El dúo inglés vino a dar cátedra de synthpop bolichero para todas las generaciones.

Cuando la intro de Inner Sanctum suena, los lásers buscan el cielo entre el humo, un círculo de luces ilumina el escenario y dos proto-alienígenas surgen entre una marea de efectos, casi irreconocibles. En ese mismo lugar donde una noche antes Iggy Pop eligió la austeridad como carta ganadora, Pet Shop Boys se da el lujo de ser bombástico. Un centenar de veinteañeros que horas más tarde dejarían neuronas en la pista de baile con DJ’s actuales como Paul Kalbrenner, no lo pueden creer. Así, con el doble punch de sintetizadores en West End Girls y The Pop Kids, empiezan a dibujar los primeros pasos de la noche. Pero ocurre algo curioso, al lado de ellos están otros que los imitan, esos que tenían veinte cuando el dúo inglés se iniciaba hace treinta y cinco años.

Se trata de un clima casi redentor. Es decir, si bien Neil Tennant y Chris Lowe cuentan con un corpus de actividad continua y taquillera de electropop bolichero, tuvieron la difícil tarea de atravesar los alternativos noventa y los movimientos de prefijos nü y retro de principios de 2000. Para 2016, y con dos brillantes últimos discos como Electric (2013) y Super (2016), las fichas parecen acomodarse. Estas nuevas canciones suenan desafiantes (el dueto vocal en Burn fue soberbio), y los viejos hits (In The Night, Go West y Domino Dancing) cuentan con una vitalidad innegable. Tanto así que en ellos se puede leer la clara influencia de los ingleses post-2010: de The Killers a Lady Gaga, pasando por LCD Soundsystem, The xx y hasta Cold Cave.

Por eso con las últimas notas de New York City Boy, Tennant parecía hablarle no solo a la audiencia porteña cuando sentenció con autoridad la frase “Tan simple como eso“. Fue él quien también -filtros y vocoders aparte- posee su voz inmaculada y esa estampa de mc elegante ambiguo, capaz de transmitir mas de lo que se ve en una primera lectura. Claro que tres de sus veintidós canciones contienen la palabra Amor (Love Is a Bourgeois Construct, Love comes quickly, Love, etc), pero hay cosas difíciles de eludir. “Inside a Dream” usa un poema de William Blake donde el narrador prefiere vivir en sus sueños para ver a su fallecida madre. El festejado clásico It’s A Sin propone un autoanálisis visceral sobre los elementos de culpa del catolicismo y hasta Left To My Own Devices nombra a Debussy y al Che Guevara en una misma linea. No cualquiera es capaz de hacer bailar con eso.

Algunos quizás podrían verlo como un acto de revivalismo, pero lo cierto es que los Pet Shop Boys hicieron una radiografía precisa de lo que ocurría en los ochenta. Y esa radiografía funcionó también como una apuesta a futuro que hizo de esta nueva visita, una ceremonia de grandes circunstancias.

 

Nice to be back in Buenos Aires. Thanks for the presents! Neil x x #PetText #SUPERtour #BUE16 #argentina

Una foto publicada por @petshopboys el