Después del ciclo de tres teatros Vorterix en el que continuó presentando el maxisencillo Violencia, El mató a un policía motorizado conversó con Billboard Argentina sobre su último trabajo, el LP que está preparando, sus gustos e influencias musicales, y el entorno platense que la acompaña desde sus inicios.

Desde hace 13 años, Santiago Motorizado (Santiago Barrionuevo), Niño Elefante (Gustavo Monsalvo), Pantro Puto (Manuel Sánchez Viamonte), Doctora Muerte (Guillermo Ruiz Díaz) y Chatrán Chatrán (Agustín Spasoff) vienen desarrollando un proyecto musical que sitúa a El mató a un policía motorizado como una de las bandas de rock más impetuosas e interesantes del país.

Los platenses encierran varias claves que explican su momento: la gestión independiente desde el sello discográfico Laptra; una estética de la simplicidad que rebasa de sentido, intensidad y profundidad; el trabajo extraordinario que realiza Santiago Motorizado desde el arte; el espíritu épico, suburbano y veraniego de su música, pero también crepuscular y apocalíptico, y su amor por las formas del rock alternativo norteamericano de los 80 y 90: directas, sinceras, despojadas de manierismos y pretensiones que no sean el disfrute y las canciones como centro de la cuestión.     

En su último disco, el maxisencillo Violencia, El mató a un policía motorizado dio un paso más en la evolución de su sonido, alejándose otro poco del lo-fi y el agite abierto hacia otras perspectivas que incluyen la compresión, la búsqueda de mayor nitidez y la complejización del trabajo en el estudio.

Sin perder su carácter proclive al noise rock, el shoegaze y el space, y la importancia que les dan a las melodías directas y simples, hoy transitan un camino singular y cautivante que se podría llamar, por juego, “canción kraut”.

¿A qué responde la variedad de formatos en que editan su material, simples, EP, LP y ahora el maxisencillo Violencia?

– Santiago Motorizado: La idea desde siempre es jugar con los formatos; somos medio coleccionistas. Del primer disco sacamos un adelanto, Tormenta roja, que fue un simple. Además, en esa época estábamos copados con Napster y bajábamos cosas de ahí. Nos gustan los discos, los simples con lados B, las rarezas, nos copamos con ese juego. Tratando de imitar a artistas que nos gustan llegamos a esa figura. Fantaseamos con hacer un disco doble, o con versiones en vivo o experimentales. La idea del simple, que no es adelanto de un disco sino una canción que se lanza, está. Y también teníamos ese grupo de canciones, que eran pocas.

¿Les gusta el trabajo de estudio?

– SM: Ahora armamos un estudio en mi casa y nos copa. En un estudio posta es costoso. Cuando grabamos Violencia con [Eduardo] Bergallo, nos contaba que antes se alquilaban estudios por meses, y lo que hacemos nosotros ahora en el nuestro se hacía en el estudio final; eso cambió un montón. Por un lado, está la tecnología que te ayuda a poder armar algo en tu casa, y por otro supongo que la industria dejó de invertir un poco en eso. Se rompió la dinámica y cada banda toma su camino.

En algunas entrevistas planteaban el maxisencillo como un disco con su propia impronta, aunque en la línea de La dinastía Scorpio. Violencia suena más compacto y nítido.

– SM: Sí, son ideas que van surgiendo a medida que avanzamos. Cuando hicimos La dinastía…, el plan era tratar de tomar la esencia de la banda en vivo y plasmarla en un disco. Tal vez los discos anteriores suenen más chiquitos y después en vivo tienen otra potencia. Por eso la idea, cuando encaramos el disco, fue llegar a ese nivel de fuerza y potencia; y además fue grabado en vivo, tocando todos juntos. En Violencia ya no; preparamos todo antes, más laboratorio, desde las maquetas, pensando bien las partes.

“Cuando creamos un proyecto, sabemos que irá en contra de lo que impera”.

Rucho es su segundo tema instrumental después de Provincia de Buenos Aires. ¿Surgió en el estudio o alguno lo llevó armado?

– SM: Los dos son de Gusti [Niño Elefante].

– Chatrán Chatrán: Igual, en la grabación de Violencia colgamos mucho. Nos gusta improvisar, sobre todo lo hicimos los últimos años. Estuvimos escuchando Can, y después nos pusimos a copiarlos [risas]. Nos gustan mucho Neu!, Can, Amon Düül, Faust.

¿Qué impresión les dejaron las tres fechas en el Teatro Vorterix?

– SM: Estuvo buenísimo, salió bien. Hace unos años hicimos tres Nicetos, y bueno, estuvo bueno. Yo tenía miedo de que no fuera gente, fue una apuesta loca, pero estuvo muy bien.

¿Cuánto sienten la diferencia al tocar en distintos lugares, desde La Plata o Buenos Aires hasta Barcelona o Texas?

– Pantro Puto: En otros países notás la diferencia con el público argentino; cómo se comportan. Igualmente hay una línea en común, la gente está contenta, saltando. En España, por ejemplo, se arman pogos, y nos dicen que ahí es bastante raro.

– SM: Sí, es muy loco que te digan “Esto acá no suele pasar”. Obvio que La Plata sigue siendo un lugar especial, es nuestra ciudad; a mí, particularmente, me genera un nervio distinto. Últimamente un poco menos, pero siento que estoy tocando para mi vecino, una cosa así. Me pongo más nervioso. Está bueno ir a probar sonido y tardar tres minutos en caminar hasta el lugar.

¿Les parece que venir de la misma ciudad y la misma escena que 107 Faunos, Bestia Bebé y otras bandas les da una entidad compartida, más allá de las diferencias estrictamente musicales? 

– PP: Creo que la conexión que nos une, a todas esas bandas, en general de Laptra, es una manera de entender ciertas cosas; una mirada sobre el arte y sobre la vida en general, que es lo que nos hace más hermanos. Más allá de los estilos variados. Y no solo pasa con gente de la ciudad. Por ejemplo, a los chicos de Atrás hay Truenos, que son de Neuquén, los vimos y al toque hubo una conexión muy profunda, que va más allá del lugar geográfico y el estilo de música.

– SM: Y pasa también con bandas de otros países. Hay una empatía compartida. Un amor por la música, por ir directo al grano; cuestiones puntuales que se dan entre personas que viven en lugares lejanos. Las ganas de hacer música sin tanta carga externa, que todo sea más natural y más lindo, espontáneo, relajado.

“Ya el hecho de hacer una música por placer, sin estar pensando si va a gustar o si va a sonar en la radio, por fuera de todo lo externo, te relaja”.

En este sentido, ¿en qué medida se sienten influenciados por bandas como Pixies, Dinosaur Jr. o Sonic Youth?

– SM: Cuando uno encara un proyecto musical o artístico, en general, y va a hacer algo alternativo a lo que suele imperar en los medios, ya lo encara sabiendo que irá en contra de esas cosas. Uno se relaja sabiendo que va a hacer lo que le gusta y eso genera una respuesta que va más allá del alcance inmediato. Joya, es una buena aventura, y si no pasa, no. Ya el hecho de hacer una música por placer, sin estar pensando si va a gustar o si va a sonar en la radio, por fuera de todo lo externo, te relaja. Creo que esto tienen en común todas estas bandas, y entonces uno se enamora de ese clima. No viví la realidad interna de Pavement, pero lo que me llega de ellos es que fueron una banda que hacía lo que le gustaba. Música extraña, alternativa, dentro de un sello que compartía con otras bandas que hacían algo parecido. Sentís empatía porque trabajan desde un lugar relajado, como nosotros.
– Doctora Muerte: Algo más humilde, fuera de la pose, que además es evidente.

¿Y del rock de acá de quién aprendieron? Pensando desde Spinetta o Charly hasta Suárez o Peligrosos Gorriones.

– SM: Bueno, más allá de las empatías que ya dijimos, nos pasa que hay músicos que como personas no te generan una conexión directa, pero artísticamente hacen algo que te impacta y te llega. Yo admiro a varios artistas que no tienen nada que ver con lo que estábamos hablando, pero hacen canciones lindas y cosas que están buenas. A todos en la banda nos pasa eso.

– PP: Suárez, Peligrosos Gorriones, son bandas que íbamos a ver. El otro día fuimos a ver a Suárez en el Konex y estuvo buenísimo.

¿En qué etapa están los preparativos del nuevo LP?

– SM: Estamos preparando las canciones, experimentando con cosas que no hacíamos habitualmente, y hay varios caminos por donde encarar. Todavía falta definir algunos temas, pero está la idea de encararlo desde una cosa nueva, desde la manera de trabajar las canciones, y eso es divertido. Es divertido para nosotros; después, si gusta y llama la atención, mejor.

“Me gusta más cómo está mi voz ahora que antes. Está más prolija, más kraut, cuadrado, pero canción. Igual tenemos una máxima que es que nos gusta la voz derecha, sin rulos”.

¿Toman elementos o dinámicas de otras artes para hacer su música?

– SM: Sí. Del cine, la literatura, las artes plásticas. De todo tipo de artes; las series también. En las letras hay mucho de las artes visuales. Después, no te agarro un libro ni a palos [risas].

– PP: Por ejemplo, yo trato de trasladar el poder de síntesis de los haikus cuando toco. Buscar la mayor economía de recursos posibles, lo sintético y directo, sin tanta floritura. También la cosa más experimental de la literatura, cómo una cosa va mutando en otra, y en otra, hasta que en un momento no te acordás cómo llegaste hasta ahí.

En general Santiago lleva las letras con una melodía de base. ¿Cómo siguen hasta llegar al tema terminado?

– SM: Sí, yo llevo eso y ahí se labura entre todos.

¿Trabajás la voz de alguna manera en particular?

– SM: Trato de que esté bien. En el primer disco tenía la obsesión de que no quedara superprolija y pensábamos que había que ensuciarla un poco para llegar a ese lugar que nos gustaba. Trato de estar atento a los detalles, los mohines vocales, el tono. Me acuerdo grabaciones de Peligrosos Gorriones o de Bochatón, que tiene una voz relinda, que por momentos la entorpecía a propósito. Eso me parecía genial. Me gusta más cómo está mi voz ahora que antes. Está más prolija, más kraut, cuadrado, pero canción. Igual tenemos una máxima que es que nos gusta la voz derecha, sin rulos.

“Algunos las gritan, otros las cantan con los ojos cerrados, emocionados. Te das cuenta de que la lírica de la banda llega”.

El Mató encarna, para muchos, un nuevo tipo de rock suburbano, con la mezcla justa de cemento y pasto, fuego y ciudad. ¿Lo sienten de esta manera?

– DM: Tiene algo silvestre, una mezcla entre lo silvestre y lo urbano. Por ahí se da porque varios de nosotros vivimos por Barrio Jardín, Villa Elvira; la zona de atrás de La Plata.

– PP: Yo lo veo bastante: el barrio, los amigos, la familia, lo cotidiano.

Las letras crean y nombran una atmósfera de verano, pero también de apocalipsis. ¿Cuán conscientes son, a la hora de tocar, de las letras?

– PP: Lo vemos bastante en la gente. Algunos las gritan, otros las cantan con los ojos cerrados, emocionados. Te das cuenta de que la lírica de la banda llega.