísimas ganas de tocarlo, un montón. Estoy disfrutando mucho los shows de El Valle, son una fiesta de verdad. Mientras gestando lo próximo, que no lo vamos a apurar.

¿Qué preparás para el Quilmes Rock de este domingo?

El show es el de El Valle. Va a estar hermoso, tengo muchas ganas de ir y de escuchar bandas, muchos amigos van a tocar también. Tengo ganas de tocar frente a todos los públicos que se pueda y frente a los escenarios que toquen. Cualquier fechita, sea cual sea, me entusiasma.