Con Miranda! como número de apertura, Vince Clarke y Andy Bell regresaron a la Argentina para repasar sus grandes éxitos y presentar World Be Gone, su último álbum, que los muestra más reflexivos, contemplativos y cercanos a las baladas y los mid-tempo.

A pesar de haber adoptado un perfil bajo, y ya lejos de los focos de atención y del protagonismo que tuvo décadas atrás, Erasure continúa girando por el mundo y grabando nuevos álbumes que engrosan una ya dilatada discografía.

La cita en el Luna Park del 5 de mayo fue la excusa para que el reconocido dúo británico presente en sociedad a World Be Gone, su decimoséptimo álbum, que adopta una postura más seria, comprometida y reflexiva. Los años no pasan en vano para nadie y tampoco para Vince Clarke y Andy Bell, dos tipos maduros que en sus flamantes canciones posan su mirada crítica y sin tapujos sobre la política internacional, el Brexit y todo lo que desencadenó a nivel planetario el arribo de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos.     

Sin embargo, sobre el escenario de un estadio totalmente colmado, y más allá del enfoque actual de su música, Erasure dejó en claro que su ADN bailable y festivo goza de excelente salud. Tras una acertada apertura a cargo de Miranda!, los acordes iniciales de “Oh L’Amour” seguidos por “Ship of Fools” y “Breathe” despertaron la primera de las muchas ovaciones en una audiencia que recibió al grupo lanzando globos de colores al escenario.

Pero las sensaciones fueron mutando a medida que sonaron las más recientes composiciones. En Just a Little Love, Sweet Summer Loving, World Be Gone, Take Me Out of Myself y Love You to The Sky, se pudo apreciar al Erasure modelo 2018: el synth pop característico de la agrupación cobró una sonoridad más sombría y sosegada, alejándose de la pista de baile para zambullirse con notable buen gusto en las delicadas aguas de la balada y el mid tempo. Con las pulsaciones más bajas, desgranaron la impotencia, ira, desesperación y tristeza, ingredientes que también sazonan a Spirit, lo último de sus colegas de Depeche Mode.

Una sobria y geométrica escenografía y una atractiva puesta lumínica brindaron el contorno adecuado para un concierto que fue elevando su temperatura con la llegada de éxitos como “Chains of Love”, “Victim of Love”, “Who Needs Love Like That” y “Love to Hate You” ante un mar de celulares que inmortalizaban el momento.

Vince Clarke manejó con autoridad el timón de esta nave desde los sintetizadores y las bases preseteadas, amén de algunos pasajes en los que se colgó una guitarra acústica. Por su parte, el siempre inquieto y danzarín Andy Bell, secundado por dos estupendas coristas que le dieron el toque soul y gospel a la velada, despertó constantes aplausos con sus llamativos atuendos, un registro vocal intacto y un constante ida y vuelta con la platea a través de algunas frases en un improvisado castellano: “Hola, ¿cómo están?”, “Tengo buena onda” y “Permiso, hace calor, voy a tomar un poco de whisky”, entre otras, además de saludos y agradecimientos varios.

La catarata de hits en continuado −”Blue Savannah”, “Drama!”, “Stop!”, “Always” y “Sometimes” (en una rápida-de-reflejos versión acústica tras un desperfecto técnico)− transformaron al Luna en una gigantesca disco, que alcanzó su clímax con los beats irresistibles de A Little Respect. Fue el broche de oro para un show en el que Erasure revalidó sus credenciales de auténtico clásico del pop electrónico, en el marco de un presente en el que, como nunca antes, opinan políticamente y reflexionan sobre el estado del mundo actual.