Para entender la música de Buenos Aires hay que frenar y repasar la nueva generación del tango. En esta nota, una breve revisión de los mejores discos de un año fructífero en ediciones.

El tango argentino en el siglo XXI se refundó y propuso nuevos paradigmas. Desde la autogestión y la reinterpretación de la tradición hasta la irreverencia por el fantasma de Piazzolla y el respeto por las grandes orquestas del 40. Esta historia ya ha sido contada, pero siempre con puntos suspensivos, ya que la nueva ola dorada de esta música popular sigue dando sus frutos. 2017 es un año para frenar de golpe y agrupar algunos nuevos discos de tango que reflejan esa constancia musical.

En ese sentido, y bajo un marco totalmente abierto y diverso, se pueden reunir Las historias del humo, de 34 Puñaladas; Quilombo, de Astillero; Maldita orquesta, de Dema y su Orquesta Petitera; Tangócratas, la nueva aventura de Pablo Marchetti junto a Rafael Varela; Mariposa muerta, de Cuarteto La Púa con Victoria Raimondi; y Brujos, del Trío Cañón, para pensar el desarrollo y el sonido actual de la nueva guardia. A este grupo siempre hay que sumarle el disco Quinteto timba, de Diego Schissi, porque, aunque se haya editado en 2016, será novedad durante varios años. La vanguardia también habita en el tango.

Hay en este siglo –y antes también– un influjo conceptual que se puede resumir en la idea de considerar el tango como punto de partida para concebir una música urbana libre, que toma elementos del jazz, de la música clásica, de la contemporánea, de donde sea necesario. En esa amplia idea caben desde Luis Alberto Spinetta hasta Nicolás Sorín”, explica el especialista en géneros de música popular Mariano Del Mazo. Por eso en los nuevos discos de tango también habrá hibridación de las formas, la metodología y, por supuesto, la poesía. Una fija, y muy marcada en el último tiempo, es el corrimiento hacia el humor. Pasa con las historias que escriben tanto Dema y su Orquesta Petitera como Pablo Marchetti.

“La Orquesta Petitera utiliza un lunfardo contemporáneo. Mete ciertas palabras actuales, ciertos giros. Habla más explícitamente de la droga, de la sexualidad. Eso está dicho con un lunfardo que mezcla algo ricotero. Lo vuelve atractivo, cuando lo veo al Dema le digo que es el dueño del lunfardo contemporáneo”, explica Gustavo Varela, doctor en Comunicación y autor del inevitable Tango y política (Ed. Ariel, 2016).

En ese camino, tanto musical como compositivamente, el tango de autor permanece al costado de la furia de las milongas, un circuito comercial establecido en varias partes del país, pero sobre todo en la ciudad de Buenos Aires. Bajo ese contexto, esta guardia pertenece al underground de la música popular argentina, también definida por un circuito que está integrado no solo por músicos, sino incluso por productores, sótanos, clubes de música autogestionados, periodistas y medios especializados.

“Hay una definición del tango imprecisa, pero al mismo tiempo más existencial y más profunda”, comenta Marchetti, que antes de Tangócratas fue el líder de Falopa, una agrupación tanguera basada en las guitarras y la voz. “Así como el jazz amplió sus límites y hoy, en uno de sus festivales, puede tocar Hermeto Pascoal sin que nadie ponga demasiados reparos, el tango también ha extendido sus dominios. Hoy hay autores que tal vez tienen algún tango y que no son estilísticamente tangueros. Pero sí son espiritualmente tangueros. Tal el caso de Alejandro del Prado, Omar Giammarco, Esteban Klísich, Manuel Moretti, Martín Elizalde o Lucho Guedes. Sus historias urbanas remiten a un universo tanguero”, explica.

En su nueva producción, inundada por colaboraciones de lo mejor del tango actual (de Agustín Guerrero a Diego Schissi, de Adriana Varela a Acho Estol, de La Chicana), Marchetti desafío los límites del arrabal e incluyó el tema Ya no sos igual, de 2 Minutos. Para eso convocó a dos grandes músicos del circuito: Federico Marquestó (ex Falopa) e Ignacio Varchausky. El fundamento de agruparla a otros tangos sigue en línea con su idea existencial y profunda del género: “Hay allí una historia suburbana, de barrio, que contiene una traición al lugar de pertenencia. Algo muy común en varios tangos, como Dandy. Además, Ya no sos igual confirma que una de las características del tango del siglo XXI es la continuidad natural que existe con el llamado rock nacional. El rock ocupó, en sus comienzos, el lugar lírico del tango. Cuando el tango se volvió un cliché reaccionario, el rock comenzó a hablar de la vida en la ciudad con la certeza, la frescura y la contundencia con que lo había hecho el tango dos décadas antes. Hablo de las letras, aunque esto también puede rastrearse en los sonidos, desde el bandoneón de Rodolfo Mederos en Laura va en adelante. Desde Avellaneda blues a Mañana en el Abasto, el rock se llenó de tango. Hoy, el tango asume ese legado”.

Este año, Astillero grabó Quilombo, uno de los discos más destacados; un sonido tanguero que rodea a la murga porteña de la mano de su compositor y el que fuera uno de los fundadores de la Orquesta Típica Fernández Fierro, Julián Peralta. “El tango está en un estado de mucha salud. Eso se ve reflejado en una especie de apertura, como de búsqueda, muy genuina y honesta. Dentro de esas búsquedas hay mucha libertad para experimentar. Entonces, lo cruzamos con la murga. Nos encontramos con un género que también era nuestro, pero muchos de nosotros lo vivíamos como una música ninguneada. La murga es tan cercana al tango que hacer un disco así nos pareció lindo y genuino”, explica Peralta.

“Y después, desde lo musical, fue algo muy interesante porque encontramos un montón de conexiones fuertes”, dice el compositor musical, y luego cierra: “Por supuesto que es la visión desde una orquesta de tango. Obvio que el que espera escuchar una murga tradicional no lo va a conseguir en este disco. Está hecho con mucho respeto y calentura por estar disfrutando de este cruce que nos parece muy interesante. Fue como hacer una música liberadora. Lo teníamos en el ADN, inevitablemente”.  

La voz de Alejandro Guyot es una de las más oscuras y representativas de la actualidad. Junto a su conjunto 34 Puñaladas recorren el circuito hace casi 20 años. Acaban de lanzar Las historias del humo, un disco de versiones donde anexan, sin titubear, dos canciones del rock argentino: Porque hoy nací, de Manal, y La mitad, de Acorazado Potemkin.

“Este nuevo disco significa, por un lado, brindar y homenajear a los nuevos compositores de tango apropiándonos de sus composiciones. Tamizarlas con el sonido oscuro, guitarrístico y puñalero que tenemos dentro. Reconocemos la tradición guitarrística del tango y a la vez tomamos la poesía contemporánea de los autores de hoy. Y por otro lado, también era probar esas canciones en nuestro formato de guitarras y cantor. Tiene que ver con una suerte de favor artístico y de devolución, porque hay muchos de estos autores que interpretan canciones de 34 Puñaladas hace rato”, explica Guyot, que en unos días preparará las valijas para una de las grandes hazañas de su conjunto tanguero: tocarán en la Sala Sinfónica de Hamburgo (Alemania) y serán los únicos artistas argentinos, seguidos por Martha Argerich en la programación.

Si de oscuridad se trata, ahí está la tapa de Mariposa muerta, el disco que el Cuarteto La Púa grabó este año junto con la cantora mendocina Victoria Di Raimondo (cofundadora de Altertango). Un trabajo de tango dark con composiciones propias y algunas versiones de Palo Pandolfo y Yuri Venturín, entre otros.

También, y para cerrar una lista acotadísima de lo más destacado de este año, aparece Brujos, del Trío Cañón. Piano, contrabajo y bandoneón: Bustos, Coviello y Di Lorenzo. Un disco con intensidad yumbera y relación con el baile que también incluye una versión de Porque hoy nací. Un exsexteto que evoca la energía del siglo XXI pensada desde el género.

Hay que pararse al borde del Río de la Plata y fijarse si Mariposa muerta, Brujos, Tangócratas, Las historias del humo, Maldita orquesta o Quilombo no suenan actuales, si no tienen el mismo rumor de esa orilla que se pudre como un sobre de chocolate vacío, industria nacional.

Alrededor de todo eso, cuidado, porque si te agarra del cuello el Quinteto timba, no te larga más. Cierra su compositor, el maestro Schissi: “Tengo mucha afinidad con gente que no hace estrictamente tango: Escalandrum, Aca Seca, Mi Quinteto, Negro Aguirre, Mariano Otero. Creo que todos ellos están en la misma: apuntando al mismo lugar más allá del género o el tipo de música que cada uno haga. Hay que tomar sin dramas las influencias que uno tiene a mano, siendo música más allá de las cercanías de un género en particular, eso es un poquito la marca de la época, creo yo. Y las posibilidades y las fantasías musicales de cada uno”.