Mendoza confirma su racha influencer en uno de los discos más abstractos de la cosecha 2018. Su responsable, Gastón Ramos, es uno de los secretos mejor guardados de una generación de músicos que llegó para cambiar no sólo las reglas, sino el juego en sí mismo.

Gastón Ramos ya es una cara conocida para el público que sigue fervientemente los coletazos de la escena musical mendocina a lo largo y ancho del país. Primero junto a Las Luces Primeras y actualmente como comodín instrumental de Usted Señalemelo, el joven cuyano llegó a actuar en los escenarios más importantes del país (y la región) como un ladero siempre confiable: uno de esos jugadores que fortalecen al equipo desde el segundo plano, brillando sin reclamar protagonismo. Pero además de su capacidad para interpretar y darles vida a arreglos de canciones ajenas, Ramos necesitaba explorar esa otra faceta que sólo los compositores terminan de vivenciar. La creación propia como un espacio discursivo absolutamente libre y, también, como ese lienzo en blanco que muchas veces resulta una trampa mortal para el ego artístico.

Así nació ENDLRG (o Geraldine en sentido inverso), que terminó de materializarse en febrero de 2018 a través de El futuro, primer disco editado por el proyecto tras casi dos años de trabajo. Desde entonces, y con la ayuda del boca en boca exponencial de colegas y amigos mendocinos, la música de Ramos comenzó a viajar a través de las redes. En julio, la gran oportunidad llegó frente a un Niceto colmado para la presentación del Flow de Cuyo de Perras On The Beach (en el que ENDLRG deja su huella en la canción final, “Pesadilla”). Ahí, con una banda disminuida pero deslumbrante, todo terminó de encajar. Y casi como una consecuencia directa, llegó un regalo del destino: abrir el segundo show porteño en la historia de Animal Collective, uno de los grupos más influyentes de las últimas décadas.

Más allá del subidón, esa invitación resulta coherente al sumergirse de lleno en El futuro. En poco más de 27 minutos, Ramos despliega un universo sonoro en el que el lo-fi, la música experimental, el hip-hop y los pasajes oníricos se vuelven parte de una misma sustancia. Reflexiva, fragmentada y siempre con un halo de misterio, la música de ENDLRG tiene tintes de ambient, r&b y soundtrack de animé (“Sad Fuu” incluye un diálogo entre los protagonistas de la serie Samurai Champloo). Pero también aparecen huellas de la neopsicodelia de Tame Impala y Unknown Mortal Orchestra, coletazos de free jazz y pedazos de canciones que podrían ser parte de un videojuego hiperestimulante. Contra la rigidez de las estructuras, ENDLRG propone liberación y búsqueda en el sentido más lúdico posible. Música que es producto de un ejercicio fundamental en tiempos de capitalismo violento: jugar, divertirse, pasarla bien con amigos.