El primer grupo de punk argentino celebró los 30 años de "Y ahora qué pasa, eh?", su álbum más exitoso.

La noche del domingo fue una velada soñada para Los Violadores, que celebró en el Luna Park los 30 años del histórico Y ahora qué pasa, eh?, con la formación original que grabó el álbum: Pil Trafa (voz), Stuka (guitarra), el “Polaco” Zelazek (bajo) y Sergio Gramática (batería). La energía del público, curtido por el paso del tiempo —aunque no menos entusiasmado que en 1985—, parecía anticipar las dos horas casi continuadas de pogo y distorsión. “Rompan todo”, dijo Stuka de entrada, como lo hizo Billy Bond en una ocasión en el mismo predio.

La banda tocó los temas del disco e intercaló varios trabajos más: Somos Latinoamérica, Fuera de Sektor, Comunicado #166, Represión, Nada ni nadie nos puede doblegar. Incluso, hubo tiempo para homenajear a Sumo con El ojo blindado, uno de los picos altos del show. Para cantar este tema, subió al escenario el mítico Geniol, que ya había subido minutos antes para recitar la polémica frase de La rubia tarada: “Un pseudopunkito, con el acento finito, quiere hacerse el chico malo”.

Sonaron poderosos, demostrando que la experiencia ganada en estos 35 años no fue en vano (…) Además, anunciaron la publicación de un DVD del recital.

Musicalmente, Los Violadores sonaron poderosos, demostrando que la experiencia ganada en estos 35 años no fue en vano. La inquieta soltura de Stuka, la velocidad de Zelazek, los golpes frenéticos de Gramática y los movimientos imparables de Pil Trafa le aportaron al show un condimento extra. El vocalista, además, se animó a decir en voz alta lo que pensaba: “Nos merecemos todo esto, eh”, “Somos miles, al principio éramos diez u ocho”, “Los globos de colores sólo suben y se pinchan”, “Leopoldo Fortunato, fuck you”. También, anunció la publicación de un DVD del recital.

Por otro lado, el público, que además de hacer pogo siguió el reencuentro con nostalgia, se la pasó interactuando con la banda. En parte, porque las letras de Los Violadores mantienen su vigencia. Lo cierto es que la buena energía fue constante. La única, según aclaró Pil Trafa, como si el espíritu del “No future” lo siguiera rondando. Quizás por eso en el cierre del show dejaron todo. Lo que la gente esperaba de ellos: su clásica novena sinfonía, la de Beethoven, introduciendo otro clásico, Uno, dos, ultraviolento, la primera canción del punk argentino en lograr difusión masiva y con la que cerraron la noche.