El 22 de junio, el power trío hará su segundo Luna Park para seguir presentando 'Barro y fauna', el álbum que sintetiza el estilo consolidado durante una década de carrera.

Vamos a entrar en un lugar común, por más estúpido que suene y más si se trata de Eruca Sativa: el grupo no tiene reglas. O quizás sí tiene una, que implica romperlas todas. Una imagen como esta puede ayudar a entender: en Las palabras andantes, Eduardo Galeano notó que en un aeropuerto había un cartel que prohibía jugar con los carritos portaequipaje y que en una taberna había otro que prohibía cantar. “O sea: todavía hay gente que canta, todavía hay gente que juega”, remató el uruguayo. Si el power trío de Lula Bertoldi, Brenda Martin y Gabriel Pedernera hubiese visitado esos lugares, no habría respetado las restricciones: desde ya, canta, pero también juega. Lo lúdico lo encuentra en el coqueteo con los diferentes géneros, desde el folklore hasta la electrónica, pasando por el grunge y el hard rock. Pero claro, como es solo un juego de seducción, no se casa con ninguno. O sea, Eruca necesita los carteles, las etiquetas y los clichés simplemente para ser indiferente a ellos.

La banda cose los géneros entre sí y los obliga a convivir con los riffs crudos que se infiltran en medio del virtuosismo técnico de Barro y fauna (2016), grabado en Los Ángeles. Dedicado a Emilia Rufino y Julián Sorín (hijos de Brenda y Lula, respectivamente), el quinto álbum del grupo revive lo primitivo de los tres primeros LP y lo ajusta al sonido electrónico que reinó en Huellas digitales, grabado en vivo en 2014. Es en esa fusión donde reside el secreto de su frescura.

El trabajo de Adrián Sosa representó la primera vez que un álbum de Eruca no fue producido por ellos mismos. Fue una buena decisión: Nada salvaje fue nominada como Mejor Canción de Rock en los Latin Grammy 2016 (también ganó como Mejor Videoclip en los premios Gardel 2016). Además, Barro y fauna recibió la nominación para tres categorías de los premios Gardel 2017, que se van a celebrar el 6 de junio: Canción del Año (Armas gemelas compite contra Lali Espósito, Andrés Calamaro, Abel Pintos y Los Fabulosos Cadillacs), Mejor Álbum de un Grupo de Rock (comparte terna con Los Fabulosos Cadillacs y Manal) y Producción del Año (junto a IKV y Abel Pintos). El 22 de junio lo presentarán en el Luna Park.

¿Creen que en estos tiempos la producción le está ganando a la canción?

Brenda Martin: No debería pasar. La palabra “ganar” implica desequilibrio, y a la hora de componer, nunca una cosa tiene que ser más importante que la otra. En nuestro caso, algunas de las canciones de Barro y fauna necesitaron más trabajo que otras para embellecer lo que queremos decir o complementar con lo sonoro lo que emocionalmente queremos expresar. Nos dimos el gusto de escuchar nuestras canciones vestidas de un modo que no habíamos pensado.

Hay un cambio de paradigma en la música, en la forma de consumir, de componer y de vender. La tendencia en la composición está virando hacia un camino más digital y electrónico. ¿Coinciden?

Gabriel Pedernera: Son herramientas, y la idea es que se usen con un fin artístico. El problema de las máquinas es que a veces las usan para tapar falencias… lo mismo que pasa con el Auto-Tune o el Photoshop. El Photoshop es una tecnología increíble si la usás para mejorar algo que ya está bien, pero si querés hacer que una persona de 70 años parezca de 18, y… es más complicado. Yo tengo una lucha personal contra el Auto-Tune en los casos que afinan las voces con la perfección estilo Glee. Nadie real puede cantar como en la serie, es imposible sostener una nota con esa precisión durante 45 segundos. Eso es un abuso.  

Tienen una relación muy cercana con sus fans. ¿Piensan en ellos a la hora de componer?

Lula Bertoldi: No, aunque suene ridículo. Sí estamos al tanto de los fans, pero eso no significa que uno tenga que componer para ellos, porque en realidad la música siempre la pensamos para nosotros, y después pasa que a ellos les gusta. El ciclo de la banda se mantiene porque hacemos música que nos gusta a nosotros, la que mejor nos representa. La idea es ser honestos musicalmente y no apostar siempre a lo seguro… queremos pisar afuera de la línea a ver qué pasa. 

GP: Incluso si sacamos un disco que nos gusta muchísimo a nosotros, pero que no les gusta a los que les gustó el álbum anterior, también es positivo. Significa que algo cambió. Y está buenísimo, porque no nos gusta repetirnos.

Va a ser su segundo show en el Luna Park. ¿Cómo encaran este round?

GP: Muy contentos. Quizás el primero nos agarró diferente porque habíamos frenado por unos meses de tocar [Lula y Brenda se habían tomado licencia por maternidad], entonces nuestro primer reencuentro con la gente y entre nosotros arriba de un escenario fue en el Luna. Esta vez estamos más aceitados, ya tocamos mucho el disco. Arrastramos esa energía renovadora, el amor y esa especie de esperanza que trae un nuevo álbum.

LB: Subirse al escenario no es cualquier cosa. Cuidamos toda la artística más allá de la música. Siempre nos preocupamos por el vestuario, por ejemplo. Lo mismo con los videos, los de arriba y abajo del escenario… cada cosita es un momento para mostrar lo que uno hace y de qué forma lo hace. Intentamos ponerle el sello de Eruca a todo. Hicimos cosas jugadas, como ir a grabar Fuera o más allá a una sierra en Córdoba; o Antes que vuelva a caer, el cortometraje que realizamos sobre la vida de Alexis Acosta, el corredor ciego que integra la selección nacional de atletas de alto rendimiento. Fue un antecedente muy importante para la banda: hacer un videoclip que contara la historia real de alguien sirvió para acercarnos a otro tipo de organizaciones, instituciones o fundaciones. Así vinculamos otro mundo a la realidad de Eruca.

Exponen su postura en determinados temas sociales. Lula, por ejemplo, participó del evento de Cheque en Blanco en la Casa por la Identidad, de las Abuelas de Plaza de Mayo, en el que protesta contra el 2×1. ¿Nunca pensaron en politizar sus canciones?

GP: Nuestra postura sobre el mundo en general está expresada en las canciones. Igualmente, tiene libre interpretación. El proceso artístico empieza en el artista y termina en quien recibe la canción. Si vos limitás demasiado al oyente o lo llevás para un lado en particular, le estás cortando las alas.

¿Podrían considerarse una banda conceptual?

BM: La palabra “concepto” corta con lo espontáneo. Nuestro concepto tiene que ver con lo que dice Gabi: lo tiene que terminar de armar el receptor. Pasamos por discos en los que trabajamos con una idea como objetivo, e hilábamos las cosas de manera tal que todo tuviera que ver con todo. Estamos en un momento de “no concepto”, de ver qué sale, de lo espontáneo… incluso elegimos la frase “Barro y fauna” para titular el disco al final de todo el proceso creativo. Fue la primera vez que nos manejamos así, los álbumes anteriores tenían nombre de entrada.

¿Pensaron algún festejo por los diez años de Eruca?

LB: Tenemos algunas ideas que tienen que ver con shows… una suerte de autohomenaje, pero no vamos a develar nada todavía: está todo muy verde.

BM: El epicentro de lo que estamos pensando sería Córdoba. Como la banda nació allá… De hecho, ya prometimos en vivo que haríamos algo ahí.

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Quien viene al segundo ???

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