Desde Salta, llegó a la ciudad de Buenos Aires para hacerse camino cantando, incluso como parte recurrente de la rutina de la línea B del subte porteño. Ganó el concurso Camino a Abbey Road y el contexto creativo que rodea a su segundo disco tiene olor a algo importante.

En el momento en el que cobra forma este artículo, Feli Colina está en Abbey Road. No es un bar bautizado en honor al estudio inglés ni una casa de veraneo de una familia atravesada por el fanatismo hacia los Beatles. Es el Abbey Road posta. El de la tapa con John, Paul, George y Ringo cruzando la calle. El hogar y el caldo de cocción de algunos de los discos más gloriosos de la historia del pop. Allí es donde, precisamente, el segundo álbum de la cantautora salteña empieza a gestarse. Junto a los músicos Diego Mema, Manuel Figuerero (ambos también en Salvapantallas) y Baltazar Oliver (La Femme D’Argent), Colina tiene un plantel de lujo para un registro que pide urgencia.

Por lo pronto, solo se puede escuchar a la banda en acción en “Cicuta”, una sesión en el estudio El Pie que formó parte del concurso que la llevó a Londres. Allí es posible ver la tensión entre experiencia sonora y ambición pop que atraviesa la incipiente obra de la artista, que tiene, además, dos simples lanzados en 2017 y un primer disco titulado Amores gatos, de 2016. No es casual que Fran Saglietti aparezca aquí y allá entre gestos y directrices interpretativas. Que el cordobés acompañe el proceso creativo y ya haya sumado a Colina a su banda en vivo es una señal contundente. También lo es la relación artística con Conociendo Rusia y Gonzalo Aloras, dos referentes de la canción en sus respectivas generaciones.

Más que un dato de color, es un indicio: no es para nada menor la experiencia acumulada por la artista en los vagones de la línea B del subterráneo de la ciudad de Buenos Aires. Allí, Colina consiguió financiar su primer disco, pero también forjó una necesaria fortaleza escénica, a prueba de horas pico. Que “Pensares” y “Popa”, sus últimas canciones editadas en plataformas digitales, sean radicalmente superadoras de aquel debut también enciende los radares de curiosos y analistas. La expectativa en torno a Feroza, que será editado en 2019, es entendible cuando se completa el rompecabezas que arma a Colina como artista que ha sabido ganar su propio espacio. Alcanza con escucharla en el estribillo de “Cicuta” para entenderlo: llegó para quedarse y viene a reclamar un lugar en la discusión.

 
 
 
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Una foto de @vivitemon de la última fecha del 2018. Cuanta felicidad había en ese cuerpito.

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