Cumplen 15 años en la música y lo festejan con nuevo disco y una gira que comienza el 2 de diciembre en Obras. En esta entrevista viajamos al corazón de la banda y revisitamos su carrera.

Los aniversarios suelen ser una excusa para festejar, pero también son un momento de reflexión para consolidar lo logrado y recordar el camino recorrido. Traen a nuestra mente y cuerpo momentos especiales y se reviven para ser materializados en forma de celebración presente, fortaleciéndolos.
El festejo para Eruca Sativa llega en un gran presente: la banda acaba de editar Seremos primavera en vivo en la Ballena Azul (un trabajo que aborda el material de su última producción de estudio); fueron nominados al Latin Grammy por la canción Día Mil, y tienen listo un nuevo disco de versiones que se editará a fin de año coincidiendo con el aniversario y el inicio de la gira.
El material del nuevo trabajo fue grabado en apenas unos días, en una toma cada canción, sin post producción y bien en crudo, para ver “cómo está el trío”, según palabras de Brenda Martin. Con esa premisa, de chequear como está la banda, compartimos una tarde con sus integrantes rodeados de autos, herramientas, olor a aceite y recordamos la ruta que los trajo a este magnífico presente.

“Vos te tenés que dedicar a la música”. Así de directos fueron Gabriel Pedernera y Brenda Martin cuando conocieron a Lula Bertoldi arriba del escenario. Pero en ese momento, la vida de Lula estaba en un plan completamente diferente, porque si bien formaba parte de diversas bandas, su horizonte y energías estaban puestas en su carrera universitaria: “Yo estaba estudiando licenciatura en relaciones públicas, no veía a la música como un medio de vida; tuve la suerte de haberme encontrado con Gaby y Brenda y ellos me alentaron a seguir por el camino que nos mantiene unidos. Pero los recorridos fueron juntos por un tiempo, Eruca ya existía y ellos fueron el día que rendí la tesis final para recibirme”, recuerda Lula.

Desde sus inicios, la historia de Eruca Sativa estuvo marcada por la convicción y la confianza de estar en el sendero deseado. El contexto, las señales o la industria parecían no ser los ideales, pero el trío se mantuvo sólido y decidido a realizar las cosas tal como ellos las querían hacer.

¿Cómo se conocieron?

Gabriel Pedernera: Yo fui a ver un show que ella [Lula] tenía con otro grupo, y no podía dejar de mirarla. De un momento a otro el resto del grupo que estaba tocando dejó de importar, y empecé a mirarla fijo porque me parecía impactante lo que hacía.

Lula Bertoldi: ¿Que banda era? ¿La Morrison?

G.P.: No me acuerdo si era La Morrison o Power Pampa.

A partir de ese momento nació la amistad, los momentos compartidos, las charlas se hicieron frecuentes y los dos mundos de Lula se encontraron en conflicto: la música para juntarse con amigos por un lado y su carrera universitaria por otro.

G.P.: A mí me pareció que ella tenía algo muy importante para decir. Era un personaje impresionante arriba del escenario. Así que poco a poco traté de sacarla de todos los lugares de donde estaba y robarla, básicamente (ríe).

Brenda Martin: Es difícil sintetizar esta historia, nosotras habíamos compartido una banda antes, y en 2007 yo estaba en otro proyecto con Gaby en un cuarteto (batería, bajo, guitarra y teclados instrumental) y se empezaron a cruzar las historias entre los tres. Ya anteriormente habíamos compartido música con Lula en Toráx, pero la vez que flasheé con ella fue cuando la escuché cantar en una sala de ensayo con otra banda [Lucila Cueva] en la que éramos todas mujeres; hasta ese momento yo la conocía de tocar la guitarra, pero cuando la escuché cantar me di cuenta de que la voz de ella era distinta a todas

L.B.: ¡Me acuerdo de la primera vez que te vi!

B.M.: ¡Yo también! La amistad se fue dando de a poco, fue un proceso en el que compartimos cosas muy fuertes con esa banda, pero solo por un par de meses porque Lula estaba enfocada en su carrera universitaria. Al año siguiente, Florencia Villagra llama a Gaby para armar un proyecto y él le habla de nosotras, y esa fue la primera vez que los tres coincidimos como banda y el comienzo de lo que sería Eruca, con Santo Pugliese.  Teníamos muchas ganas de hacer cosas juntos y el tema de que ella se dedique cien por ciento a la música me parece que tiene más que ver con charlas que ha tenido con Gaby.

LB: Me obligó Gaby a dejar (ríe).

GP: Fue culpa mía (ríe).  Era también esa etapa de la vida… Sos joven, tenés 20 y Lula se planteaba qué hacer con su vida, si dedicarse a la música o a su reciente licenciatura.

Pero todo acomodó el día que recibieron esa señal que envía el universo para confirmar que estaban en el camino buscado. Una noche de jam en el pub cordobés Unplugged, Brenda, Lula y Gaby comenzaron a zapar e inmediatamente captaron la atención de todos los presentes que ovacionaron a la banda. Quienes se juntaban a tomar algo con amigos, de golpe quedaron hipnotizados con el sonido que escuchaban.

B.M.: Se armó algo mientras tocamos y nos ovacionaron, como que hubo magia y eso es difícil de generar y encontrar con las personas y con la música. No se puede lograr apropósito, o pasa o no pasa, podés tocar bien, o mal, pero si no hay magia, no pasa nada. No pasa por como tocás, sino con quien y en qué situación.  Y ese día nos dijimos: “Che, acá hay algo y no se puede dejar pasar”, porque habíamos estado en otras bandas con las que nos había ido bien, sabíamos cómo era tocar y la experiencia, pero esto era diferente; así que nos planteamos dejar todos nuestros proyectos para dedicarnos por entero a Eruca porque una oportunidad así no la podíamos dejar pasar.  

De esta forma, con la firme certeza de formar el trío, nació Eruca Sativa, (aún sin nombre ni presentaciones en vivo).

G.P.: Recuerdo tener esta charla con mis amigos y les decía que dejaba todos los proyectos que tenía en ese momento para poner toda mi energía en una banda, y cuando me respondían “qué bueno Gaby, ¿cómo se llama la banda?” Ah no sé, no tenemos nombre ni tocamos nunca todavía.  Y de afuera llegan las preguntas: “¿Estás seguro? ¿Estás dejando todo por un grupo que no tocaron nunca? Teníamos una sensación de unidad, y se dio en el momento que se tenía que dar, con las personas ideales; así que nos decidimos a armar un grupo y darle con todo, y se armó una bola de nieve que dura hasta hoy.

Con la seguridad de estar en el lugar indicado con las personas indicadas, Eruca comenzó su carrera en uno de los contextos musicales menos fértiles de los últimos 40 años en nuestro país; luego de del renacimiento artístico post dictadura militar y de las gloriosas décadas del 80 y 90 con muchos de los mejores artistas en la cúspide de su carrera, los 2000 nos encontraron, (con la excepción de Babasónicos), con una escena musical chata y de pocas ideas, con una multitud de bandas tratando de sonar iguales y captar a un público barrial en ebullición sin destino post crisis 2001. En ese contexto, la propuesta artística de los cordobeses, abierta a todos los géneros, parecía ir a contramano, pero nuevamente apareció ese convencimiento que siempre los acompañó.

L.B.: Hicimos la música que teníamos que hacer, nos juntamos y dijimos: “Hagamos la mejor música que podamos y disfrutemos”, eso creo que siempre nos vimos claro.

B.M.: Yo siento que esperábamos que nuestra música sea bienvenida, porque me acuerdo la sensación que teníamos cuando grabamos el primer disco: lo escuchamos y nos decíamos: “Hicimos el disco que queremos escuchar, y no lo están haciendo otras bandas”. Teníamos ganas de hacer algo distinto, pero no como respuesta, sino porque nos salía naturalmente. No era que buscábamos lo distinto, nosotros solo tocábamos y la música que salía es la que escuchás en el primer disco.

G.P.: Nos dábamos cuenta de que era diferente. Nos surgía naturalmente, pero a la vez nos dábamos cuenta de que sonábamos diferente de lo que estaba pasando en ese momento. Yo creo que esperábamos que la música nos devuelva toda esa energía que le estábamos poniendo, no en algo tangible, pero si esa sensación de escuchar el disco y decir: “Uh esta bueno, que suerte que nos salió esto”.

Recién en el 2016, tras nueve años de carrera por primera vez invitaron a un productor externo para la realización de Barro y Fauna. Para la banda representó un cambio de página ya que es el álbum de estudio que siguió a la trilogía La Carne/Es/ y Blanco, que registró su crecimiento tanto en Argentina como en Latinoamérica, en el cual se conjugan el poder del trio y la incorporación de nuevos sonidos digitales.

Como en el resto de la historia de la banda, la llegada de Adrián Sosa se dio naturalmente en un momento en el que la banda estaba abierta a nuevas opiniones. En la época de la grabación de Barro y Fauna, “sentimos la necesidad de incorporar a alguien y él llegó en el momento justo, fue como que se unieron los puntos. No se podían cerrar algunas ideas, y justo nos escribe Adrián Sosa porque le gustó lo que estábamos haciendo”.

En el 2015 editaron un single (“Nada Salvaje”) y como no les convenció la mezcla se lo enviaron a Adrián Sosa (que ya se había contactado con la banda) para que realice una mezcla; sin embargo, el destino fue diferente.

B.M.: Adrián se había contactado con nosotros porque estaba interesado en lo que estábamos haciendo, así que le enviamos “Nada Salvaje” para mezclar. Sin embargo, el se tomó el atrevimiento de meterle mano a la canción. Cuando nos lo devolvió estaba producido con la estructura cambiada, batería que se iba, metió teclas, y nos encantó esa sensación que desconocíamos hasta ese momento, de haber dado nuestro máximo posible en una canción que considerábamos terminada para nosotros, y recibir algo diferente y que nos encantara.
Fue en ese momento que sentimos el verdadero aporte de una persona que podía ser igual al de cualquiera de nosotros tres. Se abrió la banda a una cuarta persona y fue hermosa la sensación. Así que al año siguiente cuando comenzamos a trabajar en el disco fue muy fácil invitarlo porque ya teníamos esa experiencia: llevamos las canciones hasta donde podíamos lograrlo, y después lo llamamos y él hizo su magia.

Con un crecimiento sólido y sostenido, la banda fue de a poco aumentando su audiencia. Así lo recuerda Lula Bertoldi: “Incluso en el primer disco en Córdoba empezamos a ver que la gente respondía.  La gente cantaba las canciones, sean 10, 20 o 50, siempre había un bullicio de que estaba Eruca dando vueltas y que el disco se había escuchado. Nos mandaban muchos mensajes, pero siempre a su nivel la banda iba creciendo. No fue que de la noche a la mañana nos despertamos y nos hicimos conocidos, fue muy paulatino y de a poco. Hacíamos el CBGB en la calle Mitre, tocamos 5 o 6 veces y cada vez iba un poco mas de gente, la banda iba creciendo en Buenos Aires también, y de a poco fuimos creciendo a nuestro paso muy naturalmente, sostenido”. 

Escalonado, pero todo el tiempo con la satisfacción de disfrutar el trayecto, cada año el grupo daba un pequeño peldaño hacia arriba: en el 2011 hicieron La Trastienda, al año siguiente editaron Blanco y llegaron a Vorterix por primera vez. Fueron fichados por Sony, y en el 2013 recibieron las primeras nominaciones a los Latin Grammy; en el 2014 fue el turno de dos teatros Opera seguidos, para grabar Huellas Digitales en vivo, en el 2015 su primer Luna Park y en el 2016 grabaron Barro y Fauna en Los Ángeles. Por entonces “todo el tiempo había una razón para ponerse contento y sentirse feliz”.

L.B.: Pero no siempre los logros se trataban de llenar lugares. Nuestro sentimiento lo medíamos porque pasaban cosas muy grosas, como encontrarnos en el segundo disco con Lebón en el estudio, que nos diga que escuchó nuestro disco y le gustó, que venga a grabar con nosotros. No era solamente llenar un lugar sino también encontrarse con grandes músicos que nos felicitaban; como Fito que vino a grabar en el tercer disco. Son pequeñas señales que van pasando y marcan el camino. Lo gratificante además es que esa música salía de nosotros, no es que intentábamos crear una formula, realmente siempre hicimos lo que se nos cantó, hasta de formas que ya desde afuera nos miraban y nos decían cosas. Por ejemplo, cuando hicimos el primer Luna desde afuera nos decían: “No chicos, no se van a mandar a hacer un Luna ahora”. Nadie nos quería acompañar en ese proyecto, todos nos decían que estábamos chiflados, y aún así lo hicimos porque seguimos nuestra intuición, fue ese olfato que fue guiándonos. Ahora es el momento, hagámoslo, y fuimos y lo hicimos.

B.M.: Es un poco de todo, yo tuve un momento puntual de creer mucho en lo que hacíamos, lo sentí en el primer Luna Park, cuando salí al escenario me dije a mi misma: “¡Esto es creer en lo que hacemos!” Que haya gente en un estadio cantando tus canciones era todo lo que hacíamos nosotros cuando íbamos a ver una banda que nos gusta.

Eruca Sativa no solamente ofrecía una paleta de colores totalmente diferente a lo que sonaba en el contexto, sino que eran su propia voluntad y gusto los motores de cada disco. El pedido del “hit” estuvo desde el principio, pero el grupo no estaba dispuesto a realizar un disco para encajar en la industria.

LB: Siempre nosotros lo pensábamos al revés, porque nos decían “les falta un hit” disco a disco todos nos hacían el mismo comentario. “Todo bien, pero les falta el hit, sigan componiendo hasta que lo encuentren”. Y nosotros lo pensamos al revés, no es que tenemos que hacer el hit, la radio o el medio que nos pase, nos pasará porque le gusta lo que hacemos y eso será un hit porque nosotros sentimos que es nuestra canción. Y no a la inversa. No vamos a hacer música para la radio. La radio nos va a pasar porque lo que nosotros hacemos es único, es nuestro. Hicimos siempre la música que nos cantó, y si la pasan será porque les gusta. Y listo. Si no es así, no la pasarán.

Seremos Primavera llegó en un momento particular. Ya consolidados en la escena nacional, la intención buscada fue mostrar que Eruca Sativa era mucho más que un power trío, atravesados por sonidos e ideas de diferentes campos. Un disco despojado, ofreciendo la canción desnuda, con un manifiesto y letras poderosas.

L.B.: Siempre fuimos una banda de buscar la paleta completa en el disco. Por ejemplo, en Blanco, que es uno de los discos mas arriba que tenemos, está “Amor Ausente” y está “Calma”, con un ritmo mas de chacarera. Como banda tuvimos la suerte de conocer a un gran maestro que fue Titi Rivarola (miembro de Tórax, banda de los inicios) y, entre otras cosas, él nos enseñó que la música no tiene barreras. La música es música, y nuestra función como artistas es desdibujarla un poco: está bien que nosotros tengamos nuestra preferencia hacia el rock, hacia el power trio, pero en el fondo lo que nos mueve es la música en sí misma.
La función de un artista es jugar con esos límites, porque si no se torna en una repetición, me parece que la innovación y la búsqueda de la sorpresa esta en correr el límite, desdibujarlo, en reírse un poco del cliché, burlarles de lo que se espera de une. ¿Qué se espera de Eruca? Y que venga el disco y suene power, bueno, eso es un cliché.
Nos encanta tocar lo que tocamos, no quiero que se malentienda, pero también nos gusta un poco jugar con eso porque tiene que ver con el arte mismo, la función de sorprender; de que Seremos Primavera empiece con un piano, cuando ninguno de nosotros tres toca el piano. Me parece que ahí jugamos con eso y el contexto histórico en el que se gestó el disco hizo que el disco fuera como fue. En ese momento veníamos súper atravesades por muchas cosas que nos hacían dudar absolutamente de todo: de nuestras vidas personales, de nuestras formas de pensar, de nuestras formas de relacionarnos con otres, de nuestra existencia, de nuestras maternidades y paternidades; todo estaba en tela de juicio (para bien) en la llamada deconstrucción, y nuestra música también. Nuestra música empezó a jugar con esas preguntas. ¿Qué pasa? ¿Qué pasa si no hacemos el disco que esperan de nosotros? Y ese fue un poco el ejercicio que hicimos con Seremos Primavera. Nos hicimos un montón de preguntas que están ahí, a mi me gusta pensar ese disco como un manifiesto. Creo que es el manifiesto de Eruca, pensamos en todas estas cosas, acá están. Siempre las pensamos y también están en los otros discos, pero en este disco están mas expuestas, porque las letras son más desnudas, la música es mas desnuda y queda en evidencia el mensaje, porque así lo quisimos. Fue apropósito, queríamos decirlo de esa manera.

G.P.: Te voy a decir algo que con respecto a lo anterior: siempre me pareció medio raro el hecho de que de que nuestro gusto musical como banda o personas tenga que ser teóricamente tan estrecho y, con Seremos Primavera, personalmente me pasó eso. Es como que la gente se sorprendía de la sonoridad del disco, como si no fuera posible que a nosotros nos pueda gustar otra música que no fuera la del power trio rompiendo todo bien fuerte. Personalmente casi que creo que los estilos musicales no existen, ¡los estilos musicales son los padres! Porque sería una pena si nos tuviéramos que perder de todo el resto de la música porque somos un power trio y tenemos que tocar si o si fuerte, sería una pena por el grupo porque nos quedaríamos sin investigar. Sería como un director de cine que solo tiene que hacer comedias. Me gustan otras cosas, estaría bueno poder ser un grupo sin estilo.

GP: Yo creo que lo re somos, pero hay una tendencia a meternos en un lugar, y espero que no caigamos nunca en un estilo musical. Trabajamos hace mucho, y con una mirada nos damos cuenta si es por ahí o no, y esta bueno tener compañeras y poder confiar en ese criterio. Poder confiar en eso es parte del combo, junto con la intuición y la convicción. Porque es fácil darse manija y pasarse de rosca. Por eso está bueno tener tres cabezas y tres corazones metidos en algo.