El 4 de enero de 1967, The Doors presentaba su disco debut y planteaba un nuevo recorrido para el rock de Los Ángeles, al entrometerse en una lisergia más amarga y poética que la de otros grupos de la época.

1967 es recordado como uno de los períodos más urgentes del rock. La psicodelia explotó en un diálogo entre el viejo y el nuevo mundo de manera más entrelazada que en el inicio del año previo, cuando obras como Revolver (The Beatles) y Fifth Dimension (The Byrds) salían al mercado. El golpe inaugural fue durante los primeros días de enero desde los Estados Unidos, con el debut discográfico de The Doors. Tras un fallido contrato con Columbia Records, la banda de Los Ángeles fue catapultada gracias a Elektra Records como una de las agrupaciones más inteligentes, pero también salvajes, por la fama cosechada en sus presentaciones caóticas que preceden a la vorágine punk. “Este, su primer disco, incluye blues de Chicago (Back Door Man de Willi Dixon, originalmente un hit para Howlin’ Wolf), ópera alemana (Alabama Song, de Aufstieg und Fall der Stadt Mahagonny –Kurt Weill y Bertolt Bretch–), rocanrol austero (Break on Through y Light My Fire, el single más famoso del grupo) y The End, una épica edípica”, así se explica en las notas internas de la reedición en CD de 1988 la compleja mixtura de estilos de esta obra que sentó precedentes del recorrido bipolar que podía presentar el rock psicodélico.

El viaje de Morrison era mucho más oscuro (incluso el nombre de la banda es arrancado del ensayo The Doors of Perception, de Aldous Huxley, sobre el consumo de mezcalina), lejos de la alegría que intentarían plasmar The Beatles a los pocos meses con Sgt. Pepper’s.

Cuando el álbum salió al mercado, The Doors ya manejaba una estética sonora definida: la destreza de Ray Manzarek en teclado hacía que el grupo pudiera prescindir de bajista como integrante formal del grupo, ya que ejecutaba a la par que sus líneas melódicas y las bases (de todas maneras, The Doors procuró cuidar el registro de estudio al contratar a Larry Knechtel como sesionista para la ejecución del bajo eléctrico). El teclado fue una de las distinciones del grupo que ayudó a definir la psicodelia de Los Ángeles y que fue replicado por infinidad de bandas de ambos lados del océano. La astucia del guitarrista Robby Krieger consistió en ser funcional a la formación clásica de Manzarek, al punto de la invisibilización casi absoluta, corriéndose del rol típico de su instrumento en el rock. The End es uno de los ejemplos más explícitos de ese diálogo minúsculo entre los músicos: el registro de la canción en ese primer LP logra mantener la vitalidad del tema, que funcionaba como una improvisación sobre una idea madre. En vivo, The End cambiaba de noche a noche tanto desde lo musical como desde lo poético, mientras que la versión de estudio se mantiene como una obra concluida pero que deja entrever las asperezas de la idea del jam.

La fotografía de la cubierta, tomada por Guy Webster, plantea el rol de Jim Morrison como líder del grupo al mostrarlo en una dimensión exageradamente mayor a la de sus compañeros. Si bien su presencia escénica lo imponía como el rostro del grupo, fueron su voz –la contraparte estadounidense de Eric Burdon, de The Animals– y su afinidad por la poesía las que sumaron un grado mayor de profundidad en comparación a los grupos que insistían en cantar sobre la paz y el amor. El viaje de Morrison era mucho más oscuro (incluso el nombre de la banda es arrancado del ensayo The Doors of Perception, de Aldous Huxley, sobre el consumo de mezcalina), lejos de la alegría que intentarían plasmar The Beatles a los pocos meses con Sgt. Pepper’s.

El disco inaugural tuvo una función múltiple para The Doors: logró arrancar la ansiedad y dejar registro de su primer año y medio de carrera para permitirles moverse hacia otras direcciones con mayor soltura.

El disco inaugural tuvo una función múltiple para The Doors: logró arrancar la ansiedad y dejar registro de su primer año y medio de carrera para permitirles moverse hacia otras direcciones con mayor soltura. Es simultáneamente su debut, pero también una bisagra que los motivó a publicar en septiembre de ese mismo año su siguiente obra: Strange Days. “Es un alivio para ellos haber publicado este disco, porque les permite seguir avanzando musicalmente y conceptualmente hacia caminos que han venido discutiendo y a los que desean llegar”, explica el productor Paul Rothchild en una entrevista realizada por Paul Williams, editor de la legendaria publicación británica Crawdaddy para la edición de agosto de 1967.

The Doors tiene una efervescencia lograda desde el entusiasmo y la búsqueda compositiva desde diversos géneros que confluyen en una de las obras fundamentales para entender no solo la psicodelia y el sonido de los 60, sino la evolución del rocanrol como género en continuo movimiento.

***

The Doors en los charts

The Doors llegó al puesto Nº 2 del Billboard 200, opacado por Sgt. Pepper’s cuando fue lanzado en junio de ese mismo año. De todas formas, el disco se mantuvo 121 semanas en el ranking (unos dos años y medio). La banda de Morrison logró colar Light My Fire el 29 de julio durante tres semanas en la cima del Hot 100, el primero de los 16 que lograría conseguir The Doors durante su corta pero prolífica carrera.